Verano de formación continua para intérpretes

El verano se acerca, con todo lo que conlleva: calor, mosquitos, paellas en la playa, excursiones a la montaña y, para los más suertudos, aeropuertos y destinos exóticos. Pero no lo olvidemos: también es la temporada baja de interpretación.

Aún así, ¿quién dijo vacaciones? Los intérpretes (y los traductores) debemos seguir formándonos y qué mejor que aprovechar el verano para ello. Formarse en temporada baja significa menos riesgo de «perder» clientes y si nos lo podemos permitir, ¿por qué no aunar la formación con un viaje?

A continuación, he elaborado una lista no exhaustiva de algunas opciones que me parecen interesantes para intérpretes. Sin embargo, si conocéis otros cursos que queráis recomendar, podéis dejar un comentario y los iré añadiendo.

Inglés

La Universidad Heriot Watt es un referente en la interpretación de conferencias y ofrece varios cursos para intérpretes profesionales y futuros intérpretes. Para mí, el más provechoso es el curso de práctica intensiva de abril (para el año que viene) pero en agosto tiene lugar el curso Applied English and Interpreting.

Otra oferta interesante son los cursos de corta duración de la London Metropolitan University, entre los cuales encontraréis Advanced Conference Interpreting for EU/UN Accreditation Test (aunque no es de verano), Diploma en Public Service Interpreting, Introduction to Conference Interpreting o Introduction to Diplomatic Interpreting.

Para practicar el retour, AIIC organiza varios seminarios de corta duración para los intérpretes que trabajen con inglés como lengua B.

Aunque no esté estrictamente relacionado con la interpretación como disciplina, el Summer Course in English Phonetics de la UCL de Londres es muy prometedor. Está en mi to-do-list.

Alemán

Si sois de alemán, es probable que conozcáis la entrañable facultad de Germersheim. En realidad, la facultad pertenece a la Johannes Gutenberg-Universität Mainz, aunque se encuentra a más de 100 km de dicha ciudad. Germersheim es un pueblo de 20.000 habitantes, que parecerá mucho, pero no lo es. Hay poco que ver, es un pueblo extremadamente tranquilo y en verano los universitarios no están.

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PERO: los cursos son muy completos y se genera un ambiente muy agradable. Además, no solo ofrecen cursos de verano, sino que la formación en línea tiene lugar durante todo el año, con precios muy razonables. Aquí tenéis el calendario.

La oferta de interpretación en alemán es más bien escasa. Sin embargo, encontraréis una gran variedad de cursos de distinta índole para profundizar en economía, lenguaje jurídico, relaciones internacionales, aprendizaje del alemán y un largo etcétera en el Deutscher Akademischer Austauschdienst, con posibilidad de recibir becas.

Practicar interpretación con WISE

Lo admito: no he participado (todavía) en los seminarios WISE, pero conozco a un gran número de intérpretes que sí y solo me han llegado buenas críticas. Además, conociendo a  sus fundadores, Jose y Joe, no me cabe duda de que la organización de estos seminarios cuyo objetivo es practicar, practicar y practicar un poquito más, sea impecable. ¡Corre porque las plazas vuelan!

Seminarios de lengua y cultura para intérpretes

AIIC organiza una serie de cursos y seminarios sobre lengua y cultura para intérpretes de conferencias en distintos países e idiomas (español, alemán, francés, italiano…). Como veréis, los cursos tienen un precio importante, pero la formación debe considerarse siempre una inversión.

Conocimientos varios a distancia

Los intérpretes tenemos que saber un poco de todo, además de nuestras lenguas de trabajo. Para cursos de corta duración en línea, recomiendo Coursera o su homóloga española Miríada X. Estas plataformas ofrecen cursos creados por universidades de todo el mundo, en varios idiomas (aunque la mayoría son en inglés) y de las temáticas más variadas. Es decir, te puedes iniciar tanto en egiptología como en física cuántica.

Coursera empezó siendo una plataforma totalmente gratuita, si bien ahora hay que abonar una pequeña tasa para obtener el certificado de algunos cursos. Si optas por la versión gratuita, podrás hacer el curso, pero no recibirás el certificado.

En la línea de los cursos de corta duración, están los seminarios de verano de la UOC. Hay un apartado dedicado a la comunicación, pero hay otras temáticas interesantes, como la informática, los idiomas o el marketing.

Y, vosotros, ¿tenéis algún plan de verano para complementar vuestra formación?

*En esta entrada no he incluido iniciativas privadas organizadas por empresas sin el aval de una universidad, dado que no puedo valorar la calidad de la formación impartida.

Estudiar un Máster en Interpretación de Conferencias – ¿Es para mí?

La interpretación de conferencias no es la profesión más habitual del mundo. De ahí que si tus familiares y amigos te preguntan qué quieres hacer en el futuro y les respondes «interpretación», te recomienden el Instituto del Teatro. Si especificas que tu intención es apuntarte a un «Máster en interpretación de conferencias» es normal que no sepan muy bien qué decir, o que se limiten a un «Ah. Estupendo».

No hay que desesperar. La interpretación es una profesión desconocida por el público general, y sus estudios todavía más, a pesar del sacrificio que requieren. A mí también me asaltaron muchas dudas antes de decidirme, por lo que me puse en contacto con antiguos alumnos para que me orientaran un poco. Después, han sido alumnos potenciales quienes me han escrito para ver si mi experiencia en el máster les ayudaba a decantar la balanza, así que me pareció útil dedicar una entrada a resolver esas dudas pre-máster en interpretación.

Sin ánimo de excluir a nadie, creo que estudiar interpretación puede ser una opción si:

1. Estás dispuesto/a a sacrificar al menos 1 año de tu vida y consagrarlo a la interpretación. Hables con quien hables, todos te dirán (diremos) lo mismo: es un máster muy intenso. Piensa que no solo tendrás las horas lectivas, que suelen ocupar las mañanas y algunas tardes, sino que, además, se crean grupos de prácticas, hay mock-conferences... Resumen: te levantarás pensando en la interpretación y te acostarás pensando en ella. Es más, soñarás con la cabina o la toma de notas.

2. Tienes la posibilidad de desplazarte. De acuerdo, seguramente hay quien tenga un máster en interpretación a la vuelta de la esquina, pero es habitual que los alumnos se tengan que mudar de ciudad o de país, con todo lo que ello conlleva. Sin olvidar que este tipo de másters suelen ser títulos propios y cuestan un ojo de la cara. Aunque qué máster no cuesta un riñón hoy en día…

3. Dominas sin problemas al menos 2 lenguas extranjeras (o tienes un retour impecable). Para sacarte el título deberás aprobar por lo menos 2 combinaciones lingüísticas, ya sea A + C + C, ya sea A + B (es decir, con retour). Sin embargo, cuantas más lenguas domines, más opciones tendrás de aprobar.

4. Posees un excelente dominio de tu/s lengua/s materna/s. ¿Obvio, verdad? Pues no lo es tanto. Todo el mundo cree que habla muy bien su idioma porque, al fin y al cabo, ¡es nuestro idioma! Pero una cosa es hablar bien y, otra, convertir tu idioma en tu herramienta de trabajo principal. Prepárate para darte cuenta de que, quizás, tengas que darle un empujón.

5. Te sientes cómodo/a hablando en público (o, por lo menos, no te importa). ¡Pero cómo! ¿No voy a estar en cabina todo el rato? Para nada. Se dice que la consecutiva es la base de la simultánea, por lo que antes de entrar en cabina tendrás que enfrentarte a decenas de discursos con toma de notas, normalmente ante tus compañeros.

6. Te gusta escucharte. Por muy narcisista que suene, conozco a muy pocas personas que les guste escuchar su voz. No obstante, escucharse a uno mismo es fundamental para mejorar. Y, hoy en día, con las posibilidades que nos ofrecen los móviles, ¡no hay excusa!

7. Puedes aguantar las críticas (sobre todo constructivas, y alguna destructiva). No nos engañemos. La interpretación es un oficio hasta cierto punto subjetivo. Aunque existan parámetros, no se puede medir con reglas de tres. En clase, los profesores opinarán sobre tus prestaciones, normalmente delante de los demás. En los grupos de prácticas, serán tus propios compañeros. Los consejos que puedan darte intérpretes experimentados son muy valiosos y te ayudarán a mejorar. Tus compañeros te harán ver aspectos de los que tú quizás no eres consciente.

Algunas veces estarás de acuerdo con las críticas y otras, no, pero de poco sirven las pataletas. Asume tus limitaciones y canaliza las opiniones en estímulos para mejorar. Aunque, todo hay que decirlo, hay quien tiene menos gracia, delicadeza o acierto a la hora de opinar, así que prepárate siempre para aguantar el chaparrón con la mayor dignidad posible.

8. Sigues la actualidad. Para interpretar, es fundamental conocer la actualidad, no solo de tu país, sino de los países de tus lenguas extranjeras. Deberías conocer las principales figuras del Estado, los partidos políticos, situación económica, población, famosos, artistas, deportistas, controversias… Si estudias en Europa, empápate de la Unión Europea, sus organismos, cargos y políticas principales. Suelen ser materia de discursos.

9. Sabes trabajar bajo presión y aguantas el estrés. La interpretación es una actividad que puede llegar a causarte un gran estrés. Tienes que escuchar, entender, tomar notas, elaborar un discurso cohesionado, ayudar a tu compañero en cabina, no perder las cifras… Y, todo ello, ¿en cuántos segundos? Al principio es normal desbordarse, pero poco a poco -y con mucha práctica- le irás cogiendo el tranquillo. Ahora bien, el estrés y la presión forman parte del día a día del estudiante, pero también del profesional. Hay que aprender a manejarlos y a no dejar que nos superen.

10. Tienes muy claro que quieres ser intérprete. ¿Una obviedad? Quizás. Pero aun así, hay alumnos que enfocan el máster como una alternativa profesional más, o que buscan hacer algo distinto. En mi opinión, no sé hasta qué punto compensa dedicar tantos esfuerzos a algo de lo que no estás seguro. Habrá casos y casos, pero empezar el máster sin saber muy bien dónde te metes ni si te va a gustar es lanzarse al precipicio y al primer revés, te desmotivarás, perderás el interés o irás a disgusto.

No quisiera desanimar a nadie con esta entrada, ¡todo lo contrario! Pero sí hay que ser consciente de que estos cursos requieren una cantidad ingente de trabajo que no se limita a las aulas ni las cabinas. Es más, cuando termines, deberás seguir trabajando en tus lenguas maternas y extranjeras, la toma de notas, etc. Porque la interpretación jamás se aprende por completo y el exceso de confianza es uno de los principales enemigos del intérprete.

Si quieres añadir algún elemento a la lista o compartir tu experiencia, ¡no dudes en dejar tu aportación!

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Pasarás muchas horas con equipos como este

 

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¡Pero con este todavía  más!

Tercera y última prueba de los exámenes de habilitación de traductores e intérpretes jurados

Tras meses de inactividad en el blog, principalmente, por falta de tiempo, procedo a cerrar un tema que dejé abierto: las pruebas de habilitación para traductores e intérpretes jurados, convocatoria de 2015.

A estas alturas, toca comentar la tercera y última prueba de los exámenes: la prueba oral. Si os perdisteis las dos anteriores, podéis leer un resumen de la primera prueba, novedad de 2015 y que fue un test de conocimientos generales de lengua y jurídicos, y la segunda prueba, estrictamente de traducción.

La llamada prueba oral también ha sufrido algunos cambios respecto a convocatorias anteriores. Como bien indica el MAE en sus criterios de evaluación de dicho ejercicio, la prueba consiste en una interpretación consecutiva (NOVEDAD) y, si el tribunal lo considera oportuno, en un breve diálogo con el aspirante para verificar el dominio y la comprensión de las lenguas de partida y de llegada. Para romper el hielo, el tribunal empieza con algunas preguntas sobre la trayectoria académica y profesional del candidato.

Veamos algunas particularidades de esta prueba oral:

  • Es una prueba bidireccional y, por tanto, hay que interpretar tanto hacia la lengua materna como a la lengua extranjera.
  • El candidato debe interpretar a dos interlocutores.
  • Se pretende recrear una situación habitual en el día a día de un traductor e intérprete jurado, como puede ser el trabajo en los juzgados, notarías o tomas de declaración, entre otros.

Pues bien, en esta ocasión, me temo que no puedo narraros las pruebas en primera persona porque, como ya me esperaba, no pasé la segunda fase del proceso. Sin embargo, se dio la casualidad de que conocí a una de las candidatas que sí aprobó  y que ha tenido la amabilidad de explicarnos un poco qué tal fue para los de alemán.

Pilar Castillo comenta que la prueba se realizó individualmente ante un tribunal de seis personas aproximadamente. Al principio, el tribunal le planteó algunas preguntas generales en alemán y en español sobre su experiencia como traductora, estudios cursados, etc.

A continuación, pasaron a la prueba de interpretación consecutiva, donde se simuló el interrogatorio de una testigo alemana en un juicio en España. Según pudo comprobar Pilar, esta prueba fue la misma para las otras tres candidatas en ese par de lenguas y destaca que las intervenciones eran más bien cortas.

Durante la interpretación, el candidato puede tomar notas, si bien el tribunal se las pide al final de la prueba. La duración total fue de unos 20 minutos.

Los resultados 

Una de las principales críticas de este proceso de selección entre la comunidad traductoril es la opacidad que impera toda la oposición, ya que los candidatos no tienen acceso a las correcciones realizadas por el tribunal y, en caso de suspender la prueba de traducción, no se indica en cuál de las tres traducciones te has quedado.

Aunque cada uno debe ser consciente de sus capacidades y sus límites, no cabe ninguna duda de que esta falta de información dificulta la preparación.

Aquellos que hayan seguido más o menos el proceso se habrán dado cuenta de que el número de candidatos iniciales y los aprobados finales es enormemente dispar. Fijaos en los candidatos que pasan a la segunda fase, que ocupan unas 7 páginas, y los que finalmente han aprobado, que si no me equivoco, son 18.

En otras entradas ya he abordado esta cuestión largo y tendido, así que no me repetiré. Sí puedo decir que, por primera vez, he conocido a una persona que ha aprobado por la vía de la oposición y he sido testigo de su profesionalidad como intérprete, así como de su excelente dominio del alemán y el español. Al menos, algo de coherencia hay en los resultados; no iban a ser todo malas noticias.

PD: Quiero agradecer a Pilar que se haya tomado la molestia de describirme el examen. Asimismo, si necesitáis a un TIJ de alemán <> español, ya tenéis un nombre a quien dirigiros.

PD 2: Si alguien más por estos lares pasó a la tercera prueba, independientemente del idioma, y quiere compartir más impresiones y opiniones, ¡serán más que bienvenidas!

Voluntariados en interpretación – La delgada línea entre cooperar y trabajar gratis

A principios de mes tuve la oportunidad de participar en una charla con los alumnos del Máster en interpretación de conferencias de la Universidad de Leipzig sobre los primeros pasos en el mundo de la interpretación. Una de las cuestiones más abordadas fueron los voluntariados como medio para ganar experiencia profesional.

Vaya por delante que en esta entrada me basaré en opiniones y experiencias personales, a diferencia de la entrada sobre el voluntariado en traducción, que partió de una charla sobre el tema con expertos en el sector. También me abstendré de dar nombres concretos de organizaciones, pues este artículo no pretende apuntar a nadie con el dedo, sino más bien concienciar.

Cuando uno sale del máster en interpretación o en su defecto, de la carrera, y quiere iniciarse en el «mundillo», los voluntariados son una forma interesante de empezar a acumular horas de vuelo. Los voluntariados tienen muchos aspectos positivos aparte de la práctica: conoces a otros intérpretes -muchos de ellos, en una situación parecida a la tuya-, entras en contacto con el mundo «real» de la interpretación frente a lo que has visto durante los estudios, puedes ampliar conocimientos sobre temas que te interesen, puede que conozcas a ponentes con quienes mantienes cierta afinidad ideológica, contribuyes a una causa noble en muchos casos y, a veces, incluso te permite viajar con los gastos cubiertos (otra cuestión que se merecería una entrada propia).

Ahora bien, ¿dónde está la línea que separa el voluntariado del trabajo profesional gratis?

Por norma general, las instituciones que suelen pedir intérpretes voluntarios son ONGs o movimientos y organizaciones sociales sin ánimo de lucro de distinta Voluntariadoíndole. El sentido del voluntariado es, a mi parecer, doble: en primer lugar, este tipo de entidad no suele disponer de grandes recursos y, por tanto, se entiende que no puede ofrecer la remuneración habitual de los intérpretes. A cambio, suelen estar dispuestos a sacrificar parte de la calidad y a cubrir los gastos de alojamiento y desplazamiento si es necesario. Al menos, este es el argumento que suelen aducir. Permitidme un matiz: no todos los intérpretes voluntarios son noveles, ni las prestaciones de los noveles son necesariamente de peor calidad. Por otra parte, se entiende que los fines y objetivos de estas entidades revisten en la sociedad y aportar la interpretación es otra forma de contribuir a una causa.

El problema surge cuando se disfrazan de voluntariado interpretaciones que deberían ser remuneradas. Para explicarlo, qué mejor que un ejemplo real, vivido en primera persona:

Una ONG de tipo sanitario con presencia internacional contacta con una intérprete recién salida del máster para cubrir 15 jornadas de interpretación. La ONG entiende que es mucho tiempo y, por tanto, ya cuenta con varios intérpretes que trabajarán en función de su disponibilidad. Como la intérprete no tiene nada más que hacer y le interesa ganar experiencia, accede. La ONG da por supuesto que es un voluntariado no remunerado porque al ser ONG, no tienen fondos y además, son seminarios de formación con una finalidad claramente educativa. A la intérprete le parece que la ONG realiza una labor muy loable y se convence de que con la interpretación aportará su granito de arena para un mundo mejor.

El día I (de interpretación), la intérprete se encuentra con el siguiente panorama: el voluntariado es, realidad, un curso de formación interna para personal en plantilla de la ONG. Es decir, que todos están en nómina. Además, el 99 % son expatriados y proceden de literalmente todo el mundo, desde Suráfrica, pasando por Nicaragua, hasta Las Filipinas. Durante su estancia de dos semanas, la ONG les ha abonado el coste del billete de avión, manutención diaria y alojamiento en apartamentos. La formación NO es voluntaria, sino que forma parte de su trabajo.

Los formadores -que también vienen del extranjero- cobran por ello. Y todavía hay más: junto con intérpretes formados, hay otros miembros de la ONG que hacen de intérpretes «por probar» o «porque es divertido». Llegados a este punto, la intérprete empieza a cabrearse y se siente engañada. La intérprete busca algo de cifras en Internet y descubre que la ONG obtuvo unos ingresos superiores a los 100.000.000 euros el año anterior.

Es decir, no estamos hablando de una asociación de barrio que lucha por la escolarización de los niños en situación de desigualdad en el vecindario. Estamos hablando de una ONG que maneja millones de euros y que se aprovecha de la buena voluntad de recién graduados para evitarse la contratación de un servicio profesional para fines empresariales, como es la formación interna de personal, pero al mismo tiempo remunera a formadores y costea viajes intercontinentales. Además, tampoco valora este servicio, ya que permite que cualquiera se ponga a interpretar.

Para mí, este es un caso claro de encargo profesional encubierto.
Os pongo otro ejemplo, también real, a ver qué os parece:

Una entidad cultural sin ánimo de lucro organiza un evento con algunos participantes internacionales y necesitan interpretación. Contactan con la intérprete (esta vez, menos novel) y le explican la situación. Son conscientes de que la interpretación es un servicio profesional y, por tanto, han previsto una partida para el alquiler del material de sonido y la interpretación (vamos por el buen camino). Le indican que la organización del evento es voluntaria, que a los invitados extranjeros se les ha costeado el vuelo en líneas de bajo coste y que se alojan en casas de los propios organizadores (eso ya va siendo un voluntariado de verdad). Insisten en que para ellos la interpretación es fundamental porque es clave para el evento y por tanto, los pocos fondos que les han quedado tras el alquiler (reducido) del local y demás, los dedicarán a la interpretación. Finalmente, los honorarios pactados son un poco inferiores a la tarifa habitual de mercado, pero aun así, decentes. El proyecto, de tipo social, le parece interesante a la intérprete, así que decide colaborar.

El día de la interpretación, la intérprete constata que todo lo que han explicado desde la organización es cierto, habla con ponentes y asistentes, y desde la organización la tratan estupendamente y le agradecen de veras su labor. Nada que ver con el caso anterior.

De ahí me permito sacar algunas conclusiones que quizás ayuden a dirimir si es conveniente que nos ofrezcamos como voluntarios o no:

– Bajo ningún concepto debe entenderse como «voluntario» el trabajo prestado a empresas con ánimo de lucro.

– Aunque sean entidades sin ánimo de lucro, siempre es conveniente conocer si hay patrocinadores detrás y la situación financiera de la entidad.

– Un voluntariado no tiene por qué ser siempre gratuito, ya que existen fórmulas intermedias. En tanto que estas estén justificadas, claro.

– Si los intérpretes son los únicos que no cobran por su trabajo en el evento, es que algo huele mal.

«Voluntariado» no debe ser sinónimo de «trabajar gratis». Sé que estamos en tiempos difíciles, donde el volumen de interpretaciones ha bajado respecto a tiempos mejores e iniciarse en el mercado no es fácil, pero no por ello tenemos que vernos obligados a regalar nuestro trabajo cuando no lo justifica la situación (o cuando no nos da la gana).

Y ya para acabar: con todo lo dicho, no quisiera desanimar a nadie ni pintar el voluntariado como una práctica obscura, sino concienciar un poco más acerca de los límites de la buena fe. El voluntariado puede ser muy gratificante, sobre todo si el ambiente de trabajo es agradable y si nos identificamos con la causa. Es más, gracias a voluntariados he conocido a otros intérpretes con quienes he trabajado más adelante, tanto en traducción como en interpretación. Nos pueden ayudar a forjar una red de contactos y, por qué no, también de amistades. Siempre que lo hagamos con conocimiento de causa.

Más sobre el tema en la próxima entrada.

Sobre impagos y por qué es mejor prevenir que curar

Para los autónomos sin gestor, enero es sinónimo de contabilidad. Principalmente, por la obligación de presentar los formularios correspondientes al último trimestre del ejercicio y los resúmenes anuales. Si contratamos a un gestor, nos libramos de algunos quebraderos de cabeza y, sobre todo, nos ahorramos horas de números y cálculos, pero eso no debería eximirnos de hacer balance de las prestaciones y clientes que han protagonizado el año.

Pues bien, en el marco de dicha retrospectiva contable, resulta que 2014 ha sido el primer año en que he tenido un impago. Cuidado, no es el primer año en que cuesta que algunos clientes paguen y tengo que insistir, sino que es la primera vez que doy un importe por perdido. Y eso me lleva a las preguntas: ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo puedo evitar casos semejantes en el futuro? ¿Hay alguna forma de recuperar el dinero? Cada pregunta tiene varias respuestas, para nada sencillas, pero vamos a intentarlo.

¿Cómo se llega a un impago?

La teoría del impago es muy sencilla. Tú realizas una prestación, envías tu factura al cliente y este no paga en el plazo previsto. Ante tal situación, lo normal es que nos pongamos en contacto con el cliente para «recordarle amablemente» que hay una factura pendiente. Si realmente ha sido un descuido (que no debería producirse, pero en fin, todos somos humanos), lo más seguro es que abone el importe rápidamente.

ContabilidadAhora bien, si no da señales de vida, presenta excusas o promete pagos dentro de tres meses, vamos por mal camino. Una empresa que quiebra o entra en concurso de acreedores, cambios de personal, falta de liquidez, facturas que se extravían por razones paranormales, incluso fallecimiento de la persona responsable (caso extremo, sí, pero me consta que ha ocurrido), o simplemente mucha cara dura, son solo algunas de las razones por las que podemos padecer un impago.

¿Cómo puedo evitar que se repita esta situación en el futuro?

Si bien es cierto que no existen fórmulas mágicas para asegurar el pago, para mí hay dos factores clave a la hora de evitar impagos: disponer de la orden de compra o documentos análogos y contrastar la fiabilidad de los clientes.

Si trabajamos para agencias, lo habitual es que junto con el encargo en cuestión, nos envíen la orden de compra o PO (Purchase Order). ¿Y qué es la PO? Básicamente, la confirmación del encargo donde se detallan las particularidades del mismo: tipo de prestación, idiomas, recuento, tarifa, importe total, fecha de entrega, materiales que se aportan, especificaciones de pago, entre otros, además de los datos del emisor y del receptor (agencia y traductor o intérprete).

Este documento es el contrato que celebramos y nos sirve de prueba para reclamar el pago. Sin embargo, la ley española establece que los contratos no tienen por qué ser por escrito y admite la forma oral. Es decir, que si una agencia nos llama para asignarnos un proyecto y accedemos, ya hemos perfeccionado el contrato. Pero claro, salvo que grabemos la llamada, lo cual no es fácil y puede atentar contra la privacidad de las personas, nos resultará mucho más complicado demostrar la existencia del contrato.

Por tanto, mi consejo es pedir siempre la orden de compra o un documento similar. Puede que los clientes directos no estén habituados a emitir POs, y menos para traductores, pero nada impide que se la enviemos nosotros mismos en un correo electrónico, o que le pidamos firmar y escanear el presupuesto. En su defecto, debemos asegurarnos de guardar los mensajes donde se especifica que la empresa nos asigna tal proyecto, por tal tarifa y con tales condiciones.

El segundo factor es la fiabilidad del cliente. Probablemente sea más fácil comprobar la de agencias porque disponemos de varios medios:

  • Hacer consultas en listas de correo electrónico, tanto del sector como de asociaciones profesionales. Para los de alemán, recomiendo encarecidamente la lista Zahlungspraxis.proz
  • Consultar el Blue Board de ProZ.com. Os guste o no el portal, hay que reconocer que este apartado, donde los profesionales ponen nota a los proveedores, es de gran utilidad. Aunque puede que no siempre concuerden los comentarios con nuestra experiencias con una agencia, nos puede servir de orientación.
  • Grupos específicos en Facebook y LinkedIn. En ambas plataformas hay grupos dedicados a denunciar la mala praxis de agencias y también se pueden pedir referencias. En Facebook existe el grupo Lista negra de agencias de traducción y en LinkedIn, Unacceptable Translation Rates Naming & Shaming Group. Probablemente haya más.
  • Hacer una búsqueda en Internet. Si no logramos encontrar a la agencia en cuestión por una de estas vías, puede que san Google nos eche una mano y encontremos a alguien que le dedique unas palabras en otros medios.

¿Y con los clientes directos? En este caso, de poco sirven las vías anteriores, pero no está todo perdido:

  • Pedir el pago o una fracción por anticipado. Especialmente recomendable con particulares. Entregarle una traducción a alguien que desconocemos completamente y esperar que nos pague significa confiar al 100 % en la buena fe de las personas. Probablemente la mayoría sean personas honestas, pero no tenemos garantías. Es lícito, pues, solicitar el pago por anticipado o al menos, parte del mismo como paga y señal. Aunque parezca extraño, muchos clientes lo entienden. Personalmente, pido el pago anticipado cuando colaboro por primera vez con un cliente directo nuevo y le explico por qué lo hago, y que en futuras colaboraciones no será necesario.
  • De nuevo, buscar referencias en Internet.
  • Desde hace relativamente poco, los particulares y autónomos pueden acceder a listas de morosos. Existen varias empresas que nos ofrecen este servicio en línea, pero como todo, tiene un coste. Además, los resultados no son inmediatos, sino que con frecuencia hay que enviar una consulta y luego esperar los resultados, y nos piden el N.I.F. de las empresas o personas físicas que deseemos buscar. En mi opinión, sería el último recurso en casos de extrema necesidad.

¿Cómo puedo recuperar mi dinero?

Hay dos vías de recuperar el dinero: por las buenas y por las malas. Mi consejo es intentarlo siempre por las buenas. ¿Cómo? Pues en el momento en que vemos que un cliente no paga, debemos recordárselo. Lo más habitual es enviarle un correo electrónico indicando que se ha sobrepasado el plazo de pago y pedirle que realice la transferencia pertinente. Si no funciona, el teléfono es otra vía bastante efectiva, sobre todo porque el cliente probablemente no se espere que le llamemos y le cojamos desprevenido. Sin embargo, la conversación por teléfono puede ser más incómoda que el correo. Aunque nunca lo he hecho, conozco a traductores que han llegado a personarse en la oficina del cliente para reclamar el pago. Seguramente esta sea la vía más incómoda, pero cada uno es libre de proceder como guste.

Si por correo electrónico o teléfono las perspectivas de cobro no mejoran, mi consejo: sacad a colación vuestro «abogado». Funciona en el 80 % de los casos, aunque no tengamos intención real de inmiscuir a abogado alguno:

Tono suave: «Si no podemos solucionar este desacuerdo en los próximos días, tendré que notificárselo a mi abogado y que se ponga en contacto con usted.»

Tono no tan suave: «Dado que parece no tener intención de proceder a pagar la cuantía que me debe por la vía pacífica, el próximo mensaje que recibirá será de mi abogado, probablemente en un tono menos cordial y con menos paciencia.»

Finalmente, si ninguna opción funciona, existen dos vías legales: el proceso monitorio europeo y el proceso de escasa cuantía, tanto a nivel europeo como nacional. Ventajas: nos permiten emitir un requerimiento de pago sin necesidad de abogado ni procurador, por lo que supone un ahorro importante de costes, PERO (y este pero es muy importante), en caso de oposición de la contraparte SÍ necesitaremos a ambos. También en el caso de que en el proceso de escasa cuantía, el importe sea superior a 6.000 €.

Y ahora la pregunta, después de este monólogo: ¿me he aplicado el cuento? Pues sí y no. Sí porque en realidad estuve a punto de padecer tres impagos en lugar de uno y con los otros dos, pude recuperar los importes (300 y 500 EUR aprox. en cada caso). Me costó unos cuantos correos, dos llamadas y una mención de abogados. Funcionó. En el tercer caso, fue un cliente que me llegó a través de un compañero, el importe total no alcanza los 100 EUR, y en vista del impago, y a pesar de haber facturado al cliente y no al compañero, este se ofreció a abonarme la factura, pero por la buena relación que hemos tenido hasta ahora, no me pareció adecuado. Tirarlo por la vía legal sinceramente, no merece la pena. ¿Rabia e impotencia? Pues claro, para qué voy a mentir. Pero al final los daños han sido mínimos y no voy a seguir trabajando para este cliente.

Como autónomos debemos ser libres de decir cuándo queremos trabajar gratuitamente y cuándo no, no es una decisión a discreción del cliente, y si no nos defendemos nosotros mismos, nadie va a hacerlo, así que hay que ser conscientes de las herramientas a nuestro alcance y saber utilizarlas con destreza para que se nos respete como profesionales. 

 

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La tableta, un gran aliado del intérprete (o cómo adaptarse a los nuevos tiempos)

Por fin llega la primera entrada dedicada exclusivamente a la interpretación, y lo hace a raíz del webinario organizado por Asetrad que tuvo lugar el pasado 18 de diciembre a cargo de Aida González y Maya Busqué sobre herramientas para intérpretes tanto en cabina como fuera de ella. Por la extensión del tema, creo que es conveniente dedicarle dos entradas: en esta hablaré de las ventajas de las tabletas y netbooks frente a portátiles, mientras que en la próxima entraré más en detalle en las aplicaciones que pueden sernos de ayuda. Aviso: mezclaré tanto contenidos aportados en el webinario como ideas y opiniones de cosecha propia.

Si eres intérprete, es más que probable que en cabina te acompañe una tableta o un netbook. Y si no es así, quizás al final de esta entrada te apetezca pensártelo y sumarte al carro. Hasta ahora, los intérpretes con quienes he coincidido que trabajasen «a pelo» se pueden contar con los dedos de una mano, pero ello no significa que no existan, ni mucho menos que trabajen peor. Sin embargo, las tabletas o los netbooks pueden convertirse en grandes aliados en cabina, en consecutiva y en casa.

A grandes rasgos, nos pueden ayudar a:

1) Preparar y compartir glosarios antes de la interpretación (fundamental).

2) Buscar terminología durante la interpretación (por muy completo que sea tu glosario, SIEMPRE surge algo que no habías previsto).

3) Consultar dudas en Internet que puedan surgirnos mientras interpretamos (ídem anterior).

4) Soporte para la toma de notas en consecutiva (sí, sí, funciona y es más ecológico).

Claro que salvo la 4, en todas estas tareas puede ayudarnos un portátil convencional, pero las tabletas y netbooks tienen ciertas ventajas que cabe sopesar:

  • Pesan menos y son más fáciles de transportar. Doy fe de que transportar un portátil arriba y abajo puede dejarte el hombro o la espalda bastante doloridos. Además, si el portátil que llevas a tus encargos de interpretación es el mismo que utilizas para traducir y en el que tienes media vida laboral (si no toda), puede que acarrearlo para aquí y para allá no sea lo mejor. ¡Intérprete/traductor precavido vale por dos!

  • No hacen (tanto) ruido. Más concretamente, tabletas como el iPad no hacen nada de ruido, mientras que los netbooks pueden emitir algo más de sonido, pero en comparación con la mayoría de portátiles, resulta mucho más llevadero. Bueno, permitidme un matiz: los portátiles Mac son notablemente más insonoros que otros, incluso tras horas de trabajo y especialmente si no utilizamos aplicaciones de reproducción de vídeo. Una de las razones por las que no vuelvo a PC es precisamente porque el portátil apenas se calienta.

Debo decir que el ruido es una cuestión con la que algunos intérpretes son bastante puntillosos, y no en vano. Cuando  estamos interpretando, los niveles de estrés y concentración son tan elevados que cualquier influencia externa que pueda interferir en el proceso de escucha y prestación del discurso es susceptible de transformarse en un incordio importante. Por lo tanto, llevar una herramienta silenciosa no solo nos va a beneficiar a nosotros, sino que seguramente caeremos en mejor gracia a nuestro concabino. I’ve been there y trabajar con un portátil que parece que va a explotar puede ser muy, muy molesto.

  • Ocupan menos. En la mayoría de cabinas en el mercado privado, si hay algo que falta es el espacio. En una mesa que apenas llega a los dos palmos de ancho, el intérprete a veces se ve obligado a realizar combinaciones propias de un tetris para lograr que quepan la consola, el botellín (o botellines) de agua y el vaso correspondiente, la luz, los posibles materiales en papel tales como presentaciones Power Point, papel y boli para apuntar cifras o términos al compañero (bueno, no siempre es el caso pero a mí me gusta trabajar así), y los respectivos portátiles/tabletas/netbooks de cada intérprete. Cualquier centímetro de ahorro cuenta.

  • Podemos seguir utilizando el teclado. La ausencia de teclado no es un problema en los netbooks, pero sí en las tabletas. Si queremos escribir a una velocidad más o menos normal, es altamente recomendable procurarnos un teclado externo. Un gasto más, sí, pero es una inversión necesaria y de amortización rápida. Personalmente, puedo recomendar un teclado/funda de la marca Logitech como los que aparecen aquí, pero existen multitud de marcas que abarcan todos los rangos de precios.

  • La autonomíaAunque las baterías de (algunos) portátiles van mejorando con el tiempo, en mi opinión la autonomía que nos ofrecen sigue siendo demasiado limitada, sobre todo si tenemos en cuenta que muchos autónomos trabajan on the go, fuera del entorno de trabajo habitual. En estos casos, poder prescindir de la batería durante el máximo de tiempo posible siempre se agradece. Si lo trasladamos al ámbito cabinero este aspecto cobra todavía más relevancia ya que el espacio es limitado, no siempre hay enchufes o no en número suficiente ni en lugares accesibles, los cables tienden a molestar… En este aspecto, las tabletas y netbooks son más prácticos: pueden aguantar toda la jornada y nos ahorramos tener que acarrear con el cargador.

  • La pantalla de retina los iPadsDe acuerdo, esta ventaja concierne solamente a las tabletas y portátiles de una marca en concreto, pero me parece fundamental. Para los que nos pasamos horas ante una pantalla, trabajar con una pantalla de la máxima calidad debería ser indispensable y la pantalla de retina es, con creces, la mejor  que he probado hasta ahora. Me cansa mucho menos la vista y la definición es finísima. En cabina, donde muchas veces trabajamos con poca luz, se agradece tener una pantalla de calidad y que además autoregule la intensidad de iluminación para cansar al mínimo la vista. Probablemente sea una cuestión personal, pero antes de hacer el salto a Mac, tuve dos HP y al final del día solía aquejarme el dolor de cabeza. Desde que trabajo con estas pantallas en el iPad y el portátil, las jaquecas han desaparecido (lo sé, soy pro Mac, pero os aseguro que no me llevo comisión).

Comparación retina

En serio, es para pensárselo

Pero como todo lo bueno, las tabletas y netbooks también tienen un lado oscuro. Para mí, el principal defecto del iPad (y numerosas tabletas) es la ausencia de puerto USB. En su momento compré el adaptador USB para iPad, pero sinceramente, no me ha funcionado. Por lo tanto, si no conseguimos que los ponentes u organizadores nos pasen los materiales con antelación, ni saben que existen opciones estupendas para transferir archivos como WeTransfer o Google Drive, podemos encontrarnos con un lápiz USB repleto de materiales y no poder utilizarlo.

Otro inconveniente puede ser, en el caso de las tabletas, no poder disponer de varias pantallas abiertas, si no que si trabajamos por aplicaciones, nos tenemos que limitar a una (pero Aída nos dio la solución a este problemilla), o que las dimensiones de la pantalla son más reducidas en comparación con un portátil.

Así pues, hoy en día raras veces nos encontraremos con diccionarios en papel en cabina (nunca me ha pasado) o con aquellos míticos diccionarios electrónicos (si no sabéis de qué hablo, seguro que la imagen os refresca la memoria). Por variedad no será, porque hoy en día existen infinidad de herramientas, de todas formas, colores y precios, pero nuestra elección debe ser fundada porque al fin y al cabo estamos hablando de una herramienta de trabajo que nos va a facilitar la vida o a sacarnos de un apuro.

En la próxima entrada hablaré de aplicaciones concretas que pueden ayudarnos en cabina o en la toma de notas. Mientras tanto, os animo a compartir vuestra experiencia para saber qué herramientas utilizáis y qué ventajas e inconvenientes os gustaría destacar.

 

De la traducción también se vive, y no necesariamente mal

Para «inagurar» el blog propiamente dicho, me gustaría aportar mi granito de arena con una entrada de tono positivo y esperanzadora. Como algunos de vosotros ya sabéis, hace dos años que imparto clases en la universidad. Dado que mis alumnos son de último curso, me gusta saber qué opciones barajan para el futuro inminente que les aguarda y, sobre todo, si consideran la traducción y la interpretación como una salida profesional factible.

Y aquí recibo una de cal y otra de arena: si bien la mayoría admiten que el Grado en Traducción e Interpretación les abre muchas puertas, (muy) pocos quieren dedicarse realmente a la profesión, aunque reconocen que es una salida «más» a su disposición.

Una de las razones por la que los alumnos no ven muy viable vivir de la traducción es porque empezaron a estudiar en plena crisis, una palabra que se les ha repetido hasta la saciedad y que han acabado por adoptar como mantra. Sin embargo, la traducción es uno de los sectores que quizás haya sabido sortear mejor la omnipresente crisis. No voy a entrar en particularidades, sino que considerándolo grosso modo como sector, el volumen de trabajo ha aumentado, tal y como confirmó el informe de Common Sense Advisory, un think tank de la industria de la traducción. Según este informe, en 2012 el tamaño aproximado de la industria abarcaba unos 33.500 millones de dólares y se espera que en 2018 esta cifra aumente hasta los 37.000 millones de dólares. Paralelamente, la Oficina de Estadística de Estados Unidos ha previsto un crecimiento del 42 % para el sector entre 2010 y 2020. Cabe mencionar también el informe Adecco, que sitúa los estudios de Traducción e Interpretación entre las 3 carreras de Humanidades con mayor demanda.

¿Cómo puede ser que una actividad crezca en tiempos de penuria económica? Pues no debería sorprendernos porque, entre otros factores:

1) Las empresas, que son el principal motor de la traducción en el mercado privado, han apostado más por la exportación, con toda la retahíla de documentos que eso conlleva: catálogos y descripciones de productos, páginas web, manuales de instrucciones, contratos de compraventa, publicidad, patentes, y un largo etcétera.

2) Se crean más contenidos. Cuántos más agentes hay en el mercado, mayor es la interacción y en un mundo marcado por la globalización, esto es sinónimo de traducción.

3) La malnombrada «movilidad laboral» también ha generado un volumen importante de traducciones, tanto de ámbito personal (expedientes académicos, certificados personales) como mercantil (contratos de trabajo y de arrendamiento, por ejemplo).

4) Parece haber una mayor concienciación entre empresas y profesionales para traducir páginas web y demás material corporativo por lo menos al inglés, incluso cuando no tengan una intención directa de atraer público extranjero, pero que consideran que les da una imagen más sólida y fiable.

5) Las traducciones automáticas todavía distan mucho del trabajo humano.

Así pues, a pesar de los recortes, la recesión y el pesimismo del mercado, parece ser que la traducción, a fin de cuentas, no goza de tan mala salud. Prueba de ello es que hay un gran número de traductores e intérpretes, tanto en plantilla como autónomos, que vivimos de nuestra profesión incluso en un país altamente azotado por la crisis.

Pero ojo, esto no significa salir de la carrera y encontrar trabajo a tutiplén. Si bien es cierto que algunos tardan poco en colocarse en empresas de traducción, dar el paso hacia el autoempleo puede ser un proceso más lento, que trataré en otra entrada más adelante. Con un poco de paciencia y buen hacer, hacerse un hueco en el mercado no es imposible. Además, es una profesión que roza el arte y que no solo te permite vivir haciendo algo que te gusta, sino también vivir bastante dignamente. Tampoco nos engañemos: aparte de los propietarios de Trados y algunas grandes agencias de traducción, diría que hay pocos traductores millonarios, pero me imagino que nadie se mete en Traducción para acabar en Forbes.

¿Y la interpretación?

En este caso, por mi propia experiencia y lo que he podido saber a través de otros compañeros, el sector sí se ha visto más afectado y ha sufrido una caída importante. Es probable que una de las razones principales sean los honorarios de interpretación, que para quien no esté familiarizado pueden resultar elevados, por lo que muchas empresas y organismos públicos han decidido prescindir de este servicio y «arreglárselas» con personal propio o, directamente, optar por una lingua franca, que suele ser el inglés.

Sobre las consecuencias de esta situación, hablaremos otro día. De momento, mi percepción es que para los que entramos en el mercado privado en los últimos años está siendo más difícil encontrar un nicho, así que la gran mayoría tenemos que compaginar la interpretación en la medida de lo posible con la traducción. Encontrar proyectos de interpretación en unas condiciones dignas puede llegar a desesperar, pero existen. De nuevo, hay que ser paciente y no dejarse llevar ni por la frustración, ni por el primer caramelo que se nos presente, sino saber elegir y elegir bien.

 Así pues, vistas las previsiones dedicarse a la traducción y, con más paciencia, a la interpretación puede que no sea tan mala idea en los tiempos que corren. ¡Larga vida a la profesión!