Verano de formación continua para intérpretes

El verano se acerca, con todo lo que conlleva: calor, mosquitos, paellas en la playa, excursiones a la montaña y, para los más suertudos, aeropuertos y destinos exóticos. Pero no lo olvidemos: también es la temporada baja de interpretación.

Aún así, ¿quién dijo vacaciones? Los intérpretes (y los traductores) debemos seguir formándonos y qué mejor que aprovechar el verano para ello. Formarse en temporada baja significa menos riesgo de «perder» clientes y si nos lo podemos permitir, ¿por qué no aunar la formación con un viaje?

A continuación, he elaborado una lista no exhaustiva de algunas opciones que me parecen interesantes para intérpretes. Sin embargo, si conocéis otros cursos que queráis recomendar, podéis dejar un comentario y los iré añadiendo.

Inglés

La Universidad Heriot Watt es un referente en la interpretación de conferencias y ofrece varios cursos para intérpretes profesionales y futuros intérpretes. Para mí, el más provechoso es el curso de práctica intensiva de abril (para el año que viene) pero en agosto tiene lugar el curso Applied English and Interpreting.

Otra oferta interesante son los cursos de corta duración de la London Metropolitan University, entre los cuales encontraréis Advanced Conference Interpreting for EU/UN Accreditation Test (aunque no es de verano), Diploma en Public Service Interpreting, Introduction to Conference Interpreting o Introduction to Diplomatic Interpreting.

Para practicar el retour, AIIC organiza varios seminarios de corta duración para los intérpretes que trabajen con inglés como lengua B.

Aunque no esté estrictamente relacionado con la interpretación como disciplina, el Summer Course in English Phonetics de la UCL de Londres es muy prometedor. Está en mi to-do-list.

Alemán

Si sois de alemán, es probable que conozcáis la entrañable facultad de Germersheim. En realidad, la facultad pertenece a la Johannes Gutenberg-Universität Mainz, aunque se encuentra a más de 100 km de dicha ciudad. Germersheim es un pueblo de 20.000 habitantes, que parecerá mucho, pero no lo es. Hay poco que ver, es un pueblo extremadamente tranquilo y en verano los universitarios no están.

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PERO: los cursos son muy completos y se genera un ambiente muy agradable. Además, no solo ofrecen cursos de verano, sino que la formación en línea tiene lugar durante todo el año, con precios muy razonables. Aquí tenéis el calendario.

La oferta de interpretación en alemán es más bien escasa. Sin embargo, encontraréis una gran variedad de cursos de distinta índole para profundizar en economía, lenguaje jurídico, relaciones internacionales, aprendizaje del alemán y un largo etcétera en el Deutscher Akademischer Austauschdienst, con posibilidad de recibir becas.

Practicar interpretación con WISE

Lo admito: no he participado (todavía) en los seminarios WISE, pero conozco a un gran número de intérpretes que sí y solo me han llegado buenas críticas. Además, conociendo a  sus fundadores, Jose y Joe, no me cabe duda de que la organización de estos seminarios cuyo objetivo es practicar, practicar y practicar un poquito más, sea impecable. ¡Corre porque las plazas vuelan!

Seminarios de lengua y cultura para intérpretes

AIIC organiza una serie de cursos y seminarios sobre lengua y cultura para intérpretes de conferencias en distintos países e idiomas (español, alemán, francés, italiano…). Como veréis, los cursos tienen un precio importante, pero la formación debe considerarse siempre una inversión.

Conocimientos varios a distancia

Los intérpretes tenemos que saber un poco de todo, además de nuestras lenguas de trabajo. Para cursos de corta duración en línea, recomiendo Coursera o su homóloga española Miríada X. Estas plataformas ofrecen cursos creados por universidades de todo el mundo, en varios idiomas (aunque la mayoría son en inglés) y de las temáticas más variadas. Es decir, te puedes iniciar tanto en egiptología como en física cuántica.

Coursera empezó siendo una plataforma totalmente gratuita, si bien ahora hay que abonar una pequeña tasa para obtener el certificado de algunos cursos. Si optas por la versión gratuita, podrás hacer el curso, pero no recibirás el certificado.

En la línea de los cursos de corta duración, están los seminarios de verano de la UOC. Hay un apartado dedicado a la comunicación, pero hay otras temáticas interesantes, como la informática, los idiomas o el marketing.

Y, vosotros, ¿tenéis algún plan de verano para complementar vuestra formación?

*En esta entrada no he incluido iniciativas privadas organizadas por empresas sin el aval de una universidad, dado que no puedo valorar la calidad de la formación impartida.

Presentación de la guía de interpretación – ¿Por qué es importante?

Los días 8 y 9 de abril tuvo lugar el I Congreso de APTIC: Jornadas de comunicación, traducción e interpretación. No voy a entrar en detalle acerca del congreso porque da para bastante más que una entrada. Sí me gustaría animaros a conocer la asociación y a descubrir todo lo que se cuece, que no es poco, así como a participar en el próximo congreso.

¿Y por qué hablo del congreso? Pues porque en él se presentó la Guía de interpretación, una idea original de la traductora e intérprete norteamericana Chris Durban (el título original es «Interpreting: Getting it right. A guide to buying interpreting services») y que ha sido traducida al español, al catalán, al euskera y al gallego por parte de las asociaciones profesionales correspondientes, esto es, Asetrad, APTIC, EIZIE y AGPTI. YAprovecho para recordar que las personas que han participado en la traducción han hecho un magnífico trabajo voluntario, no solo de traducción, sino también de adaptación cultural de la guía a los distintos mercados del país. ¡Gracias!

¿Qué es la guía?

Se trata de un documento donde se explican las cuestiones fundamentales para contratar unos servicios de interpretación de calidad, a cargo de profesionales.

¿A quién va dirigida?

La información de la guía ya es conocida (o debería serlo) por los intérpretes, de modo que la guía se dirige a personas que nunca han trabajado con intérpretes y que desconocen el sector y sus particularidades.

¿Qué se explica en la guía?

Pues cuestiones tan esenciales para nosotros como la diferencia entre un traductor o un intérprete, las distintas modalidades de interpretación (con inclusión de la lengua de signos), cómo se calculan los honorarios, o por qué el primo del jefe no puede hacer de intérprete aunque haya pasado un verano en Londres y tenga un inglés estupendo (o, por analogía, la hija del presidente de una superpotencia que estudia español en el instituto y que hace sus pinitos en una cena de Estado).

¿Dónde puedo encontrar la guía?

La guía está en formato digital y también en papel. Las encargadas de distribuir la versión en papel son las distintas asociaciones y aunque los asistentes al congreso ya tenemos nuestro ejemplar, todavía no se ha definido cómo van a repartirse las guías en papel. El formato digital puede resultar muy práctico, ya que se puede enviar a los clientes potenciales por correo electrónico.

Aquí encontraréis la versión en catalán, español, gallego y euskera.

¿Cómo me puede ayudar la guía en mi trabajo como intérprete?

Seamos realistas: con la guía no nos empezarán a llover ofertas. Pero es una herramienta gratuita que se adhiere a los códigos éticos de las asociaciones profesionales y que puede ayudarnos a explicar mejor los intríngulis de la profesión a clientes legos. El sello de una asociación es un buen respaldo a los argumentos que aportemos al cliente en términos de precios, horarios, equipos, necesidad de trabajar en parejas…

Hay que recordar que convivimos en un mercado donde no podemos hablar abiertamente de tarifas y en el que las condiciones de trabajo pueden resultar opacas incluso para los propios intérpretes, sobre todo los que han llegado más recientemente.

Sin embargo, no hay que olvidar que presentar esta guía a un cliente es también un acto de responsabilidad. Si nuestras prestaciones o nuestra actitud no son profesionales, habremos creado falsas expectativas al cliente, que se sentirá decepcionado y desconfiará. El trabajo de concienciación realizado habrá sido en vano y perjudicaremos al resto de compañeros. La profesionalidad lo es todo, y la guía nos ayuda a ser profesionales con mejores argumentos.

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Estudiar un Máster en Interpretación de Conferencias – ¿Es para mí?

La interpretación de conferencias no es la profesión más habitual del mundo. De ahí que si tus familiares y amigos te preguntan qué quieres hacer en el futuro y les respondes «interpretación», te recomienden el Instituto del Teatro. Si especificas que tu intención es apuntarte a un «Máster en interpretación de conferencias» es normal que no sepan muy bien qué decir, o que se limiten a un «Ah. Estupendo».

No hay que desesperar. La interpretación es una profesión desconocida por el público general, y sus estudios todavía más, a pesar del sacrificio que requieren. A mí también me asaltaron muchas dudas antes de decidirme, por lo que me puse en contacto con antiguos alumnos para que me orientaran un poco. Después, han sido alumnos potenciales quienes me han escrito para ver si mi experiencia en el máster les ayudaba a decantar la balanza, así que me pareció útil dedicar una entrada a resolver esas dudas pre-máster en interpretación.

Sin ánimo de excluir a nadie, creo que estudiar interpretación puede ser una opción si:

1. Estás dispuesto/a a sacrificar al menos 1 año de tu vida y consagrarlo a la interpretación. Hables con quien hables, todos te dirán (diremos) lo mismo: es un máster muy intenso. Piensa que no solo tendrás las horas lectivas, que suelen ocupar las mañanas y algunas tardes, sino que, además, se crean grupos de prácticas, hay mock-conferences... Resumen: te levantarás pensando en la interpretación y te acostarás pensando en ella. Es más, soñarás con la cabina o la toma de notas.

2. Tienes la posibilidad de desplazarte. De acuerdo, seguramente hay quien tenga un máster en interpretación a la vuelta de la esquina, pero es habitual que los alumnos se tengan que mudar de ciudad o de país, con todo lo que ello conlleva. Sin olvidar que este tipo de másters suelen ser títulos propios y cuestan un ojo de la cara. Aunque qué máster no cuesta un riñón hoy en día…

3. Dominas sin problemas al menos 2 lenguas extranjeras (o tienes un retour impecable). Para sacarte el título deberás aprobar por lo menos 2 combinaciones lingüísticas, ya sea A + C + C, ya sea A + B (es decir, con retour). Sin embargo, cuantas más lenguas domines, más opciones tendrás de aprobar.

4. Posees un excelente dominio de tu/s lengua/s materna/s. ¿Obvio, verdad? Pues no lo es tanto. Todo el mundo cree que habla muy bien su idioma porque, al fin y al cabo, ¡es nuestro idioma! Pero una cosa es hablar bien y, otra, convertir tu idioma en tu herramienta de trabajo principal. Prepárate para darte cuenta de que, quizás, tengas que darle un empujón.

5. Te sientes cómodo/a hablando en público (o, por lo menos, no te importa). ¡Pero cómo! ¿No voy a estar en cabina todo el rato? Para nada. Se dice que la consecutiva es la base de la simultánea, por lo que antes de entrar en cabina tendrás que enfrentarte a decenas de discursos con toma de notas, normalmente ante tus compañeros.

6. Te gusta escucharte. Por muy narcisista que suene, conozco a muy pocas personas que les guste escuchar su voz. No obstante, escucharse a uno mismo es fundamental para mejorar. Y, hoy en día, con las posibilidades que nos ofrecen los móviles, ¡no hay excusa!

7. Puedes aguantar las críticas (sobre todo constructivas, y alguna destructiva). No nos engañemos. La interpretación es un oficio hasta cierto punto subjetivo. Aunque existan parámetros, no se puede medir con reglas de tres. En clase, los profesores opinarán sobre tus prestaciones, normalmente delante de los demás. En los grupos de prácticas, serán tus propios compañeros. Los consejos que puedan darte intérpretes experimentados son muy valiosos y te ayudarán a mejorar. Tus compañeros te harán ver aspectos de los que tú quizás no eres consciente.

Algunas veces estarás de acuerdo con las críticas y otras, no, pero de poco sirven las pataletas. Asume tus limitaciones y canaliza las opiniones en estímulos para mejorar. Aunque, todo hay que decirlo, hay quien tiene menos gracia, delicadeza o acierto a la hora de opinar, así que prepárate siempre para aguantar el chaparrón con la mayor dignidad posible.

8. Sigues la actualidad. Para interpretar, es fundamental conocer la actualidad, no solo de tu país, sino de los países de tus lenguas extranjeras. Deberías conocer las principales figuras del Estado, los partidos políticos, situación económica, población, famosos, artistas, deportistas, controversias… Si estudias en Europa, empápate de la Unión Europea, sus organismos, cargos y políticas principales. Suelen ser materia de discursos.

9. Sabes trabajar bajo presión y aguantas el estrés. La interpretación es una actividad que puede llegar a causarte un gran estrés. Tienes que escuchar, entender, tomar notas, elaborar un discurso cohesionado, ayudar a tu compañero en cabina, no perder las cifras… Y, todo ello, ¿en cuántos segundos? Al principio es normal desbordarse, pero poco a poco -y con mucha práctica- le irás cogiendo el tranquillo. Ahora bien, el estrés y la presión forman parte del día a día del estudiante, pero también del profesional. Hay que aprender a manejarlos y a no dejar que nos superen.

10. Tienes muy claro que quieres ser intérprete. ¿Una obviedad? Quizás. Pero aun así, hay alumnos que enfocan el máster como una alternativa profesional más, o que buscan hacer algo distinto. En mi opinión, no sé hasta qué punto compensa dedicar tantos esfuerzos a algo de lo que no estás seguro. Habrá casos y casos, pero empezar el máster sin saber muy bien dónde te metes ni si te va a gustar es lanzarse al precipicio y al primer revés, te desmotivarás, perderás el interés o irás a disgusto.

No quisiera desanimar a nadie con esta entrada, ¡todo lo contrario! Pero sí hay que ser consciente de que estos cursos requieren una cantidad ingente de trabajo que no se limita a las aulas ni las cabinas. Es más, cuando termines, deberás seguir trabajando en tus lenguas maternas y extranjeras, la toma de notas, etc. Porque la interpretación jamás se aprende por completo y el exceso de confianza es uno de los principales enemigos del intérprete.

Si quieres añadir algún elemento a la lista o compartir tu experiencia, ¡no dudes en dejar tu aportación!

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Pasarás muchas horas con equipos como este

 

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¡Pero con este todavía  más!

Tercera y última prueba de los exámenes de habilitación de traductores e intérpretes jurados

Tras meses de inactividad en el blog, principalmente, por falta de tiempo, procedo a cerrar un tema que dejé abierto: las pruebas de habilitación para traductores e intérpretes jurados, convocatoria de 2015.

A estas alturas, toca comentar la tercera y última prueba de los exámenes: la prueba oral. Si os perdisteis las dos anteriores, podéis leer un resumen de la primera prueba, novedad de 2015 y que fue un test de conocimientos generales de lengua y jurídicos, y la segunda prueba, estrictamente de traducción.

La llamada prueba oral también ha sufrido algunos cambios respecto a convocatorias anteriores. Como bien indica el MAE en sus criterios de evaluación de dicho ejercicio, la prueba consiste en una interpretación consecutiva (NOVEDAD) y, si el tribunal lo considera oportuno, en un breve diálogo con el aspirante para verificar el dominio y la comprensión de las lenguas de partida y de llegada. Para romper el hielo, el tribunal empieza con algunas preguntas sobre la trayectoria académica y profesional del candidato.

Veamos algunas particularidades de esta prueba oral:

  • Es una prueba bidireccional y, por tanto, hay que interpretar tanto hacia la lengua materna como a la lengua extranjera.
  • El candidato debe interpretar a dos interlocutores.
  • Se pretende recrear una situación habitual en el día a día de un traductor e intérprete jurado, como puede ser el trabajo en los juzgados, notarías o tomas de declaración, entre otros.

Pues bien, en esta ocasión, me temo que no puedo narraros las pruebas en primera persona porque, como ya me esperaba, no pasé la segunda fase del proceso. Sin embargo, se dio la casualidad de que conocí a una de las candidatas que sí aprobó  y que ha tenido la amabilidad de explicarnos un poco qué tal fue para los de alemán.

Pilar Castillo comenta que la prueba se realizó individualmente ante un tribunal de seis personas aproximadamente. Al principio, el tribunal le planteó algunas preguntas generales en alemán y en español sobre su experiencia como traductora, estudios cursados, etc.

A continuación, pasaron a la prueba de interpretación consecutiva, donde se simuló el interrogatorio de una testigo alemana en un juicio en España. Según pudo comprobar Pilar, esta prueba fue la misma para las otras tres candidatas en ese par de lenguas y destaca que las intervenciones eran más bien cortas.

Durante la interpretación, el candidato puede tomar notas, si bien el tribunal se las pide al final de la prueba. La duración total fue de unos 20 minutos.

Los resultados 

Una de las principales críticas de este proceso de selección entre la comunidad traductoril es la opacidad que impera toda la oposición, ya que los candidatos no tienen acceso a las correcciones realizadas por el tribunal y, en caso de suspender la prueba de traducción, no se indica en cuál de las tres traducciones te has quedado.

Aunque cada uno debe ser consciente de sus capacidades y sus límites, no cabe ninguna duda de que esta falta de información dificulta la preparación.

Aquellos que hayan seguido más o menos el proceso se habrán dado cuenta de que el número de candidatos iniciales y los aprobados finales es enormemente dispar. Fijaos en los candidatos que pasan a la segunda fase, que ocupan unas 7 páginas, y los que finalmente han aprobado, que si no me equivoco, son 18.

En otras entradas ya he abordado esta cuestión largo y tendido, así que no me repetiré. Sí puedo decir que, por primera vez, he conocido a una persona que ha aprobado por la vía de la oposición y he sido testigo de su profesionalidad como intérprete, así como de su excelente dominio del alemán y el español. Al menos, algo de coherencia hay en los resultados; no iban a ser todo malas noticias.

PD: Quiero agradecer a Pilar que se haya tomado la molestia de describirme el examen. Asimismo, si necesitáis a un TIJ de alemán <> español, ya tenéis un nombre a quien dirigiros.

PD 2: Si alguien más por estos lares pasó a la tercera prueba, independientemente del idioma, y quiere compartir más impresiones y opiniones, ¡serán más que bienvenidas!

Crónica de la segunda prueba de los exámenes de habilitación de traductores e intérpretes jurados

Ya está. Ya pasó la segunda y temida prueba de los exámenes de habilitación para traductores e intérpretes jurados del Ministerio de Asuntos Exteriores, en adelante, «MAE». (Si os perdisteis cómo fue la primera fase del proceso, podéis leer un resumen aquí).

Prosigamos. La prueba de alemán, idioma para el que me presenté, tuvo lugar el 15 de junio en la Escuela Diplomática de Madrid. Esta vez sí, empezamos puntuales a las 10:00. Tampoco hubo el caos organizativo de la primera prueba y en seguida se nos llamó por idiomas a las aulas correspondientes. Es triste que tenga que resaltar que un examen de oposición pública empezó puntualmente y en orden, pero en fin, this is Spain y hablo con los precedentes de la primera fase.Sello

Esta prueba consta de tres ejercicios de traducción, divididas en dos tandas. En la primera parte del examen, los candidatos tienen que hacer dos traducciones, una directa y otra inversa, sin diccionario, escritas a mano y en un tiempo de 2 horas, que cada cual puede distribuir según le convenga. Conforme a las bases del propio MAE, estos textos son de temática general y de tipo periodístico o ensayístico. Dicho lo cual, aprovecho para comentar que «temática general» es un término tan, precisamente, general  que puede englobar absolutamente de TODO.

Finalizada la primera parte, hay una pausa de 30 minutos y se procede a la segunda parte, que consiste en una traducción de tipo jurídico o económico, con cuantos diccionarios desee el candidato (monolingües, bilingües, especializados, de sinónimos…) y en el plazo de 90 minutos. Las pruebas son eliminatorias y se corrigen en este orden: directa / inversa / jurídica. Es decir, si no apruebas la general directa, quedas suspendido y no se te corrigen los demás ejercicios.

¿Qué tal fueron los textos de este año? Por si alguien siente curiosidad, he podido localizar los textos en Internet. Vaya por delante que salvo en la traducción inversa, no se indicaba ni el autor, ni la fuente, ni la fecha de publicación del texto, así como tampoco el número de palabras. Esta información la he añadido personalmente:

– EJERCICIO DE TRADUCCIÓN DIRECTA ALEMÁN > ESPAÑOL

EJERCICIO DE TRADUCCIÓN INVERSA ESPAÑOL > ALEMÁN

EJERCICIO DE TRADUCCIÓN JURÍDICA ALEMÁN > ESPAÑOL

Hagamos un análisis general. La directa me pareció razonable dentro de los parámetros del examen. Poco más hay que añadir. Se trataba de un texto de opinión periodística, en la línea de otros exámenes anteriores. La inversa, sin embargo, -y en eso creo que estarán de acuerdo unos cuantos- era, en mi opinión, demasiado extensa y con un lenguaje barroco que, sinceramente, no me parece adecuado para un ejercicio de inversa sin diccionario y con el tiempo pisándote los talones. Después de hacer la inversa, la jurídica me pareció bastante más asequible, aunque era muy larga, sobre todo porque algunos de los términos más recurrentes, que en alemán se solventan con una palabreja, en español se multiplicaba por 4 o 5.

Lo que más curiosidad me despierta de las pruebas es cómo se corrigen los ejercicios. Este año y por primera vez en su historia, el MAE ha tenido la decencia de publicar un baremo orientativo de los criterios de corrección. Ahora bien, si os fijáis, aparte de ser un documento bastante general, no se indica sobre cuántos puntos se aplica el baremo. Es por ello que antes de empezar el examen, una candidata planteó justamente esta pregunta a los examinadores y la respuesta fue que  «En la mayoría de los casos puntuamos sobre 20». ¿No es esta una información fundamental que los examinadores deberían tener muy clara y que los candidatos tienen derecho a saber? Porque no es lo mismo que te quiten 4 puntos por un contrasentido sobre 10, con lo cual ya tienes el examen sentenciado, que sobre 20, donde todavía te queda alguna oportunidad. Otra muestra de la opacidad y falta de transparencia que envuelven estas pruebas.

Además, este tipo de ejercicios no se corresponden en absoluto con el día a día del traductor, y mucho menos, con el del traductor jurado. ¿Quién traduce a mano? ¿Quién traduce sin diccionarios y sin Internet? ¿Quién hace una inversa sobre un ensayo y le estampa el sello de traductor jurado? ¿No sería mucho más útil y cercano a la realidad plantear la traducción de un certificado de matrimonio o un expediente académico, por ejemplo?

Por otra parte, parece ser que al MAE le da totalmente igual que presentarse a estas pruebas suponga un coste más que elevado para muchos candidatos, sobre todo para los de fuera de la capital. A veces sospecho malignamente que el MAE en realidad quiere fomentar la ocupación hotelera de la capital con aspirantes a TIJ a quienes no deja más opción que desplazarse ¡hasta en 3 ocasiones si superas todas las fases! Y no solo el sector hotelero y de transportes se frotará las manos, ¡también las librerías! Porque yo misma por ejemplo me di cuenta de que no tenía ningún diccionario general alemán > español en formato papel, sino que los tengo instalados en el ordenador, por lo que me tuve que comprar uno específicamente para el examen de jurídica. Y como yo, seguramente muchos. Con la tecnología actualmente disponible, se podría replantear el formato del examen y permitir el uso de ordenadores, o juntar la fase 1 y 2 en un mismo día, porque el test de 50 preguntas de 90 minutos se podría haber hecho perfectamente antes de las traducciones y te ahorras un desplazamiento. Pero me temo que estamos a años luz.

Maleta con diccionarios
Maleta aparentemente inofensiva pero cargadita de diccionarios. Los guardas del control del AVE alucinarían cuando la pasaron por los rayos X.

Según las instrucciones del examen, está previsto que los resultados se publiquen en septiembre (me reservo la opinión sobre el tiempo necesario para corregir estas pruebas, sobre todo si tenemos en cuenta su carácter eliminatorio), pero las expectativas de aprobar son desde ya mismo, cero. ¿Pesimista? No. ¿Me fueron mal las pruebas? Podría haber sido peor. Me baso en el porcentaje de aprobados de años anteriores y si no, fijáos en esta entrada que he encontrado en un blog personal donde se analizan las listas de resultados de la convocatoria de 2009. De 79 candidatos de alemán, aprobó 1. ¡Ojo! No aprobó el examen en sí, sino la segunda fase, por lo que faltaba todavía la tercera prueba. 12 idiomas quedaron desiertos. De 350 candidatos de inglés, pasaron 4. Las cifras hablan por sí solas. Y obviamente, no tienes derecho a revisión para saber qué has podido hacer mal y qué justifica tu suspenso.

En resumen, estamos ante unas pruebas altamente opacas, cuando al tratarse de una oposición pública, debería ser, justamente, mucho más «público». Los criterios de corrección son vagos, los textos están totalmente desconectados de la práctica de la traducción y los candidatos no tienen derecho a revisión. Llamadme malpensada, pero a mí me da la sensación de que a alguien no le interesa que entren más traductores habilitados en el mercado. ¿De verdad creéis que de 79 personas, solo 1 fue capaz de hacer bien 3 traducciones, cuando muchos de los candidatos son traductores en activo y con experiencia, muchos de ellos con formación específica en el ámbito jurídico?

En cualquier caso, dado que ahora ya no existe la vía de la habilitación por convalidación de estudios, tarde o temprano tendrán que cambiar las cosas, porque la demanda esta ahí y en algún momento faltarán traductores/intérpretes jurados. Hasta entonces, me limitaré a pasar un estupendo verano sin pensar más en las pruebas y cuando se publiquen los resultados, coincidiendo con la «vuelta a cole». veremos qué conclusiones podemos sacar.

Falsos mitos sobre tarifas

Hace unos días, una agencia para la que trabajo esporádicamente me mandó un proyecto de revisión. Me proponían 20 € porque en opinión del gestor, me llevaría una hora. Cuando abrí el documento, rápidamente vi que iba a tardar más de una hora y, por tanto, tuve que replantear la tarifa. En proyectos previos con esta agencia siempre había trabajado a razón de tarifa por palabra y no por hora. Así que tomé el recuento de palabras y lo multipliqué por la tarifa habitual de revisión. Resultado: más del doble del importe inicial. Se lo transmití al gestor y ¡sorpresa! aceptó sin rechistar.

Ante estos hechos que me dejaron un poco perpleja, decidí escribir sobre algunos falsos mitos que conciernen a las tarifas porque la perspectiva del autónomo dista mucho de la del gestor de proyectos, y la perspectiva del traductor/intérprete experimentado también se aleja, con frecuencia, del más novel. Además, parece que hablar de tarifas es un tema tabú y no sin razón si tenemos en cuenta las multas que algunas asociaciones profesionales han recibido por hacer públicas recomendaciones de tarifas. Así que en pos de la profesión, veamos algunos de estos falsos mitos y cómo podemos desmontarlos (todos ellos son casos tan reales como la vida misma):

1. Cuando una agencia nos dice que «para este proyecto, apenas tenemos margen»

Que las agencias de traducción e interpretación quieren obtener beneficios es obvio y lógico, ya que de lo contrario, serían entidades sin ánimo de lucro. ¿Y de dónde reciben sus ingresos? Pues del trabajo que realizan sus empleados en plantilla y de los márgenes procedentes del trabajo de autónomos. Cuando una agencia nos aduce que no puede pagarnos la tarifa que solicitamos porque «para este proyecto, no hay margen o es muy limitado», pueden darse dos situaciones: o bien la empresa no está haciendo las cosas bien y acepta traducciones que apenas le reportan beneficios, con lo cual habría que replantearse la estrategia empresarial, o no es verdad.

Prueba de ello son situaciones como la que abre la entrada. Las grandes agencias trabajan con márgenes que pueden llegar a ser más del doble de la tarifa del traductor/intérprete. No quisiera meter a todas las agencias en el mismo saco, pero los autónomos tenemos que ser conscientes de ello para defender aquellas tarifas que nos parezcan razonables.

2. «La tarifa ofrecida para este proyecto es XX (léase cualquier tarifa bastante inferior a la nuestra habitual) porque se trata de un gran volumen»

Ofrecer descuentos por cuestión de volumen es una práctica bastante generalizada entre el colectivo. Sobre si es adecuado o no, cada uno tendrá su opinión. Yo creo que podemos rebajar un poco el precio si el cliente nos garantiza cierta continuidad y asiduidad del trabajo y si nos promete volúmenes jugosos. Sin embargo, no caigamos en el error de cobrar tarifas de hasta un 50 % menos de nuestra tarifa habitual.

Parecerá obvio, pero a veces no lo es tanto: traducir más volumen no implica dedicarle menos tiempo a la traducción, sino cobrar menos al final. Ahora me podríais decir: «Ya, pero sin el descuento me quedo sin el proyecto y por tanto, no cobro nada, que es peor que menos». La clave está en encontrar la medida justa de la rebaja. Si traducir 30.000 palabras con descuento al final nos aporta los mismos ingresos que traducir varios proyectos que suman 15.000 palabras, ¿no estaré perdiendo un tiempo que podría dedicar a buscar otros clientes, formarme o disfrutar de la vida?

3. «Indícanos tu tarifa más económica»

En realidad esta afirmación no es un falso mito, sino en mi humilde opinión, una falta de respeto al traductor/intérprete. Traducido en lenguaje plano significa «Danos tu tarifa más barata para que nos podamos llevar el mayor margen posible», «Cóbranos poquito porque la calidad no nos importa» e incluso en algunos casos, «Te estamos pidiendo una traducción regalada».

Digo falta de respeto porque a mí jamás se me ocurriría ir a un dentista y pedirle «la ortodoncia lo más baratita posible» o ir a un abogado para que me cobre «unos honorarios que me convengan a mí, aunque para ti signifique perder el tiempo». Por lo tanto, cuando una agencia me contacta con estas palabras tengo dos opciones: o no responder si veo que no me conviene colaborar con ellos, o responder pero dejando claro, siempre con amabilidad, que mis tarifas son XX debido a mi perfil, formación específica, combinación y experiencia, y que si quieren colaborar conmigo, seguro que entenderán la necesidad de remunerar bien un trabajo profesional. Si quieren profesionalidad y calidad o no, ya es otra historia.

4. «Los traductores de esta combinación suelen cobrar menos que la tarifa que nos indicas. ¿No lo puedes ajustar?»

En realidad, esta perlita me la soltaron con aún mayor regocijo: «Frau Sarda (era una agencia alemana), sus colegas traductoras de España suelen cobrar hasta dos céntimos por debajo de su tarifa. ¿No podría cobrar lo mismo que ellas?». Así, tal cual. Pim pam. Pero ojo, aunque pareciera el presagio de una historia de terror, tuvo final feliz.

Tras dejar pasar un rato para que se me bajara la mala uva ante este comentario discriminatorio, respondí amablemente que mis tarifas son las que son y que si les interesaba trabajar conmigo porque necesitaban un colaborador de español especializado en jurídica (me habían contactado ellos y así lo habían expresado), eso es lo que había por mi parte. Mencioné también que no tengo influencia en las tarifas de otras traductoras de España y que ya que estábamos, me constaba que mis colegas alemanas cobran más que yo. Sea como fuere, agradecieron mi respuesta, aceptaron mi tarifa y ya llevamos tres felices colaboraciones. Chicas, hay que hacerse valer, sea cuál sea nuestro país.

5. «No apliques recargo/tarifa por especialización porque es un texto sencillito, de tipo general, solo es un PODER NOTARIAL»

En mi opinión, los textos generales son una minoría. A un abogado, acostumbrado a lidiar día tras día con documentos infumables, una «banalidad» como un poder notarial puede parecerle de lo más mundano y sencillo, pero a una persona ajena al gremio le parecería complicado. Cuando se da esta situación, no estamos ante un texto general y a veces es difícil hacérselo entender al cliente. Sustitúyase «poder notarial» por cualquier otro texto de medicina, ingeniería, informática, arte, etc.

6. «Si soy novato, tengo que cobrar menos».

Este lleva cola y se ha debatido larga y tendidamente en múltiples foros, encuentros profesionales, blogs, etc. En la actualidad no cobro lo mismo que cuando empecé, por una sencilla razón: tengo más formación, más experiencia y trabajo con textos más especializados, por lo que puedo aportar un valor añadido para el cliente. Pero entre aplicar tarifas moderadas y cobrar una miseria hay un trecho importante. Si no estamos seguros al principio de entregar una prestación de calidad, es mejor destinar parte de la remuneración a un revisor profesional, del que seguramente aprenderemos mucho.

Una vez se entra en el mercado de tarifas paupérrimas es muy difícil salir de él. Si empezamos cobrando tarifas propias de revisión para servicios de traducción, ¿cómo podremos dar el salto para que nos paguen una tarifa digna? Tampoco hay que olvidar que el boca-oreja es la mejor publicidad y si un cliente al que cobramos 0,03 €/palabra nos recomienda, el segundo cliente esperará la misma tarifa. Y es más: los compañeros traductores también son fuente de trabajo y si tú eres el primero que no respetas ni valoras tu trabajo, difícilmente te van a respetar como colega.

7. «Si a una agencia de traducción le cobro YY, es normal que a un cliente directo le aplique la misma tarifa».

Un planteamiento erróneo por adoptar la perspectiva equivocada. No cobramos más al cliente directo, sino MENOS a la agencia. La razón por cual las tarifas para agencias son más económicas es que estas realizan un trabajo que nosotros nos ahorramos y que es fundamental: captar clientes. Para llegar a los clientes, la agencia ha tenido que realizar una serie de inversiones económicas y temporales para consolidar su imagen y eso tiene un precio.

Ahora bien, cuando trabajamos para un cliente directo, nadie nos «regala» nada. Si el cliente acude a nosotros tras una búsqueda activa de clientes, no cabe duda de que hay que remunerar el tiempo y los esfuerzos invertidos (además del tiempo que tardemos en presupuestar el proyecto, negociar tarifas y plazos, etc.). Si le cobramos lo mismo que a la agencia, somos nosotros quienes «regalamos» el tiempo que nos ha costado que el cliente llegara a nosotros. Incluso si no lo buscamos activamente, lo más probable es que nos llamen porque alguien nos ha recomendado, porque han encontrado nuestro perfil en Internet y les hemos convencido… Y llegar ahí, lo creáis o no, también tiene un precio: haber realizado un buen trabajo para otros clientes que nos recomiendan, formación, abrir perfiles en línea, y un largo etcétera.

Por otra parte, si aplicamos tarifas más bajas que las propias de una agencia estamos perjudicando al mercado en general. Si un cliente pide varios presupuestos y todos andan en la misma línea, considerará que es el precio «normal» de mercado y decidirá en función de otros factores. En el momento en que se le ofrece una tarifa más baja con garantías de calidad, este cliente ya no estará dispuesto a pagar más por el servicio.

Sería imposible hacer una lista exhaustiva de todos los argumentos que agencias y profesionales pueden aducir para defender sus intereses y su prosperidad económica. Si tenéis alguna anécdota personal o se os ocurre algún otro falso mito que he obviado, ¡no dudéis en compartirlo!

 

Voluntariados en interpretación – La delgada línea entre cooperar y trabajar gratis

A principios de mes tuve la oportunidad de participar en una charla con los alumnos del Máster en interpretación de conferencias de la Universidad de Leipzig sobre los primeros pasos en el mundo de la interpretación. Una de las cuestiones más abordadas fueron los voluntariados como medio para ganar experiencia profesional.

Vaya por delante que en esta entrada me basaré en opiniones y experiencias personales, a diferencia de la entrada sobre el voluntariado en traducción, que partió de una charla sobre el tema con expertos en el sector. También me abstendré de dar nombres concretos de organizaciones, pues este artículo no pretende apuntar a nadie con el dedo, sino más bien concienciar.

Cuando uno sale del máster en interpretación o en su defecto, de la carrera, y quiere iniciarse en el «mundillo», los voluntariados son una forma interesante de empezar a acumular horas de vuelo. Los voluntariados tienen muchos aspectos positivos aparte de la práctica: conoces a otros intérpretes -muchos de ellos, en una situación parecida a la tuya-, entras en contacto con el mundo «real» de la interpretación frente a lo que has visto durante los estudios, puedes ampliar conocimientos sobre temas que te interesen, puede que conozcas a ponentes con quienes mantienes cierta afinidad ideológica, contribuyes a una causa noble en muchos casos y, a veces, incluso te permite viajar con los gastos cubiertos (otra cuestión que se merecería una entrada propia).

Ahora bien, ¿dónde está la línea que separa el voluntariado del trabajo profesional gratis?

Por norma general, las instituciones que suelen pedir intérpretes voluntarios son ONGs o movimientos y organizaciones sociales sin ánimo de lucro de distinta Voluntariadoíndole. El sentido del voluntariado es, a mi parecer, doble: en primer lugar, este tipo de entidad no suele disponer de grandes recursos y, por tanto, se entiende que no puede ofrecer la remuneración habitual de los intérpretes. A cambio, suelen estar dispuestos a sacrificar parte de la calidad y a cubrir los gastos de alojamiento y desplazamiento si es necesario. Al menos, este es el argumento que suelen aducir. Permitidme un matiz: no todos los intérpretes voluntarios son noveles, ni las prestaciones de los noveles son necesariamente de peor calidad. Por otra parte, se entiende que los fines y objetivos de estas entidades revisten en la sociedad y aportar la interpretación es otra forma de contribuir a una causa.

El problema surge cuando se disfrazan de voluntariado interpretaciones que deberían ser remuneradas. Para explicarlo, qué mejor que un ejemplo real, vivido en primera persona:

Una ONG de tipo sanitario con presencia internacional contacta con una intérprete recién salida del máster para cubrir 15 jornadas de interpretación. La ONG entiende que es mucho tiempo y, por tanto, ya cuenta con varios intérpretes que trabajarán en función de su disponibilidad. Como la intérprete no tiene nada más que hacer y le interesa ganar experiencia, accede. La ONG da por supuesto que es un voluntariado no remunerado porque al ser ONG, no tienen fondos y además, son seminarios de formación con una finalidad claramente educativa. A la intérprete le parece que la ONG realiza una labor muy loable y se convence de que con la interpretación aportará su granito de arena para un mundo mejor.

El día I (de interpretación), la intérprete se encuentra con el siguiente panorama: el voluntariado es, realidad, un curso de formación interna para personal en plantilla de la ONG. Es decir, que todos están en nómina. Además, el 99 % son expatriados y proceden de literalmente todo el mundo, desde Suráfrica, pasando por Nicaragua, hasta Las Filipinas. Durante su estancia de dos semanas, la ONG les ha abonado el coste del billete de avión, manutención diaria y alojamiento en apartamentos. La formación NO es voluntaria, sino que forma parte de su trabajo.

Los formadores -que también vienen del extranjero- cobran por ello. Y todavía hay más: junto con intérpretes formados, hay otros miembros de la ONG que hacen de intérpretes «por probar» o «porque es divertido». Llegados a este punto, la intérprete empieza a cabrearse y se siente engañada. La intérprete busca algo de cifras en Internet y descubre que la ONG obtuvo unos ingresos superiores a los 100.000.000 euros el año anterior.

Es decir, no estamos hablando de una asociación de barrio que lucha por la escolarización de los niños en situación de desigualdad en el vecindario. Estamos hablando de una ONG que maneja millones de euros y que se aprovecha de la buena voluntad de recién graduados para evitarse la contratación de un servicio profesional para fines empresariales, como es la formación interna de personal, pero al mismo tiempo remunera a formadores y costea viajes intercontinentales. Además, tampoco valora este servicio, ya que permite que cualquiera se ponga a interpretar.

Para mí, este es un caso claro de encargo profesional encubierto.
Os pongo otro ejemplo, también real, a ver qué os parece:

Una entidad cultural sin ánimo de lucro organiza un evento con algunos participantes internacionales y necesitan interpretación. Contactan con la intérprete (esta vez, menos novel) y le explican la situación. Son conscientes de que la interpretación es un servicio profesional y, por tanto, han previsto una partida para el alquiler del material de sonido y la interpretación (vamos por el buen camino). Le indican que la organización del evento es voluntaria, que a los invitados extranjeros se les ha costeado el vuelo en líneas de bajo coste y que se alojan en casas de los propios organizadores (eso ya va siendo un voluntariado de verdad). Insisten en que para ellos la interpretación es fundamental porque es clave para el evento y por tanto, los pocos fondos que les han quedado tras el alquiler (reducido) del local y demás, los dedicarán a la interpretación. Finalmente, los honorarios pactados son un poco inferiores a la tarifa habitual de mercado, pero aun así, decentes. El proyecto, de tipo social, le parece interesante a la intérprete, así que decide colaborar.

El día de la interpretación, la intérprete constata que todo lo que han explicado desde la organización es cierto, habla con ponentes y asistentes, y desde la organización la tratan estupendamente y le agradecen de veras su labor. Nada que ver con el caso anterior.

De ahí me permito sacar algunas conclusiones que quizás ayuden a dirimir si es conveniente que nos ofrezcamos como voluntarios o no:

– Bajo ningún concepto debe entenderse como «voluntario» el trabajo prestado a empresas con ánimo de lucro.

– Aunque sean entidades sin ánimo de lucro, siempre es conveniente conocer si hay patrocinadores detrás y la situación financiera de la entidad.

– Un voluntariado no tiene por qué ser siempre gratuito, ya que existen fórmulas intermedias. En tanto que estas estén justificadas, claro.

– Si los intérpretes son los únicos que no cobran por su trabajo en el evento, es que algo huele mal.

«Voluntariado» no debe ser sinónimo de «trabajar gratis». Sé que estamos en tiempos difíciles, donde el volumen de interpretaciones ha bajado respecto a tiempos mejores e iniciarse en el mercado no es fácil, pero no por ello tenemos que vernos obligados a regalar nuestro trabajo cuando no lo justifica la situación (o cuando no nos da la gana).

Y ya para acabar: con todo lo dicho, no quisiera desanimar a nadie ni pintar el voluntariado como una práctica obscura, sino concienciar un poco más acerca de los límites de la buena fe. El voluntariado puede ser muy gratificante, sobre todo si el ambiente de trabajo es agradable y si nos identificamos con la causa. Es más, gracias a voluntariados he conocido a otros intérpretes con quienes he trabajado más adelante, tanto en traducción como en interpretación. Nos pueden ayudar a forjar una red de contactos y, por qué no, también de amistades. Siempre que lo hagamos con conocimiento de causa.

Más sobre el tema en la próxima entrada.