Falsos mitos sobre tarifas

Hace unos días, una agencia para la que trabajo esporádicamente me mandó un proyecto de revisión. Me proponían 20 € porque en opinión del gestor, me llevaría una hora. Cuando abrí el documento, rápidamente vi que iba a tardar más de una hora y, por tanto, tuve que replantear la tarifa. En proyectos previos con esta agencia siempre había trabajado a razón de tarifa por palabra y no por hora. Así que tomé el recuento de palabras y lo multipliqué por la tarifa habitual de revisión. Resultado: más del doble del importe inicial. Se lo transmití al gestor y ¡sorpresa! aceptó sin rechistar.

Ante estos hechos que me dejaron un poco perpleja, decidí escribir sobre algunos falsos mitos que conciernen a las tarifas porque la perspectiva del autónomo dista mucho de la del gestor de proyectos, y la perspectiva del traductor/intérprete experimentado también se aleja, con frecuencia, del más novel. Además, parece que hablar de tarifas es un tema tabú y no sin razón si tenemos en cuenta las multas que algunas asociaciones profesionales han recibido por hacer públicas recomendaciones de tarifas. Así que en pos de la profesión, veamos algunos de estos falsos mitos y cómo podemos desmontarlos (todos ellos son casos tan reales como la vida misma):

1. Cuando una agencia nos dice que «para este proyecto, apenas tenemos margen»

Que las agencias de traducción e interpretación quieren obtener beneficios es obvio y lógico, ya que de lo contrario, serían entidades sin ánimo de lucro. ¿Y de dónde reciben sus ingresos? Pues del trabajo que realizan sus empleados en plantilla y de los márgenes procedentes del trabajo de autónomos. Cuando una agencia nos aduce que no puede pagarnos la tarifa que solicitamos porque «para este proyecto, no hay margen o es muy limitado», pueden darse dos situaciones: o bien la empresa no está haciendo las cosas bien y acepta traducciones que apenas le reportan beneficios, con lo cual habría que replantearse la estrategia empresarial, o no es verdad.

Prueba de ello son situaciones como la que abre la entrada. Las grandes agencias trabajan con márgenes que pueden llegar a ser más del doble de la tarifa del traductor/intérprete. No quisiera meter a todas las agencias en el mismo saco, pero los autónomos tenemos que ser conscientes de ello para defender aquellas tarifas que nos parezcan razonables.

2. «La tarifa ofrecida para este proyecto es XX (léase cualquier tarifa bastante inferior a la nuestra habitual) porque se trata de un gran volumen»

Ofrecer descuentos por cuestión de volumen es una práctica bastante generalizada entre el colectivo. Sobre si es adecuado o no, cada uno tendrá su opinión. Yo creo que podemos rebajar un poco el precio si el cliente nos garantiza cierta continuidad y asiduidad del trabajo y si nos promete volúmenes jugosos. Sin embargo, no caigamos en el error de cobrar tarifas de hasta un 50 % menos de nuestra tarifa habitual.

Parecerá obvio, pero a veces no lo es tanto: traducir más volumen no implica dedicarle menos tiempo a la traducción, sino cobrar menos al final. Ahora me podríais decir: «Ya, pero sin el descuento me quedo sin el proyecto y por tanto, no cobro nada, que es peor que menos». La clave está en encontrar la medida justa de la rebaja. Si traducir 30.000 palabras con descuento al final nos aporta los mismos ingresos que traducir varios proyectos que suman 15.000 palabras, ¿no estaré perdiendo un tiempo que podría dedicar a buscar otros clientes, formarme o disfrutar de la vida?

3. «Indícanos tu tarifa más económica»

En realidad esta afirmación no es un falso mito, sino en mi humilde opinión, una falta de respeto al traductor/intérprete. Traducido en lenguaje plano significa «Danos tu tarifa más barata para que nos podamos llevar el mayor margen posible», «Cóbranos poquito porque la calidad no nos importa» e incluso en algunos casos, «Te estamos pidiendo una traducción regalada».

Digo falta de respeto porque a mí jamás se me ocurriría ir a un dentista y pedirle «la ortodoncia lo más baratita posible» o ir a un abogado para que me cobre «unos honorarios que me convengan a mí, aunque para ti signifique perder el tiempo». Por lo tanto, cuando una agencia me contacta con estas palabras tengo dos opciones: o no responder si veo que no me conviene colaborar con ellos, o responder pero dejando claro, siempre con amabilidad, que mis tarifas son XX debido a mi perfil, formación específica, combinación y experiencia, y que si quieren colaborar conmigo, seguro que entenderán la necesidad de remunerar bien un trabajo profesional. Si quieren profesionalidad y calidad o no, ya es otra historia.

4. «Los traductores de esta combinación suelen cobrar menos que la tarifa que nos indicas. ¿No lo puedes ajustar?»

En realidad, esta perlita me la soltaron con aún mayor regocijo: «Frau Sarda (era una agencia alemana), sus colegas traductoras de España suelen cobrar hasta dos céntimos por debajo de su tarifa. ¿No podría cobrar lo mismo que ellas?». Así, tal cual. Pim pam. Pero ojo, aunque pareciera el presagio de una historia de terror, tuvo final feliz.

Tras dejar pasar un rato para que se me bajara la mala uva ante este comentario discriminatorio, respondí amablemente que mis tarifas son las que son y que si les interesaba trabajar conmigo porque necesitaban un colaborador de español especializado en jurídica (me habían contactado ellos y así lo habían expresado), eso es lo que había por mi parte. Mencioné también que no tengo influencia en las tarifas de otras traductoras de España y que ya que estábamos, me constaba que mis colegas alemanas cobran más que yo. Sea como fuere, agradecieron mi respuesta, aceptaron mi tarifa y ya llevamos tres felices colaboraciones. Chicas, hay que hacerse valer, sea cuál sea nuestro país.

5. «No apliques recargo/tarifa por especialización porque es un texto sencillito, de tipo general, solo es un PODER NOTARIAL»

En mi opinión, los textos generales son una minoría. A un abogado, acostumbrado a lidiar día tras día con documentos infumables, una «banalidad» como un poder notarial puede parecerle de lo más mundano y sencillo, pero a una persona ajena al gremio le parecería complicado. Cuando se da esta situación, no estamos ante un texto general y a veces es difícil hacérselo entender al cliente. Sustitúyase «poder notarial» por cualquier otro texto de medicina, ingeniería, informática, arte, etc.

6. «Si soy novato, tengo que cobrar menos».

Este lleva cola y se ha debatido larga y tendidamente en múltiples foros, encuentros profesionales, blogs, etc. En la actualidad no cobro lo mismo que cuando empecé, por una sencilla razón: tengo más formación, más experiencia y trabajo con textos más especializados, por lo que puedo aportar un valor añadido para el cliente. Pero entre aplicar tarifas moderadas y cobrar una miseria hay un trecho importante. Si no estamos seguros al principio de entregar una prestación de calidad, es mejor destinar parte de la remuneración a un revisor profesional, del que seguramente aprenderemos mucho.

Una vez se entra en el mercado de tarifas paupérrimas es muy difícil salir de él. Si empezamos cobrando tarifas propias de revisión para servicios de traducción, ¿cómo podremos dar el salto para que nos paguen una tarifa digna? Tampoco hay que olvidar que el boca-oreja es la mejor publicidad y si un cliente al que cobramos 0,03 €/palabra nos recomienda, el segundo cliente esperará la misma tarifa. Y es más: los compañeros traductores también son fuente de trabajo y si tú eres el primero que no respetas ni valoras tu trabajo, difícilmente te van a respetar como colega.

7. «Si a una agencia de traducción le cobro YY, es normal que a un cliente directo le aplique la misma tarifa».

Un planteamiento erróneo por adoptar la perspectiva equivocada. No cobramos más al cliente directo, sino MENOS a la agencia. La razón por cual las tarifas para agencias son más económicas es que estas realizan un trabajo que nosotros nos ahorramos y que es fundamental: captar clientes. Para llegar a los clientes, la agencia ha tenido que realizar una serie de inversiones económicas y temporales para consolidar su imagen y eso tiene un precio.

Ahora bien, cuando trabajamos para un cliente directo, nadie nos «regala» nada. Si el cliente acude a nosotros tras una búsqueda activa de clientes, no cabe duda de que hay que remunerar el tiempo y los esfuerzos invertidos (además del tiempo que tardemos en presupuestar el proyecto, negociar tarifas y plazos, etc.). Si le cobramos lo mismo que a la agencia, somos nosotros quienes «regalamos» el tiempo que nos ha costado que el cliente llegara a nosotros. Incluso si no lo buscamos activamente, lo más probable es que nos llamen porque alguien nos ha recomendado, porque han encontrado nuestro perfil en Internet y les hemos convencido… Y llegar ahí, lo creáis o no, también tiene un precio: haber realizado un buen trabajo para otros clientes que nos recomiendan, formación, abrir perfiles en línea, y un largo etcétera.

Por otra parte, si aplicamos tarifas más bajas que las propias de una agencia estamos perjudicando al mercado en general. Si un cliente pide varios presupuestos y todos andan en la misma línea, considerará que es el precio «normal» de mercado y decidirá en función de otros factores. En el momento en que se le ofrece una tarifa más baja con garantías de calidad, este cliente ya no estará dispuesto a pagar más por el servicio.

Sería imposible hacer una lista exhaustiva de todos los argumentos que agencias y profesionales pueden aducir para defender sus intereses y su prosperidad económica. Si tenéis alguna anécdota personal o se os ocurre algún otro falso mito que he obviado, ¡no dudéis en compartirlo!

 

Voluntariados en interpretación – La delgada línea entre cooperar y trabajar gratis

A principios de mes tuve la oportunidad de participar en una charla con los alumnos del Máster en interpretación de conferencias de la Universidad de Leipzig sobre los primeros pasos en el mundo de la interpretación. Una de las cuestiones más abordadas fueron los voluntariados como medio para ganar experiencia profesional.

Vaya por delante que en esta entrada me basaré en opiniones y experiencias personales, a diferencia de la entrada sobre el voluntariado en traducción, que partió de una charla sobre el tema con expertos en el sector. También me abstendré de dar nombres concretos de organizaciones, pues este artículo no pretende apuntar a nadie con el dedo, sino más bien concienciar.

Cuando uno sale del máster en interpretación o en su defecto, de la carrera, y quiere iniciarse en el «mundillo», los voluntariados son una forma interesante de empezar a acumular horas de vuelo. Los voluntariados tienen muchos aspectos positivos aparte de la práctica: conoces a otros intérpretes -muchos de ellos, en una situación parecida a la tuya-, entras en contacto con el mundo «real» de la interpretación frente a lo que has visto durante los estudios, puedes ampliar conocimientos sobre temas que te interesen, puede que conozcas a ponentes con quienes mantienes cierta afinidad ideológica, contribuyes a una causa noble en muchos casos y, a veces, incluso te permite viajar con los gastos cubiertos (otra cuestión que se merecería una entrada propia).

Ahora bien, ¿dónde está la línea que separa el voluntariado del trabajo profesional gratis?

Por norma general, las instituciones que suelen pedir intérpretes voluntarios son ONGs o movimientos y organizaciones sociales sin ánimo de lucro de distinta Voluntariadoíndole. El sentido del voluntariado es, a mi parecer, doble: en primer lugar, este tipo de entidad no suele disponer de grandes recursos y, por tanto, se entiende que no puede ofrecer la remuneración habitual de los intérpretes. A cambio, suelen estar dispuestos a sacrificar parte de la calidad y a cubrir los gastos de alojamiento y desplazamiento si es necesario. Al menos, este es el argumento que suelen aducir. Permitidme un matiz: no todos los intérpretes voluntarios son noveles, ni las prestaciones de los noveles son necesariamente de peor calidad. Por otra parte, se entiende que los fines y objetivos de estas entidades revisten en la sociedad y aportar la interpretación es otra forma de contribuir a una causa.

El problema surge cuando se disfrazan de voluntariado interpretaciones que deberían ser remuneradas. Para explicarlo, qué mejor que un ejemplo real, vivido en primera persona:

Una ONG de tipo sanitario con presencia internacional contacta con una intérprete recién salida del máster para cubrir 15 jornadas de interpretación. La ONG entiende que es mucho tiempo y, por tanto, ya cuenta con varios intérpretes que trabajarán en función de su disponibilidad. Como la intérprete no tiene nada más que hacer y le interesa ganar experiencia, accede. La ONG da por supuesto que es un voluntariado no remunerado porque al ser ONG, no tienen fondos y además, son seminarios de formación con una finalidad claramente educativa. A la intérprete le parece que la ONG realiza una labor muy loable y se convence de que con la interpretación aportará su granito de arena para un mundo mejor.

El día I (de interpretación), la intérprete se encuentra con el siguiente panorama: el voluntariado es, realidad, un curso de formación interna para personal en plantilla de la ONG. Es decir, que todos están en nómina. Además, el 99 % son expatriados y proceden de literalmente todo el mundo, desde Suráfrica, pasando por Nicaragua, hasta Las Filipinas. Durante su estancia de dos semanas, la ONG les ha abonado el coste del billete de avión, manutención diaria y alojamiento en apartamentos. La formación NO es voluntaria, sino que forma parte de su trabajo.

Los formadores -que también vienen del extranjero- cobran por ello. Y todavía hay más: junto con intérpretes formados, hay otros miembros de la ONG que hacen de intérpretes «por probar» o «porque es divertido». Llegados a este punto, la intérprete empieza a cabrearse y se siente engañada. La intérprete busca algo de cifras en Internet y descubre que la ONG obtuvo unos ingresos superiores a los 100.000.000 euros el año anterior.

Es decir, no estamos hablando de una asociación de barrio que lucha por la escolarización de los niños en situación de desigualdad en el vecindario. Estamos hablando de una ONG que maneja millones de euros y que se aprovecha de la buena voluntad de recién graduados para evitarse la contratación de un servicio profesional para fines empresariales, como es la formación interna de personal, pero al mismo tiempo remunera a formadores y costea viajes intercontinentales. Además, tampoco valora este servicio, ya que permite que cualquiera se ponga a interpretar.

Para mí, este es un caso claro de encargo profesional encubierto.
Os pongo otro ejemplo, también real, a ver qué os parece:

Una entidad cultural sin ánimo de lucro organiza un evento con algunos participantes internacionales y necesitan interpretación. Contactan con la intérprete (esta vez, menos novel) y le explican la situación. Son conscientes de que la interpretación es un servicio profesional y, por tanto, han previsto una partida para el alquiler del material de sonido y la interpretación (vamos por el buen camino). Le indican que la organización del evento es voluntaria, que a los invitados extranjeros se les ha costeado el vuelo en líneas de bajo coste y que se alojan en casas de los propios organizadores (eso ya va siendo un voluntariado de verdad). Insisten en que para ellos la interpretación es fundamental porque es clave para el evento y por tanto, los pocos fondos que les han quedado tras el alquiler (reducido) del local y demás, los dedicarán a la interpretación. Finalmente, los honorarios pactados son un poco inferiores a la tarifa habitual de mercado, pero aun así, decentes. El proyecto, de tipo social, le parece interesante a la intérprete, así que decide colaborar.

El día de la interpretación, la intérprete constata que todo lo que han explicado desde la organización es cierto, habla con ponentes y asistentes, y desde la organización la tratan estupendamente y le agradecen de veras su labor. Nada que ver con el caso anterior.

De ahí me permito sacar algunas conclusiones que quizás ayuden a dirimir si es conveniente que nos ofrezcamos como voluntarios o no:

– Bajo ningún concepto debe entenderse como «voluntario» el trabajo prestado a empresas con ánimo de lucro.

– Aunque sean entidades sin ánimo de lucro, siempre es conveniente conocer si hay patrocinadores detrás y la situación financiera de la entidad.

– Un voluntariado no tiene por qué ser siempre gratuito, ya que existen fórmulas intermedias. En tanto que estas estén justificadas, claro.

– Si los intérpretes son los únicos que no cobran por su trabajo en el evento, es que algo huele mal.

«Voluntariado» no debe ser sinónimo de «trabajar gratis». Sé que estamos en tiempos difíciles, donde el volumen de interpretaciones ha bajado respecto a tiempos mejores e iniciarse en el mercado no es fácil, pero no por ello tenemos que vernos obligados a regalar nuestro trabajo cuando no lo justifica la situación (o cuando no nos da la gana).

Y ya para acabar: con todo lo dicho, no quisiera desanimar a nadie ni pintar el voluntariado como una práctica obscura, sino concienciar un poco más acerca de los límites de la buena fe. El voluntariado puede ser muy gratificante, sobre todo si el ambiente de trabajo es agradable y si nos identificamos con la causa. Es más, gracias a voluntariados he conocido a otros intérpretes con quienes he trabajado más adelante, tanto en traducción como en interpretación. Nos pueden ayudar a forjar una red de contactos y, por qué no, también de amistades. Siempre que lo hagamos con conocimiento de causa.

Más sobre el tema en la próxima entrada.

Crónica de la primera prueba de los exámenes de habilitación de traductores e intérpretes jurados

El pasado 25 de abril tuvo lugar la primera prueba de los exámenes de habilitación de traductores e intérpretes jurados (en adelante, TIJ). Supongo que la mayoría sabréis a qué me refiero, pero si no fuera así, aquí podéis encontrar la convocatoria.

Se trata de una convocatoria muy esperada, ya que la última fue en 2010, pero también ha sido controvertida. Primero porque en contra de las expectativas de muchos, no se han convocado los dos idiomas que más candidatos agrupan en España -inglés y francés-, mientras que se han convocado otras lenguas tan exóticas como el latín. Sí, sí, habéis leído bien. Si se os daba bien el latín en el instituto, todavía estáis a tiempo de abriros una salida profesional nueva. En cualquier caso,  las lenguas llamadas a examen este año han sido: albanés, alemán, árabe, bielorruso, búlgaro, estonio, finés, griego, hebreo, húngaro, italiano, japonés, latín, neerlandés, persa, rumano, turco y ucraniano. El Ministerio de Asuntos Exteriores convoca aquellos idiomas para los que considera que hay déficit de TIJ.

El segundo punto controvertido fue que se ha cambiado el formato de las pruebas, de modo que se estructuran en 3 fases eliminatorias:

1. Prueba de conocimientos lingüísticos y jurídicos de tipo general.

2. Prueba de traducción: una traducción general directa (sin diccionario), una traducción general inversa (sin diccionario) y una traducción jurídica directa (con diccionario, eso sí, en formato papel).

3. Prueba oral de interpretación consecutiva y si el jurado lo estima conveniente, breve conversación para demostrar el dominio de la lengua extranjera.

Hablemos de la primera prueba, que tuvo lugar en un colegio en el centro de Madrid. La prueba tenía que empezar a las 11:00, pero como this is Spain, empezamos tarde. ¿Motivo del retraso? La organización. No había listas que indicaran a dónde tenía que dirigirse cada candidato, sino que nos tuvieron en vela hasta las once, aglomerados en el vestíbulo del colegio, hasta que bajaron dos funcionarios y empezaron a llamar a «todos aquellos con apellido de la A a la L». Hasta que se dieron cuenta de que se les acumulaba más gente de la que podían gestionar y tuvieron que reducir el número de candidatos llamados, entonces fuimos subiendo a la primera planta y nos distribuyeron en aulas. Superada esta primera fase, se nos repartieron las instrucciones para la prueba, nos dieron unas indicaciones generales y a las 11:20 empezaba el examen.

Vamos a lo importante: esta prueba consiste en 50 preguntas de tipo lingüístico y de conocimientos jurídicos. Para pasar a la siguiente fase es necesario responder bien a al menos 25 de estas preguntas.

Las respuestas se indican en una hoja específicamente prevista para tal fin, donde hay que marcar las respuestas que creamos oportunas pintando por completo el cuadradito pertinente y no marcando una X. Dado que uno puede equivocarse o marcar mal la casilla, puede ocurrir que la máquina que verifica las hojas no lea bien la respuesta. Para ello, se previeron 5 preguntas adicionales «de reserva» que también había que contestar.

Las 25 primeras preguntas fueron de tipo gramatical, morfosintáctico y ortográfico. Sinceramente, me llevé la impresión de que estaban pensadas para hacer una criba importante de candidatos cuya lengua materna no era el español. Veamos un par de ejemplos:

3. ¿Cuál de las siguientes frases es correcta?

a) El hombre el cual vino te dejó esta carta. b) El hombre que vino te dejó esta carta.
c) El hombre el cual vino, te dejó esta carta. d) El hombre quien vino, te dejó esta carta.

8. ¿Cuál de las siguientes frases es correcta?

a) El senador pidió el comparecimiento de otros testigos. b) El senador pidió la comparecencia de otros testigos. c) El senador pidió comparecer de otros testigos. d) El senador pidió comparecer otros testigos.

23. ¿Cuál de las siguientes frases es correcta?:

a) Espero que mi hermano viniera ayer. b) Espero que mi hermano vino ayer.
c) Espero que mi hermano ha venido ayer. d) Espero que mi hermano vendría ayer.

En cuanto a ortografía, preguntaban cuál era la grafía correcta de los habitantes de Huelva (onubenses), opción correcta entre banal/vanal, ni siquiera/nisiquiera, aun/aún, entre otros.

Las 25 siguientes estaban relacionadas con el ámbito jurídico. Algunas eran más complejas que otras, sobre todo si no se está acostumbrado a trabajar con terminología jurídica, pero en mi opinión era factible:

26. ¿Cuál de estas resoluciones no procede de un tribunal?

a) decreto-ley b) providencia c) auto d) sentencia

30. ¿Cuál es la expresión correcta en la organización judicial española?

a) Sala de lo Penal b) Sala de Cuestiones Penales  c) Sala de Materias Criminales d) Sala de Delitos y Faltas

41. Las siglas IRPF corresponden a:

a) impuesto sobre la renta de las personas físicasb) índice de rendimiento del patrimonio fiscal
c) incremento del rédito de las participaciones financieras d) impuesto de remuneración por primas financieras

En definitiva, creo que un nativo de español podía responder bien a al menos 15-20 preguntas de tipo lingüístico, por lo que le faltarían solo unas poquitas de tipo jurídico para llegar a las 25 correctas. En cambio, las pruebas me parecieron complicadas para aquellas personas cuya lengua no fuera el español y no estuvieran acostumbradas a trabajar en el ámbito jurídico. Aunque a decir verdad, no me parece muy lógico presentarse a las pruebas sin unos conocimientos de español amplios y sin haber tocado el ámbito jurídico antes.

Un último apunte: considerando que estamos en el s. XXI, no habría estado mal que la Administración ofreciera más puntos de realización de exámenes y el Gobierno no hubiera hecho alarde, una vez más, de su incansable centralismo. Incluso, en un mundo ya totalmente civilizado, esta prueba se habría podido hacer en centros de exámenes telemáticos, como hace la Unión Europea con muchas de sus oposiciones. Ya sé que es pedir mucho, pero lo dejo caer porque movilizaron a un número considerable de gente para un test que se podía completar en menos de una hora y algunos venían de lejos, con todos los costes que ello supone (sin olvidar que el MAE había anunciado en primera instancia que esta prueba sería en mayo, y no en abril, como acabó siendo; siempre facilitando que nos podamos organizar bien, claro está).

Si queréis saber cómo fue la prueba íntegra, la encontraréis aquí, y en este otro enlace podéis consultar las respuestas. Los resultados se publicarán, previsiblemente, a finales de mayo, pero del dicho al hecho hay un trecho, así que ya veremos. ¡Os mantendré informados!

En tiempos de bonanza, don’t get carried away!

Una de las razones por las que no he podido escribir en las últimas semanas ha sido una avalancha de trabajo (ojo, esto no es una queja, ¡bienvenido sea!). Ha vuelto a pasar: sin saber muy bien por qué, tras unos días de apacible tranquilidad -que no vagancia ni brazos cruzados- llegó tal cantidad de trabajo de repente que tuve que abandonar cualquier otra actividad y dedicarme casi exclusivamente al trabajo. Cuando crees que ya está y le das a Enviar para mandar la última traducción pendiente, se te actualiza la bandeja de entrada y ahí te esperan un par más de traducciones o interpretaciones rogando tu atención. Y volvemos a empezar.

¿Os resulta familiar? ¿Por qué se producen estos «subidones» de trabajo que no nos dejan ni respirar y que nos obligan incluso a derivar trabajo por falta de capacidad, mientras en otras épocas del año nos podemos permitir llevar una vida más contemplativa? El traductor/ilustrador MOX reflejaba a la perfección esta situación, también conocida como feast or famine. Literalmente, o me doy un festín o me muero de hambre:

Feast or famine

En los años que llevo en activo, he observado que el mercado de la traducción y la interpretación es estacional. Pensad que nuestros principales clientes son las empresas y que por tanto, estamos a merced de sus necesidades y trabajamos según sus ciclos. En interpretación puede que sea más patente porque el volumen de trabajo va de la mano de la temporada de congresos. Para explicarlo, vamos a tomar el año escolar como referencia:

 Septiembre Las empresas retoman su flujo de trabajo habitual tras el verano. Tardan un par de semanas en asentarse y por eso la primera quincena suele ser tranquila y se va animando a medida que avanza el mes.
 Octubre – noviembre Temporada alta de congresos, mucho volumen de traducciones.
 Diciembre Buena época para los traductores de finanzas, ya que las empresas internacionales tienen que traducir balances y cuentas anuales antes del cierre del año. Por lo demás, puede comenzar fuerte pero durante las vacaciones de Navidad el descenso de carga laboral es muy pronunciado. Buena época para tomarnos unos días de vacaciones.
Enero Parecido a septiembre, sobre todo en España donde la primera semana aún es festiva, aunque puede animarse la cosa rápidamente. En la mayoría de países europeos, se empieza a trabajar a partir del 2 o 3 de enero.
Febrero – junio Vuelve la temporada alta de congresos y también hay un gran volumen de proyectos de traducción. Hay que prepararse para jornadas intensas de trabajo.
 Julio – agosto Período de vacaciones = descenso importante del trabajo.

 

Este calendario dista mucho de ser una biblia ya que se basa en mi propia experiencia, pero los ciclos de trabajo varían en función de cada uno, del tipo de trabajo que hagamos y de los países de procedencia de nuestros clientes. Por ejemplo: en Alemania, muchas empresas cierran por vacaciones en julio, mientras que en España agosto es el mes vacacional por antonomasia.

Para no perder el positivismo, de ahora en adelante hablaré solo de las épocas de bonanza y cómo podemos gestionarlas, pues ya habrá momentos de famine (donde tendré mucho más tiempo para actualizar el blog):

En época de feast

tickOrganiza bien tus horarios para asegurarte el cumplimiento de los plazos de entrega.

tick Explica tu situación al cliente e intenta (re)negociar el plazo de entrega.

tickAcude a un compañero de confianza para que te ayude en algún proyecto si ves que no puedes con todo.

tick Si no puedes asumir un proyecto, recomienda a un compañero a tu cliente. De este modo, le estarás proporcionando una solución a tu cliente que valorará positivamente y, además, estarás dando trabajo a otro traductor/intérprete.

tick Si no puedes con todo, es buen momento para decidir qué clientes son una prioridad para ti y de qué clientes puedes prescindir en base a las condiciones que te ofrecen.

tickY para los clientes que te ofrecen unas condiciones menos ventajosas, ¿por qué no plantearles un ligero aumento de tarifas? El no ya lo tienes; ahora que tu capacidad es más limitada, hazte valer ante tus clientes. Si están contentos con tu trabajo, probablemente querrán seguir trabajando contigo y estarán más abiertos a negociación.

tickA más trabajo, mayores ingresos. Aprovecha para hacerte con un cojín de seguridad que te permita sobrellevar meses de famine, períodos de baja laboral o las vacaciones. Recuerda que como autónomo, si no trabajas, no cobras y por tanto, hay que estar preparado.

tick Plantéate reinvertir parte de tus ganancias en mejorar tus condiciones físicas de trabajo (doble pantalla, silla ergonómica, auriculares de interpretación…) y en herramientas de trabajo (diccionarios especializados, una tableta, licencias de herramientas TAO, disco duro para copias de seguridad, software adicional…).

 

imagesNo mermes la calidad de tu trabajo por querer ir más rápido y prescindas de búsquedas terminológicas, conceptuales o de tu propio idioma.

imagesNo te olvides de la revisión, ya que es un paso fundamental en el proceso de traducción y más aún si trabajas bajo presión.

imagesNo tengas miedo a rechazar un proyecto por falta de capacidad. Hay que saber decir no si no podemos garantizar un resultado de calidad.

imagesNo dejes que cunda el pánico, pues en época de estrés es lo último que necesitas. Ante la montaña de trabajo, sobriedad.

imagesNo dejes correos sin responder ni dejes de mimar a tus clientes por estar demasiado ocupado. Aunque hoy vayas «sobrado», nunca sabes quién te dará trabajo los próximos meses.

imagesNo te montes en el dólar y piensa en ahorrar un poco porque tarde o temprano vendrán épocas de vacas flacas, o te querrás ir de vacaciones.

Las avalanchas de trabajo pueden ser difíciles de gestionar, sobre todo cuando empezamos como profesionales y tenemos miedo a decir no o a negociar otras condiciones. Pero son una buena señal: estamos haciendo bien nuestro trabajo y los clientes confían en nosotros. Con un poco de paciencia y buena organización, todo es posible. Si quieres añadir algún punto a la lista de do’s and dont’s en época de bonanza,  no dudes en compartirlo en los comentarios. Y ahora, ¡a seguir traduciendo!

Sobre impagos y por qué es mejor prevenir que curar

Para los autónomos sin gestor, enero es sinónimo de contabilidad. Principalmente, por la obligación de presentar los formularios correspondientes al último trimestre del ejercicio y los resúmenes anuales. Si contratamos a un gestor, nos libramos de algunos quebraderos de cabeza y, sobre todo, nos ahorramos horas de números y cálculos, pero eso no debería eximirnos de hacer balance de las prestaciones y clientes que han protagonizado el año.

Pues bien, en el marco de dicha retrospectiva contable, resulta que 2014 ha sido el primer año en que he tenido un impago. Cuidado, no es el primer año en que cuesta que algunos clientes paguen y tengo que insistir, sino que es la primera vez que doy un importe por perdido. Y eso me lleva a las preguntas: ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo puedo evitar casos semejantes en el futuro? ¿Hay alguna forma de recuperar el dinero? Cada pregunta tiene varias respuestas, para nada sencillas, pero vamos a intentarlo.

¿Cómo se llega a un impago?

La teoría del impago es muy sencilla. Tú realizas una prestación, envías tu factura al cliente y este no paga en el plazo previsto. Ante tal situación, lo normal es que nos pongamos en contacto con el cliente para «recordarle amablemente» que hay una factura pendiente. Si realmente ha sido un descuido (que no debería producirse, pero en fin, todos somos humanos), lo más seguro es que abone el importe rápidamente.

ContabilidadAhora bien, si no da señales de vida, presenta excusas o promete pagos dentro de tres meses, vamos por mal camino. Una empresa que quiebra o entra en concurso de acreedores, cambios de personal, falta de liquidez, facturas que se extravían por razones paranormales, incluso fallecimiento de la persona responsable (caso extremo, sí, pero me consta que ha ocurrido), o simplemente mucha cara dura, son solo algunas de las razones por las que podemos padecer un impago.

¿Cómo puedo evitar que se repita esta situación en el futuro?

Si bien es cierto que no existen fórmulas mágicas para asegurar el pago, para mí hay dos factores clave a la hora de evitar impagos: disponer de la orden de compra o documentos análogos y contrastar la fiabilidad de los clientes.

Si trabajamos para agencias, lo habitual es que junto con el encargo en cuestión, nos envíen la orden de compra o PO (Purchase Order). ¿Y qué es la PO? Básicamente, la confirmación del encargo donde se detallan las particularidades del mismo: tipo de prestación, idiomas, recuento, tarifa, importe total, fecha de entrega, materiales que se aportan, especificaciones de pago, entre otros, además de los datos del emisor y del receptor (agencia y traductor o intérprete).

Este documento es el contrato que celebramos y nos sirve de prueba para reclamar el pago. Sin embargo, la ley española establece que los contratos no tienen por qué ser por escrito y admite la forma oral. Es decir, que si una agencia nos llama para asignarnos un proyecto y accedemos, ya hemos perfeccionado el contrato. Pero claro, salvo que grabemos la llamada, lo cual no es fácil y puede atentar contra la privacidad de las personas, nos resultará mucho más complicado demostrar la existencia del contrato.

Por tanto, mi consejo es pedir siempre la orden de compra o un documento similar. Puede que los clientes directos no estén habituados a emitir POs, y menos para traductores, pero nada impide que se la enviemos nosotros mismos en un correo electrónico, o que le pidamos firmar y escanear el presupuesto. En su defecto, debemos asegurarnos de guardar los mensajes donde se especifica que la empresa nos asigna tal proyecto, por tal tarifa y con tales condiciones.

El segundo factor es la fiabilidad del cliente. Probablemente sea más fácil comprobar la de agencias porque disponemos de varios medios:

  • Hacer consultas en listas de correo electrónico, tanto del sector como de asociaciones profesionales. Para los de alemán, recomiendo encarecidamente la lista Zahlungspraxis.proz
  • Consultar el Blue Board de ProZ.com. Os guste o no el portal, hay que reconocer que este apartado, donde los profesionales ponen nota a los proveedores, es de gran utilidad. Aunque puede que no siempre concuerden los comentarios con nuestra experiencias con una agencia, nos puede servir de orientación.
  • Grupos específicos en Facebook y LinkedIn. En ambas plataformas hay grupos dedicados a denunciar la mala praxis de agencias y también se pueden pedir referencias. En Facebook existe el grupo Lista negra de agencias de traducción y en LinkedIn, Unacceptable Translation Rates Naming & Shaming Group. Probablemente haya más.
  • Hacer una búsqueda en Internet. Si no logramos encontrar a la agencia en cuestión por una de estas vías, puede que san Google nos eche una mano y encontremos a alguien que le dedique unas palabras en otros medios.

¿Y con los clientes directos? En este caso, de poco sirven las vías anteriores, pero no está todo perdido:

  • Pedir el pago o una fracción por anticipado. Especialmente recomendable con particulares. Entregarle una traducción a alguien que desconocemos completamente y esperar que nos pague significa confiar al 100 % en la buena fe de las personas. Probablemente la mayoría sean personas honestas, pero no tenemos garantías. Es lícito, pues, solicitar el pago por anticipado o al menos, parte del mismo como paga y señal. Aunque parezca extraño, muchos clientes lo entienden. Personalmente, pido el pago anticipado cuando colaboro por primera vez con un cliente directo nuevo y le explico por qué lo hago, y que en futuras colaboraciones no será necesario.
  • De nuevo, buscar referencias en Internet.
  • Desde hace relativamente poco, los particulares y autónomos pueden acceder a listas de morosos. Existen varias empresas que nos ofrecen este servicio en línea, pero como todo, tiene un coste. Además, los resultados no son inmediatos, sino que con frecuencia hay que enviar una consulta y luego esperar los resultados, y nos piden el N.I.F. de las empresas o personas físicas que deseemos buscar. En mi opinión, sería el último recurso en casos de extrema necesidad.

¿Cómo puedo recuperar mi dinero?

Hay dos vías de recuperar el dinero: por las buenas y por las malas. Mi consejo es intentarlo siempre por las buenas. ¿Cómo? Pues en el momento en que vemos que un cliente no paga, debemos recordárselo. Lo más habitual es enviarle un correo electrónico indicando que se ha sobrepasado el plazo de pago y pedirle que realice la transferencia pertinente. Si no funciona, el teléfono es otra vía bastante efectiva, sobre todo porque el cliente probablemente no se espere que le llamemos y le cojamos desprevenido. Sin embargo, la conversación por teléfono puede ser más incómoda que el correo. Aunque nunca lo he hecho, conozco a traductores que han llegado a personarse en la oficina del cliente para reclamar el pago. Seguramente esta sea la vía más incómoda, pero cada uno es libre de proceder como guste.

Si por correo electrónico o teléfono las perspectivas de cobro no mejoran, mi consejo: sacad a colación vuestro «abogado». Funciona en el 80 % de los casos, aunque no tengamos intención real de inmiscuir a abogado alguno:

Tono suave: «Si no podemos solucionar este desacuerdo en los próximos días, tendré que notificárselo a mi abogado y que se ponga en contacto con usted.»

Tono no tan suave: «Dado que parece no tener intención de proceder a pagar la cuantía que me debe por la vía pacífica, el próximo mensaje que recibirá será de mi abogado, probablemente en un tono menos cordial y con menos paciencia.»

Finalmente, si ninguna opción funciona, existen dos vías legales: el proceso monitorio europeo y el proceso de escasa cuantía, tanto a nivel europeo como nacional. Ventajas: nos permiten emitir un requerimiento de pago sin necesidad de abogado ni procurador, por lo que supone un ahorro importante de costes, PERO (y este pero es muy importante), en caso de oposición de la contraparte SÍ necesitaremos a ambos. También en el caso de que en el proceso de escasa cuantía, el importe sea superior a 6.000 €.

Y ahora la pregunta, después de este monólogo: ¿me he aplicado el cuento? Pues sí y no. Sí porque en realidad estuve a punto de padecer tres impagos en lugar de uno y con los otros dos, pude recuperar los importes (300 y 500 EUR aprox. en cada caso). Me costó unos cuantos correos, dos llamadas y una mención de abogados. Funcionó. En el tercer caso, fue un cliente que me llegó a través de un compañero, el importe total no alcanza los 100 EUR, y en vista del impago, y a pesar de haber facturado al cliente y no al compañero, este se ofreció a abonarme la factura, pero por la buena relación que hemos tenido hasta ahora, no me pareció adecuado. Tirarlo por la vía legal sinceramente, no merece la pena. ¿Rabia e impotencia? Pues claro, para qué voy a mentir. Pero al final los daños han sido mínimos y no voy a seguir trabajando para este cliente.

Como autónomos debemos ser libres de decir cuándo queremos trabajar gratuitamente y cuándo no, no es una decisión a discreción del cliente, y si no nos defendemos nosotros mismos, nadie va a hacerlo, así que hay que ser conscientes de las herramientas a nuestro alcance y saber utilizarlas con destreza para que se nos respete como profesionales. 

 

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Aplicaciones básicas para intérpretes digitales

Enero ha sido un mes de interpretación intenso y esto me ha impedido dedicarme al blog, pero al mismo tiempo me ha ido de perlas para poner en práctica algunos de los consejos que Aida y Maya nos dieron en el webinario sobre herramientas para intérpretes (véase la primera parte de la reseña aquí, sobre las ventajas de las tabletas o netbooks frente al portátil convencional).

En esta entrada voy a centrarme en las apps que más utilizo para la interpretación. Sin embargo, quisiera aclarar que como ya sabréis, la preparación es una fase fundamental y si cabe igual de importante que la interpretación. La falta de preparación puede echar a perder una interpretación, mientras que el exceso de preparación (si es que eso existe) nos puede ayudar a compensar otras flaquezas del discurso. Gran parte de las aplicaciones que os voy a presentar las utilizo antes de entrar en cabina, otras me ayudan antes y durante la interpretación.

PROCESADORES DE TEXTOS Y GESTORES DE DOCUMENTOS

En cualquier interpretación se gestionan documentos: abstracts de trabajos, presentaciones Power Point, documentos informativos sobre los ponentes, glosarios… Si queremos crear o modificar un documento, necesitaremos un procesador de textos, mientras que si nos limitamos a la lectura y organización de documentos, nos basta con un gestor de documentos. Algunas apps son mixtas e incluyen ambas opciones.

1. Microsoft Office: poco nuevo hay que decir sobre Office que un traductor/intérprete no sepa. El único inconveniente es que es de pago si queremos editar documentos. Si nos limitamos a la lectura de Word, Excel y Power Point es gratuita. Sin embargo, ahora se puede de contratar el servicio por meses en lugar de comprar la licencia.

2. Pages y Numbers: serían el equivalente de Word y Excel para Mac. Personalmente, creo que las funcionalidades son un poco limitadas, aunque han mejorado. También de pago, 19,99 EUR por aplicación.

3. Polaris Office: app gratuita que permite crear los mismos documentos que Office (texto, hojas de cálculo, presentaciones y múltiples plantillas) y enlazarla con la aplicación Polaris Scan para escanear documentos. También permite crear grupos para compartir los documentos y sincronizar la app con la nube. Gratuita.

4. Documents: para mí, uno de los mejores gestores de documentos y el que utilizo con más frecuencia. Permite organizar tus documentos, fotografías, vídeos y demás en directorios, así como compartirlos en la nube, Google Drive o Dropbox. Además, pedes ampliarla con otras aplicaciones para escanear, imprimir… Gratuita.

Otros: Olive Office, Docs To Go, Smart Office

 

COMPARTIR DOCUMENTOS

1. Dropbox: a estas alturas, aplicación ampliamente conocida. Nos permite cargar documentos a nuestra cuenta Dropbox, crear carpetas y compartirlas con otros usuarios. También es útil para imágenes. La cuenta básica gratuita parte de 2 GB de almacenamiento que podemos ir ampliando hasta los 18 GB. Ofrecen cuentas Pro y Business con 1 TB y 50 TB de capacidad respectivamente. Para un intérprete autónomo, creo que la cuenta básica es más que suficiente.

2. Google Drive: es la aplicación de Google para compartir documentos. Podemos acceder a los documentos compartidos desde cualquier ordenador, móvil o tableta y nos permite crear nuevos documentos o invitar a otros usuarios a compartir y editar conjuntamente nuestros documentos. Una ventaja importante es que el sistema realiza una copia de seguridad de todo lo que subimos.

3. Box: el funcionamiento es muy parecido al de las aplicaciones anteriores. Disponemos de 10 GB de capacidad para almacenar y compartir documentos.

Ojo con WeTransfer: como apuntó Aida, este sistema, especialmente idóneo para compartir archivos de gran volumen (hasta 2 GB por fichero), funciona en la web, pero carece de aplicación funcional para documentos. La aplicación WeTransfer solo funciona con imágenes y vídeos.

 

PDFS

1. Adobe Reader: es el lector de documentos PDF por excelencia. Permite convertir el PDF a Word y Excel para editarlo con comodidad, así como añadir notas, pero una funcionalidad muy interesante es la posibilidad de crear un documento PDF a partir de la cámara, es decir, sacar una fotografía que se guardará automáticamente en PDF. Gratuita, salvo la opción de la cámara.

2. iAnnotate: aplicación de pago que permite, básicamente, añadir comentarios a documentos en formato PDF.

 

CREACIÓN DE GLOSARIOS

A pesar de que entre los intérpretes Excel y Word son los programas más queridos, existen aplicaciones pensadas para la creación de glosarios. Veamos un par:

1. Interplex HD: esta aplicación me parece muy interesante y la desconocía, pero la voy a utilizar de ahora en adelante. Se trata de un gestor de glosarios (incluso vienen algunos incorporados) que permite tanto crear los glosarios manualmente como importarlos desde Dropbox. En mi opinión, lo más efectivo es importar los glosarios que hagamos desde nuestra cuenta Dropbox porque la creación manual me parece un tanto farragosa. Se pueden ordenar los glosarios por nombre o por idiomas. De pago: 19,99 EUR.

2. Glossary Pro HD: esta aplicación no la he probado personalmente porque Aida indicó que era más limitada que Interplex HD, así que me quedo con la primera, pero nunca está de más tener un plan B.

Mi iPad

 Así luce mi iPad 

DIVISIÓN DE PANTALLA

Una de las desventajas del iPad frente al portátil es que en el primero, en teoría, solo podemos tener una aplicación abierta, mientras que en el portátil es habitual mantener varios frentes abiertos. Aunque existen numerosas aplicaciones para la división de pantalla, la que os presento a continuación es de las pocas que no se limita al buscador, sino que es apta también para documentos.

1. Side by side: esta aplicación divide la pantalla en hasta 4 secciones, que podemos configurar a nuestro gusto jugando con el ancho y alto de cada sección. En cada una podemos abrir o bien una página web, o bien la aplicación interna de notas, o un documento. Muy útil para realizar búsquedas simultáneas en Google, por ejemplo, o si queremos abrir un glosario a la derecha y buscar un término a la izquierda. La app tiene una versión gratuita y otra de pago (muy económica, apenas 2 EUR), aunque la versión gratuita funciona de maravilla.

 

CONSECUTIVA

A medida que la tecnología avanza, también lo hace la interpretación y la modalidad más afectada por el cambio es la consecutiva. Hacer el salto hacia«la toma de notas digital» puede parecernos difícil pero algún hay que empezar. Así que si ya tenéis vuestro stylus, he aquí algunas aplicaciones para una toma de notas fácil y efectiva.

1. UPAD Lite: esta aplicación la descubrí recientemente y ya la considero indispensable en mi iPad. No solo es apta para la toma de notas, sino que ofrece la posibilidad de escribir en PDFs y decorar imágenes (que ahora mismo no nos concierne). Podemos elegir el tipo de papel que queremos y el proceso de pasar página hacia adelante y atrás es intuitivo y rápido.

2. Paper 53: esta aplicación simplemente me encanta y es ideal si además de la toma de notas, tienes un lado más creativo. Funciona a base de libretas y en este caso el sistema para pasar página es el más intuitivo que conozco, ya que no hay que buscar ninguna flechita que indique a la derecha o a la izquierda, sino que basta con deslizar el dedo y la página se pasa en un santiamén. La versión gratuita viene con los bolígrafos, grosores y colores básicos, pero por un módico precio que no alcanza los 6 EUR se puede conseguir la paleta completa.

3. Noteshelf: otra aplicación excelente para tomar notas, con una definición muy buena, un sistema sencillo para pasar página  y múltiples opciones de lápices, bolígrafos, puntas y grosores. Muy parecida a las dos anteriores. De pago, pero económica: 5,99 EUR.

4. Moka: una aplicación más sencilla que las anteriores, ya que si nos quedamos con la versión gratuita no podemos, por ejemplo, elegir el tipo de papel. El papel estándar tiene rayas, aunque son finas y no interfieren. La página es clara y muy nítida y también podemos pasar página fácilmente, aunque en este caso tarda unas milésimas de segundo que en casos de consecutiva extrema nos pueden entorpecer.

5. Note Taker HD: otra opción, aunque en mi opinión, no es de las mejores. Tiene bastantes funcionalidades, eso sí, pero por el mismo precio recomendaría una de las anteriores (de nuevo, 5,99 EUR).

Sé que hay fans incondicionales de Evernote, así que hay que mencionar Penultimate, la aplicación de Evernote para la creación de notas. Ventaja: al crear un documento nuevo te pide seleccionar la mano con la que escribes y la inclinación que tienes, para evitar así hacer garabatos al apoyar la mano involuntariamente en el iPad, que puede suponernos un problema importante al leer nuestras notas. Sin embargo, no he logrado encontrar una forma sencilla de pasar página, ya que con la versión gratuita me obliga a realizar 2 pasos antes de poder escribir en una hoja nueva. Por tanto, no me parece práctico. Sin embargo, si alguien ha conseguido descifrar cómo hacerlo de forma más fácil, le agradeceré si lo comparte.

Falta un segmento importante de aplicaciones para intérpretes: los diccionarios. No obstante, para no convertir esta entrada en un discurso eterno, prefiero dejarlo para más adelante. Por el momento, creo que estas aplicaciones son suficientes para sobrellevar el día a día del intérprete y nos pueden echar un cable en cabina o ayudarnos a dar el salto como intérpretes digitales. Si queréis compartir otras aplicaciones que os parecen útiles, no dudéis en dejar un comentario o escribirme un correo.

 

 

 

Ideas de (auto)regalos para traductores e intérpretes en 2015

Nos guste o no, la época pre-, durante y posnavideña está plagada de consumismo. En mi caso todavía más, ya que en la familia tenemos un par de cumpleaños (incluido el mío) y onomásticas que también celebramos. Así pues, en torno a diciembre y enero me preparo una pequeña lista de ítems deseables, entre los cuales siempre hay por lo menos uno relacionado con el trabajo.

«¡Pero si para traducir basta con un ordenador y un par de diccionarios! ¡Qué vas a necesitar tú para el trabajo!», podría pensar un lego en la materia. Nada más lejos de la realidad. Aunque traductores e intérpretes trabajemos en casa o en cabina, siempre hay objetos y materiales que nos harán la vida más fácil, a parte del hípernecesario ordenador.

Así que si no sabéis qué pedir a los Reyes Magos y aún estáis a tiempo de echar la carta, o si en vuestro entorno hay algún traductor o intérprete y todavía no tenéis regalo, puede que esta entrada os dé alguna idea. Por otra parte, debo decir que soy partidaria de los autoregalos de vez en cuando y qué mejor excusa que la llegada del nuevo año para empezar con buen pie y mejor trabajo.

REGALOS PARA INTÉRPRETES

  • TABLETA O NETBOOK: En la entrada anterior hablé de las ventajas de trabajar con una tableta o un netbook en cabina en comparación con el portátil tradicional. Pues bien, si todavía no tienes un gadget de esos, quizás ahora sea el momento. Existen tabletas y netbooks para todos los gustos y posibilidades, aunque como siempre, recomiendo trabajar con buenas herramientas en las que podamos confiar y que no nos vayan a dejar tirados en medio de un encargo. Personalmente, trabajo con iPad y me parece la mejor tableta en el mercado, pero existen otras opciones más económicas y que también funcionan de maravilla.
  • TECLADO/FUNDA PARA LA TABLETA: Si trabajamos con una tableta en cabina más temprano que tarde necesitaremos un teclado externo, puesto que el sistema de teclado en la pantalla de la tableta es lento, incómodo y obstaculiza la visualización. Además, algunos teclados externos hacen también las veces de funda, así que podemos disfrutar de dos productos en uno. En cuanto a los precios, a partir de 25 – 30 € se encuentran teclados decentes.
  • AURICULARES: Precisamente, mi regalo navideño del año pasado. Si trabajas habitualmente en cabina, es probable que te hayas dado cuenta de que a veces los auriculares son incómodos, no se agarran bien a la oreja o a la cabeza, el sonido es mejorable o las almohadillas dejan mucho que desear. Por razones técnicas y de higiene, y también por comodidad, son muchos los intérpretes que acuden a cabina con sus propios auriculares. Eso sí, no recomiendo comprar auriculares sin haberlos probado antes, pues son un objeto muy personal y que debemos ser capaces de llevar durante 8 horas sin que nos produzcan molestias físicas.

Mis auriculares

Mis auriculares AKG, con un coste de 100 €

  • STYLUS: O también llamado lápiz digital para la toma de notas en consecutiva con una tableta. Lo admito, a pesar de haber realizado algunas pruebas caseras todavía no me he estrenado como «intérprete digital», pero no se puede dar la espalda a la tecnología y es cuestión de tiempo. Para hacerse con un stylus en condiciones debemos contar a partir de unos 30 – 40 €, aunque hay ejemplares mucho más caros (y con mejores prestaciones, se supone).
  • TARJETA REGALO PARA iTUNES O GOOGLE PLAY: De nuevo, si trabajas en cabina con una tableta o netbook, probablemente vas a tener que descargarte algunas aplicaciones, que no siempre son gratuitas. Me refiero a procesadores de texto, diccionarios, separadores de pantallas, lectores de PDF, aplicaciones para la toma de notas… A partir de 15 €.
  •  FORMACIÓN PARA INTÉRPRETES: De acuerdo, este es con creces el regalo más costoso y probablemente se trate más de un autoregalo, pero ¿por qué no ahorrar unas perrillas para mejorar nuestra técnica de consecutiva o el retour, por ejemplo? En mi lista personal están el curso de retour al inglés de la Universidad de La Laguna (en 2014, la inscripción fue de 895 € para exalumnos del Máster en Interpretación de Conferencias y de 995 € para el resto de alumnos), los cursos intensivos de simultánea y consecutiva de alemán de la Universidad de Mainz, con sede en Germersheim (los precios varían en función del curso, pero rondan los 700 €) o el curso intensivo de interpretación de inglés de la Universidad Heriot Watt (en 2014 la inscripción fue de 570 libras).

REGALOS PARA TRADUCTORES

  • SEGUNDA PANTALLA: Trabajar solo con la pantalla del portátil o del ordenador puede resultar incómodo y poco práctico. En cambio, trabajar con doble (o triple) pantalla nos permite, por ejemplo, tener Trados abierto en una mientras realizamos búsquedas terminológicas en la otra. Resultado: no es necesario ir abriendo y cerrando tantas ventanas, podemos tener varios «frentes» abiertos y se cansa menos la vista. Además, si procuramos colocarlas en una posición ergonómica, nos ahorraremos también el dolor de cuello que suele ir derivado de mirar la pantalla del portátil y que nos obliga a agachar ligeramente la cabeza. El precio de las pantallas varía en función de la calidad, pero por 100 € hay pantallas muy correctas.
  • DICCIONARIOS ESPECIALIZADOS: La mayoría de diccionarios especializados no están en Internet y su adquisición suele suponer una inversión importante. Además de los clásicos en papel, por suerte algunas editoriales ya ofrecen las versiones electrónicas (que no online) para instalar en el ordenador, de modo que podemos consultar el diccionario desde cualquier lugar sin tener que acarrear el tocho de turno. Sin embargo, electrónico no es sinónimo de económico: el Becher jurídico DE-ES ronda los 300 € y solo está disponible en formato CD, un inconveniente si trabajas con un portátil sin lector de CD; y el Ernst técnico DE-ES cuesta unos modestos 230 €. No me consta que el Alcaraz-Varó/Hughes de términos jurídicos EN-ES esté en formato electrónico, pero en papel se puede encontrar por menos de 50 €.
  •  TRITURADORA DE PAPEL: Una herramienta práctica sobre todo para los traductores jurados. ¿Cuántas veces no hemos imprimido un documento que vamos a jurar y detectamos un error de tipografía, o no nos gusta una formulación y tenemos que repetir el proceso de impresión? Los traductores (no necesariamente jurados) trabajamos en muchas ocasiones con información confidencial. Para ahorrarnos disgustos, mejor pasar las copias borrador o desechables por la trituradora. Un utensilio muy asequible: a partir de 20 €.

Trituradora de papel

Una de mis últimas adquisiciones: trituradora marca Fellowes por 25 €

  • ELEMENTOS DE ERGONOMÍA: Si vamos a pasarnos 8 horas o más sentados delante del ordenador, hay que pensar en nuestra salud y evitar posturas corporales que nos causen malestar a medio y largo plazo. Deberíamos procurarnos una silla ergonómica que no nos provoque dolores lumbares, un teclado y un ratón ergonómicos que nos eviten la aparición de tendinitis o en su defecto, almohadas para ratón y teclado para minimizar los datos articulares.
  • LICENCIAS: Hoy en día es casi impensable trabajar sin al menos una herramienta TAO. El archipopular Trados cuesta nada más ni nada menos que 695 € (versión para autónomos), mientras que MemoQ tiene una versión gratuita, pero con funcionalidades muy limitadas y la versión profesional cuesta 620 €, por poner un par de ejemplos. Pero las TAO no son las únicas licencias que nos pueden ser útiles: Microsoft Office (entre 69 € y 119 €), Indesign, Photoshop, Dreamweaver y otros programas de edición de imágenes y maquetación (planes mensuales por unos 25 € al mes), conversores OCR como ABBY PDF Transformer (69 €), programas antivirus, programas de compresión como WinZip… Importante: la mayoría de programas ofrecen una versión de prueba de 15 o 30 días que nos permite utilizar el software gratuitamente para ver si nos convence.
  • MEMBRESÍA EN UNA ASOCIACIÓN: Al comienzo del año es buena época para plantearnos si queremos formar parte de una asociación profesional. Por lo general, las asociaciones suelen tener cuotas para socios ordinarios o completos -básicamente traductores/intérpretes en activo- y socios extraordinarios o con cuota reducida, que suelen ser estudiantes o aquellos que no ejerzan la profesión pero tengan interés en ella. En término medio, la membresía ronda los 100 € anuales y existen múltiples asociaciones: APTIC, Asetrad, APTIJ, APETI, ACETT, ATRAE, EIZIE, La Xarxa, IAPTI, IOL, BDÜ… Es cuestión de escoger cuál de ellas puede defender mejor nuestros intereses y qué nos ofrece.
  • CURSOS DE FORMACIÓN: En el caso de la formación para traductores encontramos un panorama más variado y asequible en comparación con los intérpretes. Existen cursos por especialidades (traducción médica, jurídica, técnica, de patentes, veterinaria…), por modalidad (traducción audiovisual, subtitulación, localización, videojuegos…), por materia (fiscalidad, marketing y branding y todo esto tan de moda últimamente) y de duración distinta (por horas, semanas, meses…). En el mercado privado cada vez abundan más las empresas y escuelas que ofrecen cursos específicos para traductores, pero las asociaciones profesionales también imparten cursos y seminarios tanto presenciales como online que merece la pena tener en cuenta.

En definitiva, año nuevo no tiene por qué ser sinónimo de vida nueva, pero si podemos mejorar nuestras condiciones laborales siempre es de agradecer, y más cuando tenemos multitud de herramientas a nuestro alcance. Si queréis compartir vuestras adquisiciones más recientes en términos laborales o si echáis alguna en falta en la lista, ¡estaré encantada de leer vuestros comentarios!