Voluntariados en interpretación – La delgada línea entre cooperar y trabajar gratis

A principios de mes tuve la oportunidad de participar en una charla con los alumnos del Máster en interpretación de conferencias de la Universidad de Leipzig sobre los primeros pasos en el mundo de la interpretación. Una de las cuestiones más abordadas fueron los voluntariados como medio para ganar experiencia profesional.

Vaya por delante que en esta entrada me basaré en opiniones y experiencias personales, a diferencia de la entrada sobre el voluntariado en traducción, que partió de una charla sobre el tema con expertos en el sector. También me abstendré de dar nombres concretos de organizaciones, pues este artículo no pretende apuntar a nadie con el dedo, sino más bien concienciar.

Cuando uno sale del máster en interpretación o en su defecto, de la carrera, y quiere iniciarse en el «mundillo», los voluntariados son una forma interesante de empezar a acumular horas de vuelo. Los voluntariados tienen muchos aspectos positivos aparte de la práctica: conoces a otros intérpretes -muchos de ellos, en una situación parecida a la tuya-, entras en contacto con el mundo «real» de la interpretación frente a lo que has visto durante los estudios, puedes ampliar conocimientos sobre temas que te interesen, puede que conozcas a ponentes con quienes mantienes cierta afinidad ideológica, contribuyes a una causa noble en muchos casos y, a veces, incluso te permite viajar con los gastos cubiertos (otra cuestión que se merecería una entrada propia).

Ahora bien, ¿dónde está la línea que separa el voluntariado del trabajo profesional gratis?

Por norma general, las instituciones que suelen pedir intérpretes voluntarios son ONGs o movimientos y organizaciones sociales sin ánimo de lucro de distinta Voluntariadoíndole. El sentido del voluntariado es, a mi parecer, doble: en primer lugar, este tipo de entidad no suele disponer de grandes recursos y, por tanto, se entiende que no puede ofrecer la remuneración habitual de los intérpretes. A cambio, suelen estar dispuestos a sacrificar parte de la calidad y a cubrir los gastos de alojamiento y desplazamiento si es necesario. Al menos, este es el argumento que suelen aducir. Permitidme un matiz: no todos los intérpretes voluntarios son noveles, ni las prestaciones de los noveles son necesariamente de peor calidad. Por otra parte, se entiende que los fines y objetivos de estas entidades revisten en la sociedad y aportar la interpretación es otra forma de contribuir a una causa.

El problema surge cuando se disfrazan de voluntariado interpretaciones que deberían ser remuneradas. Para explicarlo, qué mejor que un ejemplo real, vivido en primera persona:

Una ONG de tipo sanitario con presencia internacional contacta con una intérprete recién salida del máster para cubrir 15 jornadas de interpretación. La ONG entiende que es mucho tiempo y, por tanto, ya cuenta con varios intérpretes que trabajarán en función de su disponibilidad. Como la intérprete no tiene nada más que hacer y le interesa ganar experiencia, accede. La ONG da por supuesto que es un voluntariado no remunerado porque al ser ONG, no tienen fondos y además, son seminarios de formación con una finalidad claramente educativa. A la intérprete le parece que la ONG realiza una labor muy loable y se convence de que con la interpretación aportará su granito de arena para un mundo mejor.

El día I (de interpretación), la intérprete se encuentra con el siguiente panorama: el voluntariado es, realidad, un curso de formación interna para personal en plantilla de la ONG. Es decir, que todos están en nómina. Además, el 99 % son expatriados y proceden de literalmente todo el mundo, desde Suráfrica, pasando por Nicaragua, hasta Las Filipinas. Durante su estancia de dos semanas, la ONG les ha abonado el coste del billete de avión, manutención diaria y alojamiento en apartamentos. La formación NO es voluntaria, sino que forma parte de su trabajo.

Los formadores -que también vienen del extranjero- cobran por ello. Y todavía hay más: junto con intérpretes formados, hay otros miembros de la ONG que hacen de intérpretes «por probar» o «porque es divertido». Llegados a este punto, la intérprete empieza a cabrearse y se siente engañada. La intérprete busca algo de cifras en Internet y descubre que la ONG obtuvo unos ingresos superiores a los 100.000.000 euros el año anterior.

Es decir, no estamos hablando de una asociación de barrio que lucha por la escolarización de los niños en situación de desigualdad en el vecindario. Estamos hablando de una ONG que maneja millones de euros y que se aprovecha de la buena voluntad de recién graduados para evitarse la contratación de un servicio profesional para fines empresariales, como es la formación interna de personal, pero al mismo tiempo remunera a formadores y costea viajes intercontinentales. Además, tampoco valora este servicio, ya que permite que cualquiera se ponga a interpretar.

Para mí, este es un caso claro de encargo profesional encubierto.
Os pongo otro ejemplo, también real, a ver qué os parece:

Una entidad cultural sin ánimo de lucro organiza un evento con algunos participantes internacionales y necesitan interpretación. Contactan con la intérprete (esta vez, menos novel) y le explican la situación. Son conscientes de que la interpretación es un servicio profesional y, por tanto, han previsto una partida para el alquiler del material de sonido y la interpretación (vamos por el buen camino). Le indican que la organización del evento es voluntaria, que a los invitados extranjeros se les ha costeado el vuelo en líneas de bajo coste y que se alojan en casas de los propios organizadores (eso ya va siendo un voluntariado de verdad). Insisten en que para ellos la interpretación es fundamental porque es clave para el evento y por tanto, los pocos fondos que les han quedado tras el alquiler (reducido) del local y demás, los dedicarán a la interpretación. Finalmente, los honorarios pactados son un poco inferiores a la tarifa habitual de mercado, pero aun así, decentes. El proyecto, de tipo social, le parece interesante a la intérprete, así que decide colaborar.

El día de la interpretación, la intérprete constata que todo lo que han explicado desde la organización es cierto, habla con ponentes y asistentes, y desde la organización la tratan estupendamente y le agradecen de veras su labor. Nada que ver con el caso anterior.

De ahí me permito sacar algunas conclusiones que quizás ayuden a dirimir si es conveniente que nos ofrezcamos como voluntarios o no:

– Bajo ningún concepto debe entenderse como «voluntario» el trabajo prestado a empresas con ánimo de lucro.

– Aunque sean entidades sin ánimo de lucro, siempre es conveniente conocer si hay patrocinadores detrás y la situación financiera de la entidad.

– Un voluntariado no tiene por qué ser siempre gratuito, ya que existen fórmulas intermedias. En tanto que estas estén justificadas, claro.

– Si los intérpretes son los únicos que no cobran por su trabajo en el evento, es que algo huele mal.

«Voluntariado» no debe ser sinónimo de «trabajar gratis». Sé que estamos en tiempos difíciles, donde el volumen de interpretaciones ha bajado respecto a tiempos mejores e iniciarse en el mercado no es fácil, pero no por ello tenemos que vernos obligados a regalar nuestro trabajo cuando no lo justifica la situación (o cuando no nos da la gana).

Y ya para acabar: con todo lo dicho, no quisiera desanimar a nadie ni pintar el voluntariado como una práctica obscura, sino concienciar un poco más acerca de los límites de la buena fe. El voluntariado puede ser muy gratificante, sobre todo si el ambiente de trabajo es agradable y si nos identificamos con la causa. Es más, gracias a voluntariados he conocido a otros intérpretes con quienes he trabajado más adelante, tanto en traducción como en interpretación. Nos pueden ayudar a forjar una red de contactos y, por qué no, también de amistades. Siempre que lo hagamos con conocimiento de causa.

Más sobre el tema en la próxima entrada.

Voluntariado con conocimiento de causa (Reseña de la mesa de redonda sobre traducción y voluntariado de APTIC)

El pasado 12 de diciembre APTIC organizó una mesa redonda para tratar los límites del voluntariado en el sector de la traducción. Aprovechando que ya tenía intención de abordar este tema, qué mejor momento que ahora con el debate fresco. Pues bien, con motivo de los festejos prenavideños, APTIC invitó a Attila Piróth y Christian Olalla para que nos arrojasen un poco de luz a la cuestión del voluntariado en la traducción, que carece totalmente de regulación y que en ocasiones puede llevarnos a terrenos pantanosos. Si bien en ningún momento se puso en entredicho la excelente y necesaria labor que puede suponer la realización de traducciones altruistas en situaciones de emergencias humanitarias, por ejemplo, los ponentes nos apelaron a escarbar un poco antes de comprometernos a colaborar con una u otra organización de forma no remunerada, o por lo menos, a saber más sobre los proyectos en los que participamos.

A punto de comenzar la mesa redonda en la sede de APTIC

A punto de comenzar la mesa redonda en la sede de APTIC

Más concretamente, su exposición giró en torno a la organización Translators without Borders, aunque también se habló de Wikipedia, The Rosetta Foundation o de la subtitulación de discursos TED. Para aquellos que no conozcáis TwB, se trata de una organización creada en 1993 por los fundadores de una agencia de traducción francesa, Lexcelera, con el objetivo de prestar traducciones a ONGs que trabajen en el ámbito de la salud, la nutrición y la educación. Según afirman en su página web, traducen alrededor de 2 millones de palabras al año. Hasta aquí, todo estupendo.

Sin embargo, el punto álgido de la tarde fue cuando se nos presentó el Consejo de Administración y el Consejo Consultivo de TwB. Como podéis ver en este enlace, en dichos organismos encontramos a representantes de multinacionales como Microsoft, LinkedIn, Google y Paypal, el portal para traductores ProZ y grandes agencias de traducción como Mondragon Lingua, Elanex (número 2 a nivel mundial) y Lionbridge (que todos conocemos por su destacado rol en la privatización de los servicios de traducción e interpretación judiciales en Reino Unido), entre otros.

Tal y como afirman los propios fundadores, TwB es una entidad sin ánimo de lucro que colabora con otras entidades sin ánimo de lucro. Pero si nos fijamos en el cuadro directivo, resulta chocante, por una parte, que solo haya una organización sin ánimo de lucro y, por otra, que solo haya una traductora en activo. Los demás miembros son ajenos al mundo de la traducción o viven del trabajo de los traductores. Y algunos dirán, muy bien, pero si con mis traducciones estoy ayudando a aquellos que lo necesitan, ¿qué más me da quién ocupe los puestos de los órganos directivos?

Pues en realidad sí debería importarnos porque el trabajo que realizamos como traductores voluntarios se puede convertir en activos empresariales, y en eso, las empresas son grandes maestras. Es decir, las traducciones generadas por voluntarios no desaparecen cuando llegan a su receptor directo a corto plazo, sino que son susceptibles de almacenamiento, reproducción e incluso transferencia a aplicaciones comerciales de las que los miembros representados en los organismos de control puedan sacar provecho. Lo sé, es muy frívolo, pero entonces ¿cómo se puede justificar el interés de estas grandes corporaciones en un grupo de traductores voluntarios?

Dado que el trabajo voluntario suele ser muy gratificante para el prestador, es fácil que nos comprometamos a colaborar con una causa sin antes hacer una breve reflexión (cosecha propia):

  • Tipo de traducciones solicitadas: una cosa es traducir textos con una finalidad humanitaria directa, por ejemplo, un folleto informativo para prevenir las enfermedades contraídas por beber agua en malas condiciones. Otra muy distinta es tener que traducir correspondencia interna de una organización, contratos laborales de los miembros, etc.
  • Perfil de la organización: pocos van a poner en duda que trabajar gratuitamente para ONGs no sea una labor loable. ¿Pero y si traducimos para grandes multinacionales, no cabría esperar una remuneración? Para mí, es totalmente inaceptable que grandes empresas como Facebook, Twitter o LinkedIn, para las cuales la correcta comunicación en distintos idiomas es fundamental (¿os imagináis no poder utilizar Facebook en vuestro idioma?) hayan nutrido su base de traducciones con trabajo voluntario, cuando disponen de los medios para remunerarlo debidamente.
  • Finalidad del proyecto y de la entidad: personalmente, no colaboraría gratuitamente con una organización con ánimo de lucro ni con un proyecto cuya finalidad es obtener algún tipo de beneficio comercial o económico. La razón: si tú esperas lucrarte, ¿por qué no puedo esperar yo lo mismo haciendo mi trabajo?
  • Ética del proyecto: nadie pone en duda que una organización que trabaja para prevenir la propagación de enfermedades, como el ébola que tanto conocemos ahora, o mejorar las técnicas de cultivo de una región, no sean fines ensalzables. ¿Pero qué os parecería tener que traducir la propaganda de un dictador africano como Mugabe? ¿Y  traducir un texto con un tono claramente antisionista? (Ejemplos reales aportados por Attila).
  • Existencia de presupuesto: esta es una cuestión peliaguda. Se tiende a pensar que las ONGs y otros receptores de servicios voluntarios no tienen presupuesto. Si bien es cierto que raramente van a ir sobrados de recursos económicos, también lo es que en ocasiones, la traducción es una partida que simple y llanamente no se ha previsto. Es decir, ¿por qué voy a pagar por las traducciones si encuentro a profesionales que lo hacen gratuitamente? En mi opinión, hay que conocer bien la entidad para asegurarse de que realmente no hay medios para abonar este servicio. De lo contrario, estaremos perjudicando a nuestros propios compañeros y estaremos minando el valor de la profesión.
  • Necesidad de un traductor profesional: este punto está muy vinculado al primero. Algunas organizaciones piden traducciones remuneradas y traducciones no remuneradas, ateniéndose a la finalidad de los textos. Como decía, no es lo mismo traducir documentos con el fin de divulgar conocimientos básicos sobre salud, por ejemplo, que los manuales de formación para los trabajadores en plantilla que tiene la ONG, contratos laborales o de compraventa de materiales, unos documentos que requieren una formación más especializada. ¿No sería mejor confiar esta labor a un traductor profesional formado en la materia que reciba una remuneración adecuada por ello?

Está claro que este tema puede despertar grandes sensibilidades. Ojo: en ningún caso digo (ni se dijo) que el trabajo voluntario no sea encomiable ni necesario. No obstante, en algunos casos los proyectos de cooperación se nos pueden presentar más disfrazados de lo que podríamos creer a priori. La línea entre lo altruista y lo comercial es a veces difícil de distinguir, sobre todo porque tendemos a fiarnos de la buena voluntad de estas organizaciones y sus representantes. Para que tengáis algunos ejemplos de buenas prácticas y prácticas más dudosas en este sector, podéis consultar algunos proyectos de TwB. También os recomiendo encarecidamente leer los comentarios de la página, donde participa la propia fundadora de la organización.

Ya para concluir, me gustaría dejaros some food for thought que nos aportó Attila y que merece la pena tener en cuenta:

«Demonetization leads to deprofessionalization» (Attila dixit)

«Each dollar saved in translation is a dollar that can be spent on humanitarian projects»

(Argumento de algunas organizaciones sin ánimo de lucro para justificar la ausencia de remuneración y que apela claramente a la sensibilidad)

También os invito a leer el resumen de tweets de la mesa redonda, con la etiqueta #APTIC_LIMTS.

Creo que la mayoría de nosotros ha colaborado en proyectos altruistas en mayor o menor medida aportando lo que mejor sabemos hacer: traducir y/o interpretar (por cierto, dedicaré otra entrada más adelante sobre el voluntariado en interpretación, que merece una reflexión propia). Ahora bien, es preciso que sepamos con quién colaboramos y para qué fin. Cada uno es libre de hacer lo que crea pertinente y de colaborar con cierta entidad por afinidad de intereses, pero para mí, la cuestión primordial es actuar con conocimiento de causa en pos de la salud y el reconocimiento de la profesión.