Tercera y última prueba de los exámenes de habilitación de traductores e intérpretes jurados

Tras meses de inactividad en el blog, principalmente, por falta de tiempo, procedo a cerrar un tema que dejé abierto: las pruebas de habilitación para traductores e intérpretes jurados, convocatoria de 2015.

A estas alturas, toca comentar la tercera y última prueba de los exámenes: la prueba oral. Si os perdisteis las dos anteriores, podéis leer un resumen de la primera prueba, novedad de 2015 y que fue un test de conocimientos generales de lengua y jurídicos, y la segunda prueba, estrictamente de traducción.

La llamada prueba oral también ha sufrido algunos cambios respecto a convocatorias anteriores. Como bien indica el MAE en sus criterios de evaluación de dicho ejercicio, la prueba consiste en una interpretación consecutiva (NOVEDAD) y, si el tribunal lo considera oportuno, en un breve diálogo con el aspirante para verificar el dominio y la comprensión de las lenguas de partida y de llegada. Para romper el hielo, el tribunal empieza con algunas preguntas sobre la trayectoria académica y profesional del candidato.

Veamos algunas particularidades de esta prueba oral:

  • Es una prueba bidireccional y, por tanto, hay que interpretar tanto hacia la lengua materna como a la lengua extranjera.
  • El candidato debe interpretar a dos interlocutores.
  • Se pretende recrear una situación habitual en el día a día de un traductor e intérprete jurado, como puede ser el trabajo en los juzgados, notarías o tomas de declaración, entre otros.

Pues bien, en esta ocasión, me temo que no puedo narraros las pruebas en primera persona porque, como ya me esperaba, no pasé la segunda fase del proceso. Sin embargo, se dio la casualidad de que conocí a una de las candidatas que sí aprobó  y que ha tenido la amabilidad de explicarnos un poco qué tal fue para los de alemán.

Pilar Castillo comenta que la prueba se realizó individualmente ante un tribunal de seis personas aproximadamente. Al principio, el tribunal le planteó algunas preguntas generales en alemán y en español sobre su experiencia como traductora, estudios cursados, etc.

A continuación, pasaron a la prueba de interpretación consecutiva, donde se simuló el interrogatorio de una testigo alemana en un juicio en España. Según pudo comprobar Pilar, esta prueba fue la misma para las otras tres candidatas en ese par de lenguas y destaca que las intervenciones eran más bien cortas.

Durante la interpretación, el candidato puede tomar notas, si bien el tribunal se las pide al final de la prueba. La duración total fue de unos 20 minutos.

Los resultados 

Una de las principales críticas de este proceso de selección entre la comunidad traductoril es la opacidad que impera toda la oposición, ya que los candidatos no tienen acceso a las correcciones realizadas por el tribunal y, en caso de suspender la prueba de traducción, no se indica en cuál de las tres traducciones te has quedado.

Aunque cada uno debe ser consciente de sus capacidades y sus límites, no cabe ninguna duda de que esta falta de información dificulta la preparación.

Aquellos que hayan seguido más o menos el proceso se habrán dado cuenta de que el número de candidatos iniciales y los aprobados finales es enormemente dispar. Fijaos en los candidatos que pasan a la segunda fase, que ocupan unas 7 páginas, y los que finalmente han aprobado, que si no me equivoco, son 18.

En otras entradas ya he abordado esta cuestión largo y tendido, así que no me repetiré. Sí puedo decir que, por primera vez, he conocido a una persona que ha aprobado por la vía de la oposición y he sido testigo de su profesionalidad como intérprete, así como de su excelente dominio del alemán y el español. Al menos, algo de coherencia hay en los resultados; no iban a ser todo malas noticias.

PD: Quiero agradecer a Pilar que se haya tomado la molestia de describirme el examen. Asimismo, si necesitáis a un TIJ de alemán <> español, ya tenéis un nombre a quien dirigiros.

PD 2: Si alguien más por estos lares pasó a la tercera prueba, independientemente del idioma, y quiere compartir más impresiones y opiniones, ¡serán más que bienvenidas!

Sobre impagos y por qué es mejor prevenir que curar

Para los autónomos sin gestor, enero es sinónimo de contabilidad. Principalmente, por la obligación de presentar los formularios correspondientes al último trimestre del ejercicio y los resúmenes anuales. Si contratamos a un gestor, nos libramos de algunos quebraderos de cabeza y, sobre todo, nos ahorramos horas de números y cálculos, pero eso no debería eximirnos de hacer balance de las prestaciones y clientes que han protagonizado el año.

Pues bien, en el marco de dicha retrospectiva contable, resulta que 2014 ha sido el primer año en que he tenido un impago. Cuidado, no es el primer año en que cuesta que algunos clientes paguen y tengo que insistir, sino que es la primera vez que doy un importe por perdido. Y eso me lleva a las preguntas: ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo puedo evitar casos semejantes en el futuro? ¿Hay alguna forma de recuperar el dinero? Cada pregunta tiene varias respuestas, para nada sencillas, pero vamos a intentarlo.

¿Cómo se llega a un impago?

La teoría del impago es muy sencilla. Tú realizas una prestación, envías tu factura al cliente y este no paga en el plazo previsto. Ante tal situación, lo normal es que nos pongamos en contacto con el cliente para «recordarle amablemente» que hay una factura pendiente. Si realmente ha sido un descuido (que no debería producirse, pero en fin, todos somos humanos), lo más seguro es que abone el importe rápidamente.

ContabilidadAhora bien, si no da señales de vida, presenta excusas o promete pagos dentro de tres meses, vamos por mal camino. Una empresa que quiebra o entra en concurso de acreedores, cambios de personal, falta de liquidez, facturas que se extravían por razones paranormales, incluso fallecimiento de la persona responsable (caso extremo, sí, pero me consta que ha ocurrido), o simplemente mucha cara dura, son solo algunas de las razones por las que podemos padecer un impago.

¿Cómo puedo evitar que se repita esta situación en el futuro?

Si bien es cierto que no existen fórmulas mágicas para asegurar el pago, para mí hay dos factores clave a la hora de evitar impagos: disponer de la orden de compra o documentos análogos y contrastar la fiabilidad de los clientes.

Si trabajamos para agencias, lo habitual es que junto con el encargo en cuestión, nos envíen la orden de compra o PO (Purchase Order). ¿Y qué es la PO? Básicamente, la confirmación del encargo donde se detallan las particularidades del mismo: tipo de prestación, idiomas, recuento, tarifa, importe total, fecha de entrega, materiales que se aportan, especificaciones de pago, entre otros, además de los datos del emisor y del receptor (agencia y traductor o intérprete).

Este documento es el contrato que celebramos y nos sirve de prueba para reclamar el pago. Sin embargo, la ley española establece que los contratos no tienen por qué ser por escrito y admite la forma oral. Es decir, que si una agencia nos llama para asignarnos un proyecto y accedemos, ya hemos perfeccionado el contrato. Pero claro, salvo que grabemos la llamada, lo cual no es fácil y puede atentar contra la privacidad de las personas, nos resultará mucho más complicado demostrar la existencia del contrato.

Por tanto, mi consejo es pedir siempre la orden de compra o un documento similar. Puede que los clientes directos no estén habituados a emitir POs, y menos para traductores, pero nada impide que se la enviemos nosotros mismos en un correo electrónico, o que le pidamos firmar y escanear el presupuesto. En su defecto, debemos asegurarnos de guardar los mensajes donde se especifica que la empresa nos asigna tal proyecto, por tal tarifa y con tales condiciones.

El segundo factor es la fiabilidad del cliente. Probablemente sea más fácil comprobar la de agencias porque disponemos de varios medios:

  • Hacer consultas en listas de correo electrónico, tanto del sector como de asociaciones profesionales. Para los de alemán, recomiendo encarecidamente la lista Zahlungspraxis.proz
  • Consultar el Blue Board de ProZ.com. Os guste o no el portal, hay que reconocer que este apartado, donde los profesionales ponen nota a los proveedores, es de gran utilidad. Aunque puede que no siempre concuerden los comentarios con nuestra experiencias con una agencia, nos puede servir de orientación.
  • Grupos específicos en Facebook y LinkedIn. En ambas plataformas hay grupos dedicados a denunciar la mala praxis de agencias y también se pueden pedir referencias. En Facebook existe el grupo Lista negra de agencias de traducción y en LinkedIn, Unacceptable Translation Rates Naming & Shaming Group. Probablemente haya más.
  • Hacer una búsqueda en Internet. Si no logramos encontrar a la agencia en cuestión por una de estas vías, puede que san Google nos eche una mano y encontremos a alguien que le dedique unas palabras en otros medios.

¿Y con los clientes directos? En este caso, de poco sirven las vías anteriores, pero no está todo perdido:

  • Pedir el pago o una fracción por anticipado. Especialmente recomendable con particulares. Entregarle una traducción a alguien que desconocemos completamente y esperar que nos pague significa confiar al 100 % en la buena fe de las personas. Probablemente la mayoría sean personas honestas, pero no tenemos garantías. Es lícito, pues, solicitar el pago por anticipado o al menos, parte del mismo como paga y señal. Aunque parezca extraño, muchos clientes lo entienden. Personalmente, pido el pago anticipado cuando colaboro por primera vez con un cliente directo nuevo y le explico por qué lo hago, y que en futuras colaboraciones no será necesario.
  • De nuevo, buscar referencias en Internet.
  • Desde hace relativamente poco, los particulares y autónomos pueden acceder a listas de morosos. Existen varias empresas que nos ofrecen este servicio en línea, pero como todo, tiene un coste. Además, los resultados no son inmediatos, sino que con frecuencia hay que enviar una consulta y luego esperar los resultados, y nos piden el N.I.F. de las empresas o personas físicas que deseemos buscar. En mi opinión, sería el último recurso en casos de extrema necesidad.

¿Cómo puedo recuperar mi dinero?

Hay dos vías de recuperar el dinero: por las buenas y por las malas. Mi consejo es intentarlo siempre por las buenas. ¿Cómo? Pues en el momento en que vemos que un cliente no paga, debemos recordárselo. Lo más habitual es enviarle un correo electrónico indicando que se ha sobrepasado el plazo de pago y pedirle que realice la transferencia pertinente. Si no funciona, el teléfono es otra vía bastante efectiva, sobre todo porque el cliente probablemente no se espere que le llamemos y le cojamos desprevenido. Sin embargo, la conversación por teléfono puede ser más incómoda que el correo. Aunque nunca lo he hecho, conozco a traductores que han llegado a personarse en la oficina del cliente para reclamar el pago. Seguramente esta sea la vía más incómoda, pero cada uno es libre de proceder como guste.

Si por correo electrónico o teléfono las perspectivas de cobro no mejoran, mi consejo: sacad a colación vuestro «abogado». Funciona en el 80 % de los casos, aunque no tengamos intención real de inmiscuir a abogado alguno:

Tono suave: «Si no podemos solucionar este desacuerdo en los próximos días, tendré que notificárselo a mi abogado y que se ponga en contacto con usted.»

Tono no tan suave: «Dado que parece no tener intención de proceder a pagar la cuantía que me debe por la vía pacífica, el próximo mensaje que recibirá será de mi abogado, probablemente en un tono menos cordial y con menos paciencia.»

Finalmente, si ninguna opción funciona, existen dos vías legales: el proceso monitorio europeo y el proceso de escasa cuantía, tanto a nivel europeo como nacional. Ventajas: nos permiten emitir un requerimiento de pago sin necesidad de abogado ni procurador, por lo que supone un ahorro importante de costes, PERO (y este pero es muy importante), en caso de oposición de la contraparte SÍ necesitaremos a ambos. También en el caso de que en el proceso de escasa cuantía, el importe sea superior a 6.000 €.

Y ahora la pregunta, después de este monólogo: ¿me he aplicado el cuento? Pues sí y no. Sí porque en realidad estuve a punto de padecer tres impagos en lugar de uno y con los otros dos, pude recuperar los importes (300 y 500 EUR aprox. en cada caso). Me costó unos cuantos correos, dos llamadas y una mención de abogados. Funcionó. En el tercer caso, fue un cliente que me llegó a través de un compañero, el importe total no alcanza los 100 EUR, y en vista del impago, y a pesar de haber facturado al cliente y no al compañero, este se ofreció a abonarme la factura, pero por la buena relación que hemos tenido hasta ahora, no me pareció adecuado. Tirarlo por la vía legal sinceramente, no merece la pena. ¿Rabia e impotencia? Pues claro, para qué voy a mentir. Pero al final los daños han sido mínimos y no voy a seguir trabajando para este cliente.

Como autónomos debemos ser libres de decir cuándo queremos trabajar gratuitamente y cuándo no, no es una decisión a discreción del cliente, y si no nos defendemos nosotros mismos, nadie va a hacerlo, así que hay que ser conscientes de las herramientas a nuestro alcance y saber utilizarlas con destreza para que se nos respete como profesionales. 

 

Sigue leyendo

Voluntariado con conocimiento de causa (Reseña de la mesa de redonda sobre traducción y voluntariado de APTIC)

El pasado 12 de diciembre APTIC organizó una mesa redonda para tratar los límites del voluntariado en el sector de la traducción. Aprovechando que ya tenía intención de abordar este tema, qué mejor momento que ahora con el debate fresco. Pues bien, con motivo de los festejos prenavideños, APTIC invitó a Attila Piróth y Christian Olalla para que nos arrojasen un poco de luz a la cuestión del voluntariado en la traducción, que carece totalmente de regulación y que en ocasiones puede llevarnos a terrenos pantanosos. Si bien en ningún momento se puso en entredicho la excelente y necesaria labor que puede suponer la realización de traducciones altruistas en situaciones de emergencias humanitarias, por ejemplo, los ponentes nos apelaron a escarbar un poco antes de comprometernos a colaborar con una u otra organización de forma no remunerada, o por lo menos, a saber más sobre los proyectos en los que participamos.

A punto de comenzar la mesa redonda en la sede de APTIC

A punto de comenzar la mesa redonda en la sede de APTIC

Más concretamente, su exposición giró en torno a la organización Translators without Borders, aunque también se habló de Wikipedia, The Rosetta Foundation o de la subtitulación de discursos TED. Para aquellos que no conozcáis TwB, se trata de una organización creada en 1993 por los fundadores de una agencia de traducción francesa, Lexcelera, con el objetivo de prestar traducciones a ONGs que trabajen en el ámbito de la salud, la nutrición y la educación. Según afirman en su página web, traducen alrededor de 2 millones de palabras al año. Hasta aquí, todo estupendo.

Sin embargo, el punto álgido de la tarde fue cuando se nos presentó el Consejo de Administración y el Consejo Consultivo de TwB. Como podéis ver en este enlace, en dichos organismos encontramos a representantes de multinacionales como Microsoft, LinkedIn, Google y Paypal, el portal para traductores ProZ y grandes agencias de traducción como Mondragon Lingua, Elanex (número 2 a nivel mundial) y Lionbridge (que todos conocemos por su destacado rol en la privatización de los servicios de traducción e interpretación judiciales en Reino Unido), entre otros.

Tal y como afirman los propios fundadores, TwB es una entidad sin ánimo de lucro que colabora con otras entidades sin ánimo de lucro. Pero si nos fijamos en el cuadro directivo, resulta chocante, por una parte, que solo haya una organización sin ánimo de lucro y, por otra, que solo haya una traductora en activo. Los demás miembros son ajenos al mundo de la traducción o viven del trabajo de los traductores. Y algunos dirán, muy bien, pero si con mis traducciones estoy ayudando a aquellos que lo necesitan, ¿qué más me da quién ocupe los puestos de los órganos directivos?

Pues en realidad sí debería importarnos porque el trabajo que realizamos como traductores voluntarios se puede convertir en activos empresariales, y en eso, las empresas son grandes maestras. Es decir, las traducciones generadas por voluntarios no desaparecen cuando llegan a su receptor directo a corto plazo, sino que son susceptibles de almacenamiento, reproducción e incluso transferencia a aplicaciones comerciales de las que los miembros representados en los organismos de control puedan sacar provecho. Lo sé, es muy frívolo, pero entonces ¿cómo se puede justificar el interés de estas grandes corporaciones en un grupo de traductores voluntarios?

Dado que el trabajo voluntario suele ser muy gratificante para el prestador, es fácil que nos comprometamos a colaborar con una causa sin antes hacer una breve reflexión (cosecha propia):

  • Tipo de traducciones solicitadas: una cosa es traducir textos con una finalidad humanitaria directa, por ejemplo, un folleto informativo para prevenir las enfermedades contraídas por beber agua en malas condiciones. Otra muy distinta es tener que traducir correspondencia interna de una organización, contratos laborales de los miembros, etc.
  • Perfil de la organización: pocos van a poner en duda que trabajar gratuitamente para ONGs no sea una labor loable. ¿Pero y si traducimos para grandes multinacionales, no cabría esperar una remuneración? Para mí, es totalmente inaceptable que grandes empresas como Facebook, Twitter o LinkedIn, para las cuales la correcta comunicación en distintos idiomas es fundamental (¿os imagináis no poder utilizar Facebook en vuestro idioma?) hayan nutrido su base de traducciones con trabajo voluntario, cuando disponen de los medios para remunerarlo debidamente.
  • Finalidad del proyecto y de la entidad: personalmente, no colaboraría gratuitamente con una organización con ánimo de lucro ni con un proyecto cuya finalidad es obtener algún tipo de beneficio comercial o económico. La razón: si tú esperas lucrarte, ¿por qué no puedo esperar yo lo mismo haciendo mi trabajo?
  • Ética del proyecto: nadie pone en duda que una organización que trabaja para prevenir la propagación de enfermedades, como el ébola que tanto conocemos ahora, o mejorar las técnicas de cultivo de una región, no sean fines ensalzables. ¿Pero qué os parecería tener que traducir la propaganda de un dictador africano como Mugabe? ¿Y  traducir un texto con un tono claramente antisionista? (Ejemplos reales aportados por Attila).
  • Existencia de presupuesto: esta es una cuestión peliaguda. Se tiende a pensar que las ONGs y otros receptores de servicios voluntarios no tienen presupuesto. Si bien es cierto que raramente van a ir sobrados de recursos económicos, también lo es que en ocasiones, la traducción es una partida que simple y llanamente no se ha previsto. Es decir, ¿por qué voy a pagar por las traducciones si encuentro a profesionales que lo hacen gratuitamente? En mi opinión, hay que conocer bien la entidad para asegurarse de que realmente no hay medios para abonar este servicio. De lo contrario, estaremos perjudicando a nuestros propios compañeros y estaremos minando el valor de la profesión.
  • Necesidad de un traductor profesional: este punto está muy vinculado al primero. Algunas organizaciones piden traducciones remuneradas y traducciones no remuneradas, ateniéndose a la finalidad de los textos. Como decía, no es lo mismo traducir documentos con el fin de divulgar conocimientos básicos sobre salud, por ejemplo, que los manuales de formación para los trabajadores en plantilla que tiene la ONG, contratos laborales o de compraventa de materiales, unos documentos que requieren una formación más especializada. ¿No sería mejor confiar esta labor a un traductor profesional formado en la materia que reciba una remuneración adecuada por ello?

Está claro que este tema puede despertar grandes sensibilidades. Ojo: en ningún caso digo (ni se dijo) que el trabajo voluntario no sea encomiable ni necesario. No obstante, en algunos casos los proyectos de cooperación se nos pueden presentar más disfrazados de lo que podríamos creer a priori. La línea entre lo altruista y lo comercial es a veces difícil de distinguir, sobre todo porque tendemos a fiarnos de la buena voluntad de estas organizaciones y sus representantes. Para que tengáis algunos ejemplos de buenas prácticas y prácticas más dudosas en este sector, podéis consultar algunos proyectos de TwB. También os recomiendo encarecidamente leer los comentarios de la página, donde participa la propia fundadora de la organización.

Ya para concluir, me gustaría dejaros some food for thought que nos aportó Attila y que merece la pena tener en cuenta:

«Demonetization leads to deprofessionalization» (Attila dixit)

«Each dollar saved in translation is a dollar that can be spent on humanitarian projects»

(Argumento de algunas organizaciones sin ánimo de lucro para justificar la ausencia de remuneración y que apela claramente a la sensibilidad)

También os invito a leer el resumen de tweets de la mesa redonda, con la etiqueta #APTIC_LIMTS.

Creo que la mayoría de nosotros ha colaborado en proyectos altruistas en mayor o menor medida aportando lo que mejor sabemos hacer: traducir y/o interpretar (por cierto, dedicaré otra entrada más adelante sobre el voluntariado en interpretación, que merece una reflexión propia). Ahora bien, es preciso que sepamos con quién colaboramos y para qué fin. Cada uno es libre de hacer lo que crea pertinente y de colaborar con cierta entidad por afinidad de intereses, pero para mí, la cuestión primordial es actuar con conocimiento de causa en pos de la salud y el reconocimiento de la profesión.

De la traducción también se vive, y no necesariamente mal

Para «inagurar» el blog propiamente dicho, me gustaría aportar mi granito de arena con una entrada de tono positivo y esperanzadora. Como algunos de vosotros ya sabéis, hace dos años que imparto clases en la universidad. Dado que mis alumnos son de último curso, me gusta saber qué opciones barajan para el futuro inminente que les aguarda y, sobre todo, si consideran la traducción y la interpretación como una salida profesional factible.

Y aquí recibo una de cal y otra de arena: si bien la mayoría admiten que el Grado en Traducción e Interpretación les abre muchas puertas, (muy) pocos quieren dedicarse realmente a la profesión, aunque reconocen que es una salida «más» a su disposición.

Una de las razones por la que los alumnos no ven muy viable vivir de la traducción es porque empezaron a estudiar en plena crisis, una palabra que se les ha repetido hasta la saciedad y que han acabado por adoptar como mantra. Sin embargo, la traducción es uno de los sectores que quizás haya sabido sortear mejor la omnipresente crisis. No voy a entrar en particularidades, sino que considerándolo grosso modo como sector, el volumen de trabajo ha aumentado, tal y como confirmó el informe de Common Sense Advisory, un think tank de la industria de la traducción. Según este informe, en 2012 el tamaño aproximado de la industria abarcaba unos 33.500 millones de dólares y se espera que en 2018 esta cifra aumente hasta los 37.000 millones de dólares. Paralelamente, la Oficina de Estadística de Estados Unidos ha previsto un crecimiento del 42 % para el sector entre 2010 y 2020. Cabe mencionar también el informe Adecco, que sitúa los estudios de Traducción e Interpretación entre las 3 carreras de Humanidades con mayor demanda.

¿Cómo puede ser que una actividad crezca en tiempos de penuria económica? Pues no debería sorprendernos porque, entre otros factores:

1) Las empresas, que son el principal motor de la traducción en el mercado privado, han apostado más por la exportación, con toda la retahíla de documentos que eso conlleva: catálogos y descripciones de productos, páginas web, manuales de instrucciones, contratos de compraventa, publicidad, patentes, y un largo etcétera.

2) Se crean más contenidos. Cuántos más agentes hay en el mercado, mayor es la interacción y en un mundo marcado por la globalización, esto es sinónimo de traducción.

3) La malnombrada «movilidad laboral» también ha generado un volumen importante de traducciones, tanto de ámbito personal (expedientes académicos, certificados personales) como mercantil (contratos de trabajo y de arrendamiento, por ejemplo).

4) Parece haber una mayor concienciación entre empresas y profesionales para traducir páginas web y demás material corporativo por lo menos al inglés, incluso cuando no tengan una intención directa de atraer público extranjero, pero que consideran que les da una imagen más sólida y fiable.

5) Las traducciones automáticas todavía distan mucho del trabajo humano.

Así pues, a pesar de los recortes, la recesión y el pesimismo del mercado, parece ser que la traducción, a fin de cuentas, no goza de tan mala salud. Prueba de ello es que hay un gran número de traductores e intérpretes, tanto en plantilla como autónomos, que vivimos de nuestra profesión incluso en un país altamente azotado por la crisis.

Pero ojo, esto no significa salir de la carrera y encontrar trabajo a tutiplén. Si bien es cierto que algunos tardan poco en colocarse en empresas de traducción, dar el paso hacia el autoempleo puede ser un proceso más lento, que trataré en otra entrada más adelante. Con un poco de paciencia y buen hacer, hacerse un hueco en el mercado no es imposible. Además, es una profesión que roza el arte y que no solo te permite vivir haciendo algo que te gusta, sino también vivir bastante dignamente. Tampoco nos engañemos: aparte de los propietarios de Trados y algunas grandes agencias de traducción, diría que hay pocos traductores millonarios, pero me imagino que nadie se mete en Traducción para acabar en Forbes.

¿Y la interpretación?

En este caso, por mi propia experiencia y lo que he podido saber a través de otros compañeros, el sector sí se ha visto más afectado y ha sufrido una caída importante. Es probable que una de las razones principales sean los honorarios de interpretación, que para quien no esté familiarizado pueden resultar elevados, por lo que muchas empresas y organismos públicos han decidido prescindir de este servicio y «arreglárselas» con personal propio o, directamente, optar por una lingua franca, que suele ser el inglés.

Sobre las consecuencias de esta situación, hablaremos otro día. De momento, mi percepción es que para los que entramos en el mercado privado en los últimos años está siendo más difícil encontrar un nicho, así que la gran mayoría tenemos que compaginar la interpretación en la medida de lo posible con la traducción. Encontrar proyectos de interpretación en unas condiciones dignas puede llegar a desesperar, pero existen. De nuevo, hay que ser paciente y no dejarse llevar ni por la frustración, ni por el primer caramelo que se nos presente, sino saber elegir y elegir bien.

 Así pues, vistas las previsiones dedicarse a la traducción y, con más paciencia, a la interpretación puede que no sea tan mala idea en los tiempos que corren. ¡Larga vida a la profesión!

El porqué de otro blog sobre traducción, interpretación y quebraderos de cabeza de la profesión

«Dear MSE Interpret, at XYZ we really liked your blog on interpretation. Congratulations on the hard work!»

Así empezaba el sospechoso mensaje que cierta asociación de intérpretes de una parte muy lejana del mundo me enviaba por Twitter hace algunas semanas. Lo primero que hice cuando lo leí fue reírme con ganas, dado que hasta ahora carecía totalmente de blog dedicado a la profesión. Lo segundo fue seguir leyendo:

«Why don’t we share each other’s contents and reach more people?»

¡Ajá! Así que era un falso trueque de intereses. Sin embargo, pensé que merecía la pena compartir el suceso en la misma red en la que se había producido, hecho que desencadenó que algunos compañeros de profesión y afectados por la inminente llegada del fin de semana (era viernes y se conoce que tenían más ganas de juerga que de engrosar memorias de traducción) le siguieran la corriente a los autores del mensaje y empezaran a dar voces de mi supuesto blog. La broma acabó apaciblemente y llegó el fin de semana.

Esta anécdota, aparte de para echarme unas risas, me sirvió para repensarme algo que llevo mucho tiempo meditando: ¿Y si abro un blog? Pero una vocecita, acuciada por múltiples opiniones que pululan por la red, me llevaba a las preguntas siguientes: ¿No hay muchos blogs ya que tratan la traducción y la interpretación? ¿Quién puede estar interesado en lo que yo pueda contar habiendo ahí afuera tantos compañeros con más experiencia y mejor saber hacer? ¿Tendré tiempo para darle cierta continuidad?

Pues bien, dado que la red (todavía) es libre y cada uno puede decir la suya, siempre dentro del respeto y las buenas maneras, no veo por qué no abrir un blog nuevo. Al fin y al cabo, la variedad enriquece y la experiencia de cada uno es única. En segundo lugar, con este blog no pretendo dar consejos a nadie ni sentar cátedra, sino simplemente compartir pensamientos, ideas, experiencias y aventuras fruto de mi profesión. Si, además, alguien disfruta leyéndolo, le sirve de ayuda o se abre un debate, mejor todavía. Lo que no puedo garantizar es el tiempo, pero esto paradójicamente nos los dirá el tiempo.

Por último, debo confesar la verdadera razón del nacimiento de este blog. Como a muchos traductores/intérpretes y todo aquel cuya labor esté relacionada con la/s lengua/s, la escritura siempre ha formado una parte importante de mi vida y lo cierto es que la he abandonado un poco últimamente. La echo de menos. Y ahora me diréis, pero a ver, ¡si tu trabajo consiste básicamente en las palabras! Bueno, sí, es cierto. Escribo y hablo mucho, pero siempre son palabras de otros.Mute your mike

Ha llegado el momento de silenciar el micrófono y dejar de transmitir mensajes ajenos.

Mute the mike and speak up!