Calculemos bien nuestras tarifas (II): ¿Mismo precio para todos?

En la última entrada vimos una clasificación de los distintos tipos de clientes con los que suele trabajar un traductor autónomo, así como las ventajas y los inconvenientes de cada uno.

¿Cómo se traduce esta clasificación en las tarifas?

Cuando hablamos de fijar tarifas según el tipo de cliente debemos tener en cuenta el  riesgo que nos supone trabajar con un cliente en concreto, la estabilidad que nos pueda ofrecer y los precios que se consideran aceptables en el mercado, pero no son los únicos factores.

Agencias de traducción

Cuando empezamos a trabajar con una agencia, nos suelen pedir las tarifas, que la agencia introduce en su base de datos, de modo que cuando nos envían un trabajo, ya lo tienen presupuestado. Estas tarifas son las que regirán nuestra colaboración y es difícil modificarlas para cada proyecto (salvo que se trate de proyectos especiales o distintos al resto). Por lo tanto, hay que pensarlas bien.

Algunas agencias piden las tarifas con los shutterstock_297225446descuentos por repeticiones, coincidencias 100   % y coincidencias parciales (lo que en jerga llamamos matches). Estas agencias normalmente exigen una herramienta TAO y le sacan el máximo provecho. Si aplican los descuentos al cliente final o no es otro tema, pero está claro que este método no nos es favorable. La última vez que una agencia me dijo que no pagaba las repeticiones le respondí si tenía que cerrar los ojos durante la revisión, porque el tiempo que paso leyéndolas, aunque sea por encima, no me lo iban a pagar, ergo, gano menos por palabra. Esta colaboración se frustró rápidamente, como habéis podido anticipar.

Un buen consejo antes de dar tarifas a agencias es consultar su página web, ya que a veces tienen las tarifas publicadas. Esta información nos puede servir como criterio para dirimir si nos interesa trabajar con ellos o no. Si una agencia vende la traducción alemán>español a 0,08 ct./palabra, a mí no me van a ofrecer más de 0,06 ct./palabra (con mucha suerte), por lo tanto, no me voy a molestar en rellenar formularios y documentos porque no me compensa. En cambio, si veo que tienen una tarifa de 0,14 ct./palabra, significa que tienen cierto margen y que me pueden ofrecer algo decente.

Cliente final o directo

¿Y si es el cliente final el que nos pide una traducción? En este caso, opino que es conveniente presupuestar con una tarifa «propia de agencia» (decente). Me explico: cuando trabajamos a través de agencia, el cliente paga por un servicio de traducción pero también de intermediación, ya que la agencia busca al profesional adecuado, debería revisar el texto, se encarga de la comunicación con el cliente y se expone a impagos.

Si trabajamos directamente con el cliente, todas estas tareas y riesgos los asumimos nosotros. Por lo tanto, si cobramos lo mismo que le cobramos a la agencia, el tiempo invertido no nos saldrá rentable.

¿Por qué nos puede perjudicar aplicar tarifas únicas?

He leído en la red y he sido testigo presencial de compañeros que discuten esta diferenciación y que aplican el mismo precio para todos. Este enfoque no me parecería mal si el precio para todos fuera el más alto (precio cliente final), pero por desgracia, suele ser al revés (precio agencia). Cada cual es libre de hacer lo que estime pertinente, pero pensemos que:

  1. Para trabajar con una herramienta TAO que nos facilite el trabajo, hemos invertido cierta cantidad de dinero y tiempo para conocer su funcionamiento.
  2. El cliente final (no agencia) no tiene por qué saber con qué herramientas trabajamos, ni qué son las repeticiones, ni los matches, ni los fuzzies, ni las memorias de traducción. Es más, en la mayoría de casos, ni siquiera le interesa (ni tiene por qué). El cliente quiere una traducción que sea correcta en el momento deseado. Y punto.
  3. Si el cliente acude a una agencia que le cobra 0,14 por palabra y un traductor se lo ofrece directamente por 0,07, la próxima vez que este cliente exigirá 0,07. El traductor autónomo estará haciendo un flaco favor al mercado, ya que estará contribuyendo a la baja generalizada de tarifas.
  4. Pensemos también en el tiempo invertido en que un cliente final o directo acuda a nosotros. Aunque no nos lo parezca, hay cierto trabajo de marketing detrás. Ya sea porque estamos dados de alta en una asociación profesional (para la que abonamos una cuota) y aparecemos en el directorio, en un portal de traductores (ídem), nos recomienda alguien (nos hemos currado la buena reputación y las relaciones públicas), nos llama alguien porque en su día le enviamos nuestro CV (tiempo de búsqueda, análisis del cliente potencial). Sea como sea, hay un trabajo detrás.

Para concluir, quisiera hacer un poco de (auto)crítica del mercado español, que es el que geográficamente me corresponde, aunque luego trabaje con más clientes extranjeros que nacionales:

Quitémonos el complejo de una vez por todas y perdamos el miedo a cobrar tarifas que van más allá del 0,0x. Hay muchos clientes (también agencias) dispuestos a pagar mucho más de lo que a veces nos atrevemos a pedir. Quizás eso implique perder algún cliente por el camino y tener más tiempos vacíos, pero aprovechémoslos para buscar clientes de calidad. El buen cliente no es un animal mitológico, existen, pero hay que encontrarlos y, sobre todo, dirigirnos a ellos con profesionalidad.

Si no valoramos nosotros nuestro trabajo, ¿quién lo hará?

Calculemos bien nuestras tarifas (I): ¿Para quién trabajamos?

El inicio de curso nos hace reflexionar a muchos. Después de dos meses de trabajo a ralentí (por lo menos en España, donde en agosto se para absolutamente todo), algunos deciden lanzarse a la aventura de ser autónomo, mientras que otros piensan (pensamos) en cómo afrontar los próximos meses con la cartera de clientes actual. En este contexto, es normal que uno acabe a vueltas con las tarifas, ese gran tabú entre traductores e intérpretes, preguntándose si estamos aplicando las tarifas adecuadas o si dedicamos demasiado esfuerzo a encargos que nos cunden poco.

Fijar unas tarifas que te permitan vivir con cierto desahogo sin tener que trabajar 23 horas al día es, para mí, uno de los principales retos de los traductores autónomos, así que he decidido dedicar algunas entradas a la configuración de las tarifas. Como siempre, hablo desde mi experiencia personal como profesional autónoma; no hago recomendaciones (¡la comisión de competencia me libre!) y cada cual es libre de hacer lo que le parezca. Pero si mi experiencia puede servir como orientación a otros, pues por qué no compartirla.

Cuando empecé a trabajar como autónoma, me dije que lo primero que tenía que hacer era preparar una lista de tarifas. Así, cuando me llegaran los primeros encargos para presupuestar, lo tendría muy fácil lista en mano. Poco tardé en ver que no todos los encargos son iguales y nos van a tomar el mismo tiempo, ni tampoco lo son los clientes. Comprendí que con una lista de tarifas fijas no iba a ninguna parte, sino que cada proyecto tiene unas características y en función de estas, nos saldrá rentable trabajar por un precio u otro.

La combinación lingüística, la especialidad, el tipo de traducción, el plazo… Todos ellos son factores determinantes a la hora de fijar el precio de una traducción, pero hay otro que a menudo pasamos por alto y que es de igual relevancia: saber para quién trabajamos. Cada tipología de cliente tiene unas ventajas y unos inconvenientes que debemos sopesar a la hora de proporcionarles nuestras tarifas. Veamos cuáles son:

Agencias de traducción

Probablemente, el empleador más común entre los traductores autónomos. Las agencias actúan como intermediarias entre el cliente final y el traductor autónomo. Hay agencias para todos los gustos, algunas que funcionan a la perfección y otras que nunca acabas de entender cómo siguen adelante.

Ventajas: pueden proporcionar volúmenes de trabajo más elevados y constantes. Debido a la capacidad de gestión que tiene una agencia, trabajan con clientes o proyectos que un autónomo difícilmente podría conseguir por otra vía. No es extraño que las agencias tengan convenios de colaboración con grandes grupos empresariales u organismos públicos que les envían trabajo regularmente y en grandes cantidades. Además, si llevamos tiempo trabajando con una agencia y los mismos gestores de proyectos al final puedes acabar teniendo una muy buena relación con ellos que, para qué engañarnos, siempre se agradece y te facilita el trabajo.

Si las agencias tienen una extensa cartera de clientes es porque realizan un trabajo de marketing que, nosotros, como autónomos nos ahorramos. Por lo tanto, nos beneficiamos de la publicidad de otros. Esto tiene una consecuencia importante y es que los clientes de la agencia no son nuestros clientes. Digo esto porque en páginas web de traductores veo con frecuencia cómo se incluyen logotipos de clientes que muy difícilmente van a trabajar con un autónomo y a los que normalmente no se les pide permiso para incluir su logo.

Además, nuestro pagador es la agencia y no el cliente final, ya que nuestra factura va a nombre de la empresa de traducción. Esto nos debería aportar cierta seguridad. Si el cliente final no pagase a la agencia, nosotros deberíamos cobrar igualmente la factura, ya que quien responde ante nosotros es la agencia, y no el cliente final.

Inconvenientes: los gestores de proyectos suelen tener órdenes de sacar el margen más alto posible en cada encargo y, por lo tanto, presionan más con las tarifas y a menudo aplican descuentos por repeticiones y matches. Además, al no estar en contacto directo con el cliente, el proceso de enviar dudas-recibir respuesta puede tardar un poco, algo que no nos ayuda nada si tenemos un plazo de entrega ajustado. A veces (y resalto a veces) los gestores no son traductores o no han trabajado nunca como tales y no son conscientes de qué significan las condiciones que imponen.

Clientes directos o finales

shutterstock_381763606En este caso, no hay intermediarios, sino que ofrecemos nuestro trabajo a la persona o empresa que necesita la traducción. Dentro de esta categoría hay que diferenciar entre personas físicas y personas jurídicas. Es decir, si trabajamos para un particular, o para empresas, instituciones u ONGs.

Ventajas: puedes estar en contacto directo con el cliente en caso de tener preguntas y siempre tienes un trato más personalizado.

Inconvenientes: normalmente, para que un cliente directo acuda a ti tiene que haber cierto trabajo de marketing detrás, aunque sea darse a conocer en el barrio. También suelen proporcionar volúmenes más bajos o menos regulares de trabajo y estamos más expuestos a los impagos, unos factores que, como veremos en la próxima entrada, deberían reflejarse en el precio.

Otros traductores

Muchas veces olvidamos que parte del trabajo  puede llegar de la mano de colegas de profesión, ya sea porque no pueden asumir una cantidad tan elevada de trabajo, ya sea porque les piden combinaciones que no cubren personalmente pero quieren dar una solución al cliente.

Ventajas: con frecuencia, los colegas suelen ofrecer buenas condiciones tanto de tarifas como de plazos porque conocen de primera mano qué se siente al estar «al otro lado» y verse presionado con los precios y los plazos de entrega. ¿Quién nos va a entender mejor que otro colega a la hora de trabajar? Aunque, por supuesto, de todo hay en este mundo.

Otra ventaja interesante de trabajar con otros traductores en un mismo proyecto es que se puede aprender mucho del trabajo de los demás, tanto de contenidos y mecanismos de traducción, como de ética profesional y gestión de proyectos.

Inconvenientes: suele tratarse de colaboraciones más o menos esporádicas y en caso de haber problemas durante la gestión del proyecto, puedes entrar en una situación más incómoda que si trataras con un gestor de proyectos a quien no conoces o con quien tienes menos confianza.

En la próxima entrada veremos cómo servirnos de esta clasificación para establecer unas franjas de tarifas acordes con el riesgo que asumimos en cada encargo o la estabilidad que nos proporcionan determinados tipos de clientes.

PD: Tanto en esta entrada como en las siguientes me abstengo de tratar la traducción literaria, cuya tarificación es distinta a la del resto de modalidades de traducción, así como sus clientes, que son las editoriales.

 

Verano de formación continua para intérpretes

El verano se acerca, con todo lo que conlleva: calor, mosquitos, paellas en la playa, excursiones a la montaña y, para los más suertudos, aeropuertos y destinos exóticos. Pero no lo olvidemos: también es la temporada baja de interpretación.

Aún así, ¿quién dijo vacaciones? Los intérpretes (y los traductores) debemos seguir formándonos y qué mejor que aprovechar el verano para ello. Formarse en temporada baja significa menos riesgo de «perder» clientes y si nos lo podemos permitir, ¿por qué no aunar la formación con un viaje?

A continuación, he elaborado una lista no exhaustiva de algunas opciones que me parecen interesantes para intérpretes. Sin embargo, si conocéis otros cursos que queráis recomendar, podéis dejar un comentario y los iré añadiendo.

Inglés

La Universidad Heriot Watt es un referente en la interpretación de conferencias y ofrece varios cursos para intérpretes profesionales y futuros intérpretes. Para mí, el más provechoso es el curso de práctica intensiva de abril (para el año que viene) pero en agosto tiene lugar el curso Applied English and Interpreting.

Otra oferta interesante son los cursos de corta duración de la London Metropolitan University, entre los cuales encontraréis Advanced Conference Interpreting for EU/UN Accreditation Test (aunque no es de verano), Diploma en Public Service Interpreting, Introduction to Conference Interpreting o Introduction to Diplomatic Interpreting.

Para practicar el retour, AIIC organiza varios seminarios de corta duración para los intérpretes que trabajen con inglés como lengua B.

Aunque no esté estrictamente relacionado con la interpretación como disciplina, el Summer Course in English Phonetics de la UCL de Londres es muy prometedor. Está en mi to-do-list.

Alemán

Si sois de alemán, es probable que conozcáis la entrañable facultad de Germersheim. En realidad, la facultad pertenece a la Johannes Gutenberg-Universität Mainz, aunque se encuentra a más de 100 km de dicha ciudad. Germersheim es un pueblo de 20.000 habitantes, que parecerá mucho, pero no lo es. Hay poco que ver, es un pueblo extremadamente tranquilo y en verano los universitarios no están.

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PERO: los cursos son muy completos y se genera un ambiente muy agradable. Además, no solo ofrecen cursos de verano, sino que la formación en línea tiene lugar durante todo el año, con precios muy razonables. Aquí tenéis el calendario.

La oferta de interpretación en alemán es más bien escasa. Sin embargo, encontraréis una gran variedad de cursos de distinta índole para profundizar en economía, lenguaje jurídico, relaciones internacionales, aprendizaje del alemán y un largo etcétera en el Deutscher Akademischer Austauschdienst, con posibilidad de recibir becas.

Practicar interpretación con WISE

Lo admito: no he participado (todavía) en los seminarios WISE, pero conozco a un gran número de intérpretes que sí y solo me han llegado buenas críticas. Además, conociendo a  sus fundadores, Jose y Joe, no me cabe duda de que la organización de estos seminarios cuyo objetivo es practicar, practicar y practicar un poquito más, sea impecable. ¡Corre porque las plazas vuelan!

Seminarios de lengua y cultura para intérpretes

AIIC organiza una serie de cursos y seminarios sobre lengua y cultura para intérpretes de conferencias en distintos países e idiomas (español, alemán, francés, italiano…). Como veréis, los cursos tienen un precio importante, pero la formación debe considerarse siempre una inversión.

Conocimientos varios a distancia

Los intérpretes tenemos que saber un poco de todo, además de nuestras lenguas de trabajo. Para cursos de corta duración en línea, recomiendo Coursera o su homóloga española Miríada X. Estas plataformas ofrecen cursos creados por universidades de todo el mundo, en varios idiomas (aunque la mayoría son en inglés) y de las temáticas más variadas. Es decir, te puedes iniciar tanto en egiptología como en física cuántica.

Coursera empezó siendo una plataforma totalmente gratuita, si bien ahora hay que abonar una pequeña tasa para obtener el certificado de algunos cursos. Si optas por la versión gratuita, podrás hacer el curso, pero no recibirás el certificado.

En la línea de los cursos de corta duración, están los seminarios de verano de la UOC. Hay un apartado dedicado a la comunicación, pero hay otras temáticas interesantes, como la informática, los idiomas o el marketing.

Y, vosotros, ¿tenéis algún plan de verano para complementar vuestra formación?

*En esta entrada no he incluido iniciativas privadas organizadas por empresas sin el aval de una universidad, dado que no puedo valorar la calidad de la formación impartida.

Presentación de la guía de interpretación – ¿Por qué es importante?

Los días 8 y 9 de abril tuvo lugar el I Congreso de APTIC: Jornadas de comunicación, traducción e interpretación. No voy a entrar en detalle acerca del congreso porque da para bastante más que una entrada. Sí me gustaría animaros a conocer la asociación y a descubrir todo lo que se cuece, que no es poco, así como a participar en el próximo congreso.

¿Y por qué hablo del congreso? Pues porque en él se presentó la Guía de interpretación, una idea original de la traductora e intérprete norteamericana Chris Durban (el título original es «Interpreting: Getting it right. A guide to buying interpreting services») y que ha sido traducida al español, al catalán, al euskera y al gallego por parte de las asociaciones profesionales correspondientes, esto es, Asetrad, APTIC, EIZIE y AGPTI. YAprovecho para recordar que las personas que han participado en la traducción han hecho un magnífico trabajo voluntario, no solo de traducción, sino también de adaptación cultural de la guía a los distintos mercados del país. ¡Gracias!

¿Qué es la guía?

Se trata de un documento donde se explican las cuestiones fundamentales para contratar unos servicios de interpretación de calidad, a cargo de profesionales.

¿A quién va dirigida?

La información de la guía ya es conocida (o debería serlo) por los intérpretes, de modo que la guía se dirige a personas que nunca han trabajado con intérpretes y que desconocen el sector y sus particularidades.

¿Qué se explica en la guía?

Pues cuestiones tan esenciales para nosotros como la diferencia entre un traductor o un intérprete, las distintas modalidades de interpretación (con inclusión de la lengua de signos), cómo se calculan los honorarios, o por qué el primo del jefe no puede hacer de intérprete aunque haya pasado un verano en Londres y tenga un inglés estupendo (o, por analogía, la hija del presidente de una superpotencia que estudia español en el instituto y que hace sus pinitos en una cena de Estado).

¿Dónde puedo encontrar la guía?

La guía está en formato digital y también en papel. Las encargadas de distribuir la versión en papel son las distintas asociaciones y aunque los asistentes al congreso ya tenemos nuestro ejemplar, todavía no se ha definido cómo van a repartirse las guías en papel. El formato digital puede resultar muy práctico, ya que se puede enviar a los clientes potenciales por correo electrónico.

Aquí encontraréis la versión en catalán, español, gallego y euskera.

¿Cómo me puede ayudar la guía en mi trabajo como intérprete?

Seamos realistas: con la guía no nos empezarán a llover ofertas. Pero es una herramienta gratuita que se adhiere a los códigos éticos de las asociaciones profesionales y que puede ayudarnos a explicar mejor los intríngulis de la profesión a clientes legos. El sello de una asociación es un buen respaldo a los argumentos que aportemos al cliente en términos de precios, horarios, equipos, necesidad de trabajar en parejas…

Hay que recordar que convivimos en un mercado donde no podemos hablar abiertamente de tarifas y en el que las condiciones de trabajo pueden resultar opacas incluso para los propios intérpretes, sobre todo los que han llegado más recientemente.

Sin embargo, no hay que olvidar que presentar esta guía a un cliente es también un acto de responsabilidad. Si nuestras prestaciones o nuestra actitud no son profesionales, habremos creado falsas expectativas al cliente, que se sentirá decepcionado y desconfiará. El trabajo de concienciación realizado habrá sido en vano y perjudicaremos al resto de compañeros. La profesionalidad lo es todo, y la guía nos ayuda a ser profesionales con mejores argumentos.

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Estudiar un Máster en Interpretación de Conferencias – ¿Es para mí?

La interpretación de conferencias no es la profesión más habitual del mundo. De ahí que si tus familiares y amigos te preguntan qué quieres hacer en el futuro y les respondes «interpretación», te recomienden el Instituto del Teatro. Si especificas que tu intención es apuntarte a un «Máster en interpretación de conferencias» es normal que no sepan muy bien qué decir, o que se limiten a un «Ah. Estupendo».

No hay que desesperar. La interpretación es una profesión desconocida por el público general, y sus estudios todavía más, a pesar del sacrificio que requieren. A mí también me asaltaron muchas dudas antes de decidirme, por lo que me puse en contacto con antiguos alumnos para que me orientaran un poco. Después, han sido alumnos potenciales quienes me han escrito para ver si mi experiencia en el máster les ayudaba a decantar la balanza, así que me pareció útil dedicar una entrada a resolver esas dudas pre-máster en interpretación.

Sin ánimo de excluir a nadie, creo que estudiar interpretación puede ser una opción si:

1. Estás dispuesto/a a sacrificar al menos 1 año de tu vida y consagrarlo a la interpretación. Hables con quien hables, todos te dirán (diremos) lo mismo: es un máster muy intenso. Piensa que no solo tendrás las horas lectivas, que suelen ocupar las mañanas y algunas tardes, sino que, además, se crean grupos de prácticas, hay mock-conferences... Resumen: te levantarás pensando en la interpretación y te acostarás pensando en ella. Es más, soñarás con la cabina o la toma de notas.

2. Tienes la posibilidad de desplazarte. De acuerdo, seguramente hay quien tenga un máster en interpretación a la vuelta de la esquina, pero es habitual que los alumnos se tengan que mudar de ciudad o de país, con todo lo que ello conlleva. Sin olvidar que este tipo de másters suelen ser títulos propios y cuestan un ojo de la cara. Aunque qué máster no cuesta un riñón hoy en día…

3. Dominas sin problemas al menos 2 lenguas extranjeras (o tienes un retour impecable). Para sacarte el título deberás aprobar por lo menos 2 combinaciones lingüísticas, ya sea A + C + C, ya sea A + B (es decir, con retour). Sin embargo, cuantas más lenguas domines, más opciones tendrás de aprobar.

4. Posees un excelente dominio de tu/s lengua/s materna/s. ¿Obvio, verdad? Pues no lo es tanto. Todo el mundo cree que habla muy bien su idioma porque, al fin y al cabo, ¡es nuestro idioma! Pero una cosa es hablar bien y, otra, convertir tu idioma en tu herramienta de trabajo principal. Prepárate para darte cuenta de que, quizás, tengas que darle un empujón.

5. Te sientes cómodo/a hablando en público (o, por lo menos, no te importa). ¡Pero cómo! ¿No voy a estar en cabina todo el rato? Para nada. Se dice que la consecutiva es la base de la simultánea, por lo que antes de entrar en cabina tendrás que enfrentarte a decenas de discursos con toma de notas, normalmente ante tus compañeros.

6. Te gusta escucharte. Por muy narcisista que suene, conozco a muy pocas personas que les guste escuchar su voz. No obstante, escucharse a uno mismo es fundamental para mejorar. Y, hoy en día, con las posibilidades que nos ofrecen los móviles, ¡no hay excusa!

7. Puedes aguantar las críticas (sobre todo constructivas, y alguna destructiva). No nos engañemos. La interpretación es un oficio hasta cierto punto subjetivo. Aunque existan parámetros, no se puede medir con reglas de tres. En clase, los profesores opinarán sobre tus prestaciones, normalmente delante de los demás. En los grupos de prácticas, serán tus propios compañeros. Los consejos que puedan darte intérpretes experimentados son muy valiosos y te ayudarán a mejorar. Tus compañeros te harán ver aspectos de los que tú quizás no eres consciente.

Algunas veces estarás de acuerdo con las críticas y otras, no, pero de poco sirven las pataletas. Asume tus limitaciones y canaliza las opiniones en estímulos para mejorar. Aunque, todo hay que decirlo, hay quien tiene menos gracia, delicadeza o acierto a la hora de opinar, así que prepárate siempre para aguantar el chaparrón con la mayor dignidad posible.

8. Sigues la actualidad. Para interpretar, es fundamental conocer la actualidad, no solo de tu país, sino de los países de tus lenguas extranjeras. Deberías conocer las principales figuras del Estado, los partidos políticos, situación económica, población, famosos, artistas, deportistas, controversias… Si estudias en Europa, empápate de la Unión Europea, sus organismos, cargos y políticas principales. Suelen ser materia de discursos.

9. Sabes trabajar bajo presión y aguantas el estrés. La interpretación es una actividad que puede llegar a causarte un gran estrés. Tienes que escuchar, entender, tomar notas, elaborar un discurso cohesionado, ayudar a tu compañero en cabina, no perder las cifras… Y, todo ello, ¿en cuántos segundos? Al principio es normal desbordarse, pero poco a poco -y con mucha práctica- le irás cogiendo el tranquillo. Ahora bien, el estrés y la presión forman parte del día a día del estudiante, pero también del profesional. Hay que aprender a manejarlos y a no dejar que nos superen.

10. Tienes muy claro que quieres ser intérprete. ¿Una obviedad? Quizás. Pero aun así, hay alumnos que enfocan el máster como una alternativa profesional más, o que buscan hacer algo distinto. En mi opinión, no sé hasta qué punto compensa dedicar tantos esfuerzos a algo de lo que no estás seguro. Habrá casos y casos, pero empezar el máster sin saber muy bien dónde te metes ni si te va a gustar es lanzarse al precipicio y al primer revés, te desmotivarás, perderás el interés o irás a disgusto.

No quisiera desanimar a nadie con esta entrada, ¡todo lo contrario! Pero sí hay que ser consciente de que estos cursos requieren una cantidad ingente de trabajo que no se limita a las aulas ni las cabinas. Es más, cuando termines, deberás seguir trabajando en tus lenguas maternas y extranjeras, la toma de notas, etc. Porque la interpretación jamás se aprende por completo y el exceso de confianza es uno de los principales enemigos del intérprete.

Si quieres añadir algún elemento a la lista o compartir tu experiencia, ¡no dudes en dejar tu aportación!

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Pasarás muchas horas con equipos como este

 

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¡Pero con este todavía  más!

Tercera y última prueba de los exámenes de habilitación de traductores e intérpretes jurados

Tras meses de inactividad en el blog, principalmente, por falta de tiempo, procedo a cerrar un tema que dejé abierto: las pruebas de habilitación para traductores e intérpretes jurados, convocatoria de 2015.

A estas alturas, toca comentar la tercera y última prueba de los exámenes: la prueba oral. Si os perdisteis las dos anteriores, podéis leer un resumen de la primera prueba, novedad de 2015 y que fue un test de conocimientos generales de lengua y jurídicos, y la segunda prueba, estrictamente de traducción.

La llamada prueba oral también ha sufrido algunos cambios respecto a convocatorias anteriores. Como bien indica el MAE en sus criterios de evaluación de dicho ejercicio, la prueba consiste en una interpretación consecutiva (NOVEDAD) y, si el tribunal lo considera oportuno, en un breve diálogo con el aspirante para verificar el dominio y la comprensión de las lenguas de partida y de llegada. Para romper el hielo, el tribunal empieza con algunas preguntas sobre la trayectoria académica y profesional del candidato.

Veamos algunas particularidades de esta prueba oral:

  • Es una prueba bidireccional y, por tanto, hay que interpretar tanto hacia la lengua materna como a la lengua extranjera.
  • El candidato debe interpretar a dos interlocutores.
  • Se pretende recrear una situación habitual en el día a día de un traductor e intérprete jurado, como puede ser el trabajo en los juzgados, notarías o tomas de declaración, entre otros.

Pues bien, en esta ocasión, me temo que no puedo narraros las pruebas en primera persona porque, como ya me esperaba, no pasé la segunda fase del proceso. Sin embargo, se dio la casualidad de que conocí a una de las candidatas que sí aprobó  y que ha tenido la amabilidad de explicarnos un poco qué tal fue para los de alemán.

Pilar Castillo comenta que la prueba se realizó individualmente ante un tribunal de seis personas aproximadamente. Al principio, el tribunal le planteó algunas preguntas generales en alemán y en español sobre su experiencia como traductora, estudios cursados, etc.

A continuación, pasaron a la prueba de interpretación consecutiva, donde se simuló el interrogatorio de una testigo alemana en un juicio en España. Según pudo comprobar Pilar, esta prueba fue la misma para las otras tres candidatas en ese par de lenguas y destaca que las intervenciones eran más bien cortas.

Durante la interpretación, el candidato puede tomar notas, si bien el tribunal se las pide al final de la prueba. La duración total fue de unos 20 minutos.

Los resultados 

Una de las principales críticas de este proceso de selección entre la comunidad traductoril es la opacidad que impera toda la oposición, ya que los candidatos no tienen acceso a las correcciones realizadas por el tribunal y, en caso de suspender la prueba de traducción, no se indica en cuál de las tres traducciones te has quedado.

Aunque cada uno debe ser consciente de sus capacidades y sus límites, no cabe ninguna duda de que esta falta de información dificulta la preparación.

Aquellos que hayan seguido más o menos el proceso se habrán dado cuenta de que el número de candidatos iniciales y los aprobados finales es enormemente dispar. Fijaos en los candidatos que pasan a la segunda fase, que ocupan unas 7 páginas, y los que finalmente han aprobado, que si no me equivoco, son 18.

En otras entradas ya he abordado esta cuestión largo y tendido, así que no me repetiré. Sí puedo decir que, por primera vez, he conocido a una persona que ha aprobado por la vía de la oposición y he sido testigo de su profesionalidad como intérprete, así como de su excelente dominio del alemán y el español. Al menos, algo de coherencia hay en los resultados; no iban a ser todo malas noticias.

PD: Quiero agradecer a Pilar que se haya tomado la molestia de describirme el examen. Asimismo, si necesitáis a un TIJ de alemán <> español, ya tenéis un nombre a quien dirigiros.

PD 2: Si alguien más por estos lares pasó a la tercera prueba, independientemente del idioma, y quiere compartir más impresiones y opiniones, ¡serán más que bienvenidas!

Crónica de la segunda prueba de los exámenes de habilitación de traductores e intérpretes jurados

Ya está. Ya pasó la segunda y temida prueba de los exámenes de habilitación para traductores e intérpretes jurados del Ministerio de Asuntos Exteriores, en adelante, «MAE». (Si os perdisteis cómo fue la primera fase del proceso, podéis leer un resumen aquí).

Prosigamos. La prueba de alemán, idioma para el que me presenté, tuvo lugar el 15 de junio en la Escuela Diplomática de Madrid. Esta vez sí, empezamos puntuales a las 10:00. Tampoco hubo el caos organizativo de la primera prueba y en seguida se nos llamó por idiomas a las aulas correspondientes. Es triste que tenga que resaltar que un examen de oposición pública empezó puntualmente y en orden, pero en fin, this is Spain y hablo con los precedentes de la primera fase.Sello

Esta prueba consta de tres ejercicios de traducción, divididas en dos tandas. En la primera parte del examen, los candidatos tienen que hacer dos traducciones, una directa y otra inversa, sin diccionario, escritas a mano y en un tiempo de 2 horas, que cada cual puede distribuir según le convenga. Conforme a las bases del propio MAE, estos textos son de temática general y de tipo periodístico o ensayístico. Dicho lo cual, aprovecho para comentar que «temática general» es un término tan, precisamente, general  que puede englobar absolutamente de TODO.

Finalizada la primera parte, hay una pausa de 30 minutos y se procede a la segunda parte, que consiste en una traducción de tipo jurídico o económico, con cuantos diccionarios desee el candidato (monolingües, bilingües, especializados, de sinónimos…) y en el plazo de 90 minutos. Las pruebas son eliminatorias y se corrigen en este orden: directa / inversa / jurídica. Es decir, si no apruebas la general directa, quedas suspendido y no se te corrigen los demás ejercicios.

¿Qué tal fueron los textos de este año? Por si alguien siente curiosidad, he podido localizar los textos en Internet. Vaya por delante que salvo en la traducción inversa, no se indicaba ni el autor, ni la fuente, ni la fecha de publicación del texto, así como tampoco el número de palabras. Esta información la he añadido personalmente:

– EJERCICIO DE TRADUCCIÓN DIRECTA ALEMÁN > ESPAÑOL

EJERCICIO DE TRADUCCIÓN INVERSA ESPAÑOL > ALEMÁN

EJERCICIO DE TRADUCCIÓN JURÍDICA ALEMÁN > ESPAÑOL

Hagamos un análisis general. La directa me pareció razonable dentro de los parámetros del examen. Poco más hay que añadir. Se trataba de un texto de opinión periodística, en la línea de otros exámenes anteriores. La inversa, sin embargo, -y en eso creo que estarán de acuerdo unos cuantos- era, en mi opinión, demasiado extensa y con un lenguaje barroco que, sinceramente, no me parece adecuado para un ejercicio de inversa sin diccionario y con el tiempo pisándote los talones. Después de hacer la inversa, la jurídica me pareció bastante más asequible, aunque era muy larga, sobre todo porque algunos de los términos más recurrentes, que en alemán se solventan con una palabreja, en español se multiplicaba por 4 o 5.

Lo que más curiosidad me despierta de las pruebas es cómo se corrigen los ejercicios. Este año y por primera vez en su historia, el MAE ha tenido la decencia de publicar un baremo orientativo de los criterios de corrección. Ahora bien, si os fijáis, aparte de ser un documento bastante general, no se indica sobre cuántos puntos se aplica el baremo. Es por ello que antes de empezar el examen, una candidata planteó justamente esta pregunta a los examinadores y la respuesta fue que  «En la mayoría de los casos puntuamos sobre 20». ¿No es esta una información fundamental que los examinadores deberían tener muy clara y que los candidatos tienen derecho a saber? Porque no es lo mismo que te quiten 4 puntos por un contrasentido sobre 10, con lo cual ya tienes el examen sentenciado, que sobre 20, donde todavía te queda alguna oportunidad. Otra muestra de la opacidad y falta de transparencia que envuelven estas pruebas.

Además, este tipo de ejercicios no se corresponden en absoluto con el día a día del traductor, y mucho menos, con el del traductor jurado. ¿Quién traduce a mano? ¿Quién traduce sin diccionarios y sin Internet? ¿Quién hace una inversa sobre un ensayo y le estampa el sello de traductor jurado? ¿No sería mucho más útil y cercano a la realidad plantear la traducción de un certificado de matrimonio o un expediente académico, por ejemplo?

Por otra parte, parece ser que al MAE le da totalmente igual que presentarse a estas pruebas suponga un coste más que elevado para muchos candidatos, sobre todo para los de fuera de la capital. A veces sospecho malignamente que el MAE en realidad quiere fomentar la ocupación hotelera de la capital con aspirantes a TIJ a quienes no deja más opción que desplazarse ¡hasta en 3 ocasiones si superas todas las fases! Y no solo el sector hotelero y de transportes se frotará las manos, ¡también las librerías! Porque yo misma por ejemplo me di cuenta de que no tenía ningún diccionario general alemán > español en formato papel, sino que los tengo instalados en el ordenador, por lo que me tuve que comprar uno específicamente para el examen de jurídica. Y como yo, seguramente muchos. Con la tecnología actualmente disponible, se podría replantear el formato del examen y permitir el uso de ordenadores, o juntar la fase 1 y 2 en un mismo día, porque el test de 50 preguntas de 90 minutos se podría haber hecho perfectamente antes de las traducciones y te ahorras un desplazamiento. Pero me temo que estamos a años luz.

Maleta con diccionarios
Maleta aparentemente inofensiva pero cargadita de diccionarios. Los guardas del control del AVE alucinarían cuando la pasaron por los rayos X.

Según las instrucciones del examen, está previsto que los resultados se publiquen en septiembre (me reservo la opinión sobre el tiempo necesario para corregir estas pruebas, sobre todo si tenemos en cuenta su carácter eliminatorio), pero las expectativas de aprobar son desde ya mismo, cero. ¿Pesimista? No. ¿Me fueron mal las pruebas? Podría haber sido peor. Me baso en el porcentaje de aprobados de años anteriores y si no, fijáos en esta entrada que he encontrado en un blog personal donde se analizan las listas de resultados de la convocatoria de 2009. De 79 candidatos de alemán, aprobó 1. ¡Ojo! No aprobó el examen en sí, sino la segunda fase, por lo que faltaba todavía la tercera prueba. 12 idiomas quedaron desiertos. De 350 candidatos de inglés, pasaron 4. Las cifras hablan por sí solas. Y obviamente, no tienes derecho a revisión para saber qué has podido hacer mal y qué justifica tu suspenso.

En resumen, estamos ante unas pruebas altamente opacas, cuando al tratarse de una oposición pública, debería ser, justamente, mucho más «público». Los criterios de corrección son vagos, los textos están totalmente desconectados de la práctica de la traducción y los candidatos no tienen derecho a revisión. Llamadme malpensada, pero a mí me da la sensación de que a alguien no le interesa que entren más traductores habilitados en el mercado. ¿De verdad creéis que de 79 personas, solo 1 fue capaz de hacer bien 3 traducciones, cuando muchos de los candidatos son traductores en activo y con experiencia, muchos de ellos con formación específica en el ámbito jurídico?

En cualquier caso, dado que ahora ya no existe la vía de la habilitación por convalidación de estudios, tarde o temprano tendrán que cambiar las cosas, porque la demanda esta ahí y en algún momento faltarán traductores/intérpretes jurados. Hasta entonces, me limitaré a pasar un estupendo verano sin pensar más en las pruebas y cuando se publiquen los resultados, coincidiendo con la «vuelta a cole». veremos qué conclusiones podemos sacar.