Falsos mitos sobre tarifas

Hace unos días, una agencia para la que trabajo esporádicamente me mandó un proyecto de revisión. Me proponían 20 € porque en opinión del gestor, me llevaría una hora. Cuando abrí el documento, rápidamente vi que iba a tardar más de una hora y, por tanto, tuve que replantear la tarifa. En proyectos previos con esta agencia siempre había trabajado a razón de tarifa por palabra y no por hora. Así que tomé el recuento de palabras y lo multipliqué por la tarifa habitual de revisión. Resultado: más del doble del importe inicial. Se lo transmití al gestor y ¡sorpresa! aceptó sin rechistar.

Ante estos hechos que me dejaron un poco perpleja, decidí escribir sobre algunos falsos mitos que conciernen a las tarifas porque la perspectiva del autónomo dista mucho de la del gestor de proyectos, y la perspectiva del traductor/intérprete experimentado también se aleja, con frecuencia, del más novel. Además, parece que hablar de tarifas es un tema tabú y no sin razón si tenemos en cuenta las multas que algunas asociaciones profesionales han recibido por hacer públicas recomendaciones de tarifas. Así que en pos de la profesión, veamos algunos de estos falsos mitos y cómo podemos desmontarlos (todos ellos son casos tan reales como la vida misma):

1. Cuando una agencia nos dice que «para este proyecto, apenas tenemos margen»

Que las agencias de traducción e interpretación quieren obtener beneficios es obvio y lógico, ya que de lo contrario, serían entidades sin ánimo de lucro. ¿Y de dónde reciben sus ingresos? Pues del trabajo que realizan sus empleados en plantilla y de los márgenes procedentes del trabajo de autónomos. Cuando una agencia nos aduce que no puede pagarnos la tarifa que solicitamos porque «para este proyecto, no hay margen o es muy limitado», pueden darse dos situaciones: o bien la empresa no está haciendo las cosas bien y acepta traducciones que apenas le reportan beneficios, con lo cual habría que replantearse la estrategia empresarial, o no es verdad.

Prueba de ello son situaciones como la que abre la entrada. Las grandes agencias trabajan con márgenes que pueden llegar a ser más del doble de la tarifa del traductor/intérprete. No quisiera meter a todas las agencias en el mismo saco, pero los autónomos tenemos que ser conscientes de ello para defender aquellas tarifas que nos parezcan razonables.

2. «La tarifa ofrecida para este proyecto es XX (léase cualquier tarifa bastante inferior a la nuestra habitual) porque se trata de un gran volumen»

Ofrecer descuentos por cuestión de volumen es una práctica bastante generalizada entre el colectivo. Sobre si es adecuado o no, cada uno tendrá su opinión. Yo creo que podemos rebajar un poco el precio si el cliente nos garantiza cierta continuidad y asiduidad del trabajo y si nos promete volúmenes jugosos. Sin embargo, no caigamos en el error de cobrar tarifas de hasta un 50 % menos de nuestra tarifa habitual.

Parecerá obvio, pero a veces no lo es tanto: traducir más volumen no implica dedicarle menos tiempo a la traducción, sino cobrar menos al final. Ahora me podríais decir: «Ya, pero sin el descuento me quedo sin el proyecto y por tanto, no cobro nada, que es peor que menos». La clave está en encontrar la medida justa de la rebaja. Si traducir 30.000 palabras con descuento al final nos aporta los mismos ingresos que traducir varios proyectos que suman 15.000 palabras, ¿no estaré perdiendo un tiempo que podría dedicar a buscar otros clientes, formarme o disfrutar de la vida?

3. «Indícanos tu tarifa más económica»

En realidad esta afirmación no es un falso mito, sino en mi humilde opinión, una falta de respeto al traductor/intérprete. Traducido en lenguaje plano significa «Danos tu tarifa más barata para que nos podamos llevar el mayor margen posible», «Cóbranos poquito porque la calidad no nos importa» e incluso en algunos casos, «Te estamos pidiendo una traducción regalada».

Digo falta de respeto porque a mí jamás se me ocurriría ir a un dentista y pedirle «la ortodoncia lo más baratita posible» o ir a un abogado para que me cobre «unos honorarios que me convengan a mí, aunque para ti signifique perder el tiempo». Por lo tanto, cuando una agencia me contacta con estas palabras tengo dos opciones: o no responder si veo que no me conviene colaborar con ellos, o responder pero dejando claro, siempre con amabilidad, que mis tarifas son XX debido a mi perfil, formación específica, combinación y experiencia, y que si quieren colaborar conmigo, seguro que entenderán la necesidad de remunerar bien un trabajo profesional. Si quieren profesionalidad y calidad o no, ya es otra historia.

4. «Los traductores de esta combinación suelen cobrar menos que la tarifa que nos indicas. ¿No lo puedes ajustar?»

En realidad, esta perlita me la soltaron con aún mayor regocijo: «Frau Sarda (era una agencia alemana), sus colegas traductoras de España suelen cobrar hasta dos céntimos por debajo de su tarifa. ¿No podría cobrar lo mismo que ellas?». Así, tal cual. Pim pam. Pero ojo, aunque pareciera el presagio de una historia de terror, tuvo final feliz.

Tras dejar pasar un rato para que se me bajara la mala uva ante este comentario discriminatorio, respondí amablemente que mis tarifas son las que son y que si les interesaba trabajar conmigo porque necesitaban un colaborador de español especializado en jurídica (me habían contactado ellos y así lo habían expresado), eso es lo que había por mi parte. Mencioné también que no tengo influencia en las tarifas de otras traductoras de España y que ya que estábamos, me constaba que mis colegas alemanas cobran más que yo. Sea como fuere, agradecieron mi respuesta, aceptaron mi tarifa y ya llevamos tres felices colaboraciones. Chicas, hay que hacerse valer, sea cuál sea nuestro país.

5. «No apliques recargo/tarifa por especialización porque es un texto sencillito, de tipo general, solo es un PODER NOTARIAL»

En mi opinión, los textos generales son una minoría. A un abogado, acostumbrado a lidiar día tras día con documentos infumables, una «banalidad» como un poder notarial puede parecerle de lo más mundano y sencillo, pero a una persona ajena al gremio le parecería complicado. Cuando se da esta situación, no estamos ante un texto general y a veces es difícil hacérselo entender al cliente. Sustitúyase «poder notarial» por cualquier otro texto de medicina, ingeniería, informática, arte, etc.

6. «Si soy novato, tengo que cobrar menos».

Este lleva cola y se ha debatido larga y tendidamente en múltiples foros, encuentros profesionales, blogs, etc. En la actualidad no cobro lo mismo que cuando empecé, por una sencilla razón: tengo más formación, más experiencia y trabajo con textos más especializados, por lo que puedo aportar un valor añadido para el cliente. Pero entre aplicar tarifas moderadas y cobrar una miseria hay un trecho importante. Si no estamos seguros al principio de entregar una prestación de calidad, es mejor destinar parte de la remuneración a un revisor profesional, del que seguramente aprenderemos mucho.

Una vez se entra en el mercado de tarifas paupérrimas es muy difícil salir de él. Si empezamos cobrando tarifas propias de revisión para servicios de traducción, ¿cómo podremos dar el salto para que nos paguen una tarifa digna? Tampoco hay que olvidar que el boca-oreja es la mejor publicidad y si un cliente al que cobramos 0,03 €/palabra nos recomienda, el segundo cliente esperará la misma tarifa. Y es más: los compañeros traductores también son fuente de trabajo y si tú eres el primero que no respetas ni valoras tu trabajo, difícilmente te van a respetar como colega.

7. «Si a una agencia de traducción le cobro YY, es normal que a un cliente directo le aplique la misma tarifa».

Un planteamiento erróneo por adoptar la perspectiva equivocada. No cobramos más al cliente directo, sino MENOS a la agencia. La razón por cual las tarifas para agencias son más económicas es que estas realizan un trabajo que nosotros nos ahorramos y que es fundamental: captar clientes. Para llegar a los clientes, la agencia ha tenido que realizar una serie de inversiones económicas y temporales para consolidar su imagen y eso tiene un precio.

Ahora bien, cuando trabajamos para un cliente directo, nadie nos «regala» nada. Si el cliente acude a nosotros tras una búsqueda activa de clientes, no cabe duda de que hay que remunerar el tiempo y los esfuerzos invertidos (además del tiempo que tardemos en presupuestar el proyecto, negociar tarifas y plazos, etc.). Si le cobramos lo mismo que a la agencia, somos nosotros quienes «regalamos» el tiempo que nos ha costado que el cliente llegara a nosotros. Incluso si no lo buscamos activamente, lo más probable es que nos llamen porque alguien nos ha recomendado, porque han encontrado nuestro perfil en Internet y les hemos convencido… Y llegar ahí, lo creáis o no, también tiene un precio: haber realizado un buen trabajo para otros clientes que nos recomiendan, formación, abrir perfiles en línea, y un largo etcétera.

Por otra parte, si aplicamos tarifas más bajas que las propias de una agencia estamos perjudicando al mercado en general. Si un cliente pide varios presupuestos y todos andan en la misma línea, considerará que es el precio «normal» de mercado y decidirá en función de otros factores. En el momento en que se le ofrece una tarifa más baja con garantías de calidad, este cliente ya no estará dispuesto a pagar más por el servicio.

Sería imposible hacer una lista exhaustiva de todos los argumentos que agencias y profesionales pueden aducir para defender sus intereses y su prosperidad económica. Si tenéis alguna anécdota personal o se os ocurre algún otro falso mito que he obviado, ¡no dudéis en compartirlo!

 

3 comentarios en “Falsos mitos sobre tarifas

  1. En resumen: http://media.tumblr.com/tumblr_me4xw5k4Rm1qk3ggq.gif

    ¡Gran artículo! La verdad es que hoy en día parece que te quieren colar lo que sea. Hace poco recuerdo que @nikki_graham hablaba sobre cómo algunos clientes le pasaban textos por Google Translate para venderle el trabajo como si fuera “una revisión” y pedirle una tarifa más barata.

    Siempre me ha llamado el hecho de que profesionales veteranos (que obviamente, ya están bien establecidos en el mercado) quieren que los más jóvenes regalen su trabajo. Huelo un miedo increíble hacia las nuevas generaciones, que vienen más preparadas. El caso más reciente que recuerdo es una charla que dio Pamela Faber (la términóloga) en la UGR, donde decía a los estudiantes que lo suyo era que cobraran al principio entre 3 y 5 céntimos de euro, para decir un poco más tarde que ella por menos de 14 céntimos por palabra no movía ni un sólo papel.

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    • ¡Hola, Jorge!

      En primer lugar, muchas gracias por tu comentario, me alegro de que te haya parecido interesante.

      Recuerdo la entrada que comentas de Nikki. El tema de las revisiones tiene tela, no me he encontrado personalmente con un caso de traductor automático pero sí con textos jurídicos de pésima calidad que precisaban una retraducción. Entiendo que se lo encargan a pseudotraductores baratos para que luego un profesional les saque las castañas del fuego a precio de revisión. Pero con eso te pillan un vez, no dos.

      En cuanto a la《anécdota》sobre las tarifas, me parece inaceptable e impropio de cualquier persona vinculada a una universidad. Sin embargo, no hay que generalizar. Hay traductores de larga trayectoria que luchan por que los estudiantes se hagan valer en el mercado. Sea como fuere, yo creo que ver a los que entran como enemigos es un planteamiento totalmente erróneo; son compañeros de profesión y este mundo es muy pequeño. Nunca sabes quién te echará un cable en el futuro ni de dónde te vendrá el trabajo. Pero es una opinión personal, influenciada probablemente porque también soy joven y recuerdo muy bien cuando empecé, que parece que esto se olvida fácilmente.

      ¡Un saludo!

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  2. Pingback: Falsos mitos sobre tarifas | Panorama Profesion...

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