Calculemos bien nuestras tarifas (II): ¿Mismo precio para todos?

En la última entrada vimos una clasificación de los distintos tipos de clientes con los que suele trabajar un traductor autónomo, así como las ventajas y los inconvenientes de cada uno.

¿Cómo se traduce esta clasificación en las tarifas?

Cuando hablamos de fijar tarifas según el tipo de cliente debemos tener en cuenta el  riesgo que nos supone trabajar con un cliente en concreto, la estabilidad que nos pueda ofrecer y los precios que se consideran aceptables en el mercado, pero no son los únicos factores.

Agencias de traducción

Cuando empezamos a trabajar con una agencia, nos suelen pedir las tarifas, que la agencia introduce en su base de datos, de modo que cuando nos envían un trabajo, ya lo tienen presupuestado. Estas tarifas son las que regirán nuestra colaboración y es difícil modificarlas para cada proyecto (salvo que se trate de proyectos especiales o distintos al resto). Por lo tanto, hay que pensarlas bien.

Algunas agencias piden las tarifas con los shutterstock_297225446descuentos por repeticiones, coincidencias 100   % y coincidencias parciales (lo que en jerga llamamos matches). Estas agencias normalmente exigen una herramienta TAO y le sacan el máximo provecho. Si aplican los descuentos al cliente final o no es otro tema, pero está claro que este método no nos es favorable. La última vez que una agencia me dijo que no pagaba las repeticiones le respondí si tenía que cerrar los ojos durante la revisión, porque el tiempo que paso leyéndolas, aunque sea por encima, no me lo iban a pagar, ergo, gano menos por palabra. Esta colaboración se frustró rápidamente, como habéis podido anticipar.

Un buen consejo antes de dar tarifas a agencias es consultar su página web, ya que a veces tienen las tarifas publicadas. Esta información nos puede servir como criterio para dirimir si nos interesa trabajar con ellos o no. Si una agencia vende la traducción alemán>español a 0,08 ct./palabra, a mí no me van a ofrecer más de 0,06 ct./palabra (con mucha suerte), por lo tanto, no me voy a molestar en rellenar formularios y documentos porque no me compensa. En cambio, si veo que tienen una tarifa de 0,14 ct./palabra, significa que tienen cierto margen y que me pueden ofrecer algo decente.

Cliente final o directo

¿Y si es el cliente final el que nos pide una traducción? En este caso, opino que es conveniente presupuestar con una tarifa «propia de agencia» (decente). Me explico: cuando trabajamos a través de agencia, el cliente paga por un servicio de traducción pero también de intermediación, ya que la agencia busca al profesional adecuado, debería revisar el texto, se encarga de la comunicación con el cliente y se expone a impagos.

Si trabajamos directamente con el cliente, todas estas tareas y riesgos los asumimos nosotros. Por lo tanto, si cobramos lo mismo que le cobramos a la agencia, el tiempo invertido no nos saldrá rentable.

¿Por qué nos puede perjudicar aplicar tarifas únicas?

He leído en la red y he sido testigo presencial de compañeros que discuten esta diferenciación y que aplican el mismo precio para todos. Este enfoque no me parecería mal si el precio para todos fuera el más alto (precio cliente final), pero por desgracia, suele ser al revés (precio agencia). Cada cual es libre de hacer lo que estime pertinente, pero pensemos que:

  1. Para trabajar con una herramienta TAO que nos facilite el trabajo, hemos invertido cierta cantidad de dinero y tiempo para conocer su funcionamiento.
  2. El cliente final (no agencia) no tiene por qué saber con qué herramientas trabajamos, ni qué son las repeticiones, ni los matches, ni los fuzzies, ni las memorias de traducción. Es más, en la mayoría de casos, ni siquiera le interesa (ni tiene por qué). El cliente quiere una traducción que sea correcta en el momento deseado. Y punto.
  3. Si el cliente acude a una agencia que le cobra 0,14 por palabra y un traductor se lo ofrece directamente por 0,07, la próxima vez que este cliente exigirá 0,07. El traductor autónomo estará haciendo un flaco favor al mercado, ya que estará contribuyendo a la baja generalizada de tarifas.
  4. Pensemos también en el tiempo invertido en que un cliente final o directo acuda a nosotros. Aunque no nos lo parezca, hay cierto trabajo de marketing detrás. Ya sea porque estamos dados de alta en una asociación profesional (para la que abonamos una cuota) y aparecemos en el directorio, en un portal de traductores (ídem), nos recomienda alguien (nos hemos currado la buena reputación y las relaciones públicas), nos llama alguien porque en su día le enviamos nuestro CV (tiempo de búsqueda, análisis del cliente potencial). Sea como sea, hay un trabajo detrás.

Para concluir, quisiera hacer un poco de (auto)crítica del mercado español, que es el que geográficamente me corresponde, aunque luego trabaje con más clientes extranjeros que nacionales:

Quitémonos el complejo de una vez por todas y perdamos el miedo a cobrar tarifas que van más allá del 0,0x. Hay muchos clientes (también agencias) dispuestos a pagar mucho más de lo que a veces nos atrevemos a pedir. Quizás eso implique perder algún cliente por el camino y tener más tiempos vacíos, pero aprovechémoslos para buscar clientes de calidad. El buen cliente no es un animal mitológico, existen, pero hay que encontrarlos y, sobre todo, dirigirnos a ellos con profesionalidad.

Si no valoramos nosotros nuestro trabajo, ¿quién lo hará?